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Publicado el 21 de noviembre, 2018

[Reseñas de libros] Hayek al banquillo

Académico Facultad de Comunicaciones Universidad de los Andes Francisco Tagle

Daniel Mansuy y Matías Petersen toman distancia del pensador austríaco, al cual acusan de promover una “utopía liberal” y de separar artificialmente la moral del mercado. Un juicio crítico en el que, sin embargo, la valoración final queda en manos del lector.

Francisco Tagle Académico Facultad de Comunicaciones Universidad de los Andes
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F.A. Hayek. Dos ensayos sobre economía y moral. Daniel Mansuy y Matías Petersen. Instituto de Estudios de la Sociedad. 119 páginas.

 

En el catálogo de autores del liberalismo económico, los nombres de Friedrich Hayek y Milton Friedman son referencia obligatoria. Para el ala liberal de la derecha chilena, tanto el exponente de la escuela austriaca como el de la de Chicago han servido de soporte ideológico y de relato para la revolucionaria transformación económica que experimentó el país desde mediados de los setenta. Según los autores de F.A. Hayek. Dos ensayos sobre economía y moral, el caso del pensamiento del economista vienés “constituye, sin duda, uno de los esfuerzos más sistemáticos por proveer fundamentos filosóficos a un orden social articulado en torno al mercado. Su vasta obra intenta defender la sociedad liberal utilizando diversos prismas, desde la psicología hasta el derecho, pasando por la economía y la epistemología de las ciencias sociales”.

 

No obstante, lejos de estar en una posición condescendiente con las ideas del pensador austriaco, Daniel Mansuy y Matías Petersen, académicos de la Universidad de los Andes, presentan dos ensayos que debaten sobre la comprensión del liberalismo como proyecto integral de sociedad y los efectos del libre mercado en la moral.

 

A partir del libro Derecho, legislación y libertad, quizás la obra más contundente de Hayek, Mansuy propone develar el deseo del Nobel de Economía por crear una “utopía liberal”, la que se fundamentaría, a diferencia del marxismo, en la imposibilidad de predecir el curso de la historia. Y es que Hayek sostiene que, en su libertad, el hombre es capaz de superar las limitaciones impuestas por la historia, por lo que no está condicionado por ideas hereditarias. Por eso, de acuerdo a Mansuy, es que el austriaco “habla de un orden espontáneo, que es producto de nuestra acción, más no de nuestro diseño. Este orden emerge de tradiciones que los hombres van adaptando progresivamente y, esto es lo más importante, de modo no intencional (…) echa mano al concepto de evolución, que consiste principalmente en un proceso de selección de normas mediante el cual van apareciendo las reglas que conducen a las personas a comportarse de un modo que haga posible una mejor vida social”. De esta manera, el ensayo de Mansuy va develando el pensamiento de la utopía propuesta por Hayek, especialmente en torno a cómo debieran ser las leyes: generales y abstractas, libres de cualquier peso fáctico político y de determinismo histórico.

 

Curioso resulta, y esta es la crítica postulada por Mansuy, que el austriaco haya deseado una suerte de utopía liberal, dado que el liberalismo parece ser ajeno a todo lo que sea planificado y no espontáneo. Sin embargo, lo que persigue Hayek es formular un programa que sea lo suficientemente atractivo para contrapesar la existencia del socialismo en el debate público. “Si las ideas socialistas han logrado cierta hegemonía cultural, es porque sus pensadores han acometido una labor que los liberales suelen desdeñar, esto es, la elaboración de un proyecto provisto de sentido moral, capaz de persuadir, inspirar y entusiasmar”, afirma Mansuy, quien es crítico, pues considera que esta propuesta obliga al austriaco a una suerte de dependencia de la misma doctrina que desea rebatir: “Parece quedar atrapado en la curiosa paradoja de quien, al asumir las armas del adversario, le concede los puntos más fundamentales de la disputa”.

 

Por su parte, el ensayo de Petersen analiza a Hayek en contraposición a las ideas de Wilhelm Röpke, uno de los padres intelectuales de la economía social de mercado alemana. Si bien las coincidencias entre ambos son muchas, “tales como sus respectivas contribuciones a la teoría de los ciclos económicos, sus aportes al debate sobre la planificación central en Inglaterra y Alemania, respectivamente, o el hecho de haber sido cofundadores de la Sociedad Mont Pelerin”, presentan diferencias, entre otras, respecto a los efectos del mercado sobre las normas morales.

 

Röpke, a pesar de reconocerle méritos al mercado, toma distancia del valor de la competencia, pues considera que quienes se enfrascan en ella ven reducido su “vigor moral, por lo que puede tener efectos corrosivos en el carácter de las personas. Si bien esta crítica es recurrente en los adversarios del liberalismo económico, resulta interesante que provenga del pensador alemán. En definitiva, lo que postula es que el mercado tiene límites, y sirven de barrera instituciones como la familia: “Los hombres que compiten en el mercado y buscan en él sus beneficios -escribió Röpke- deben estar al tanto más sólidamente unidos por los lazos sociales y morales de la comunidad, pues en caso contrario también la competencia incurre en gravísima degeneración”.

 

Hayek comprende esta relación de modo diferente. En lugar de intentar que el mercado y la moral convivan, él opta por separarlos. Petersen señala que, según Hayek,  “debemos aprender a vivir en dos mundos morales diferentes: el mundo del mercado, o ‘macrocosmos’, y el mundo de las relaciones personales, o ‘microcosmos’ Las vidas de quienes habitan el orden liberal hayekiano están destinadas a ser moralmente fragmentadas. En efecto, si aplicáramos reglas del ‘microcosmos’ al ‘macrocosmos’, lo destruiríamos. Pero si aplicáramos las reglas del orden extendido a nuestras agrupaciones más íntimas, las aplastaríamos”. La problemática de la propuesta de Hayek, apunta Petersen, es que el “precio a pagar” por vivir en un orden liberal es demasiado alto, dado que se extirpa toda posibilidad de coherencia entre las instituciones sociales fundamentales y las relaciones personales.

 

Si bien en el prólogo del libro, Mansuy y Petersen hacen un pequeño guiño a la derecha y a los límites de un liberalismo sin cuestionamientos, los ensayos son netamente académicos. De esta manera, al no existir una conclusión que una ambos trabajos, tanto la reflexión final como la bajada que se pueda hacer a la realidad chilena quedan en manos de cada lector.

 

 

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