Hoy celebramos la Navidad, que a los cristianos nos invita a recordar el nacimiento de nuestro Salvador en la humildad de un establo. Para todos es un tiempo especial, de compartir en familia y muchas veces de andar corriendo en la búsqueda de regalos. Ojalá sea también un tiempo de reflexión y agradecimiento, dos actividades que practicamos poco y que resultan tan importantes para nuestro crecimiento personal cuando se hacen con profundidad y honestidad.

En las empresas, como comunidad de personas, también se celebra Navidad y es común tener actividades sociales como el clásico amigo secreto, pero también otras de ayuda a los más necesitados, con voluntariado corporativo y prácticas de ayuda a comunidades vulnerables, oportunidades en que todos ganamos y crecemos como seres humanos, generando una gran alegría por dar y también por recibir.

Navidad es una ocasión propicia para dejarse “interpelar por un sentido más amplio de la vida”. Estamos cerrando un año particularmente complejo, con la humanidad tratando de salir de una crisis sanitaria, con la invasión de Rusia a Ucrania que no da señales de paz y con procesos inflacionarios que han encarecido los costos de vida, entre otros. Y en nuestro país además con un proceso constituyente que entra a una segunda etapa, con una situación de seguridad pública deteriorada, una crisis económica que destruye miles de empleos y un tejido social que aún no hemos podido sanar. 

En este contexto, la invitación del nacimiento de Cristo, que decidió nacer en un tiempo también complejo, es a que cada uno, pueda encontrar su lugar de contribución a una mejor sociedad, desde nuestra actividad cotidiana, desde lo que decimos y hacemos, entendiendo la humildad y grandeza del pesebre. Los cambios y la transformación social se producen por la suma de las pequeñas acciones en las que nos toca estar.

Jesús nos invita a preocuparnos por los demás, especialmente de quienes pasan por mayor necesidad, y las empresas no pueden estar al margen de ese llamado. En particular, la empresa debe promover tres “bienes”: ofrecer bienes y servicios que sean realmente útiles; crear oportunidades de trabajo digno y productivo, que favorezcan el desarrollo integral de los trabajadores y sus familias; y la creación y distribución de riqueza material y espiritual con justicia y respeto al medio ambiente, considerando a todos los públicos interesados. Solo así, la empresa estará orientada a su propósito mayor que es la generación de bien común, que es el bien de todos y cada uno.

Como enseñaba San Alberto Hurtado, fundador de USEC, siempre debemos actuar preguntándonos “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”. Esta es una pregunta personal que, al contemplar la imagen del pesebre, nos conmueve y nos mueve a la acción. Personalmente, estoy convencido de que en mi lugar, Cristo intentaría ser un constructor de una sociedad más justa, humana, próspera y solidaria.

Pensemos en un 2023 lleno de oportunidades y desafíos, donde seamos capaces de crecer como personas, de hacer una contribución al tejido social desde donde me toca, de ser parte de las soluciones y no de los problemas, de ver en los demás sus capacidades, de tener una mirada positiva. La Navidad debe ser un tiempo especial de solidaridad, paz y amor, para todos, creyentes y no creyentes. Muy Feliz Navidad. 

*Francisco Jiménez Ureta, presidente USEC, Unión Social de Empresarios Cristianos

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