Cada vez son menos los estudiantes que quieren ser profesores. Educación se mantiene como el área que más ha disminuido su matrícula en educación superior durante los últimos años: para el 2022 la caída fue de 7,3% en matrícula de primer año y 6,9% en total de pregrado. A esto debemos sumar el abandono de la profesión. Un estudio de la Universidad de Chile (2021) mostró que el 20% de los profesores abandona la profesión durante sus primeros cinco años de ejercicio. Así las cosas, el análisis de Elige Educar (2019) muestra que para el 2025 tendríamos un déficit de 32 mil docentes idóneos, haciéndose cada vez más dramático.

Al respecto caben varias reflexiones. ¿Por qué los jóvenes no quieren ser profesores? ¿Cómo logramos atraerlos nuevamente? ¿Con cuánta urgencia nos hacemos cargo de este problema? Si bien ninguna de estas preguntas es simple, intentaremos dar algunas luces.

Entre las razones que hacen poco atractiva la carrera para los jóvenes más de fondo y complejas de resolver está el hecho que no se ve a la escuela como un lugar donde se pueda crecer profesionalmente adquiriendo nuevas habilidades y competencias, en parte por la falta de autonomía para la toma de decisiones, el mal clima laboral que se vive en su interior -cuestión relevante dado el nivel de violencia escolar- y también la falta de oportunidades para avanzar hacia mayores responsabilidades. Todo esto termina por desincentivar tanto a los jóvenes para elegirla, como a quienes están recién ejerciendo, y por tanto, son los factores que debieran concentrar nuestra preocupación.

A pesar de la complejidad del tema, hay ciertos avances que son posibles de llevar adelante. Al respecto, la Mesa de Atracción de Pedagogías entregó en 2019 una serie de propuestas que buscan cautivar a más estudiantes y entregar un apoyo continuo en las distintas etapas, que van desde la elección de la carrera hasta el ejercicio de su profesión. Para ello, la Mesa propone un esfuerzo coordinado entre los distintos organismos del Estado, la sociedad civil y las universidades, para aunar esfuerzos y empujar con fuerza la mejoría de la situación docente, lo que requiere de una serie de modificaciones legales.

Con todo, estas preocupaciones parecen estar fuera de la agenda del gobierno y el Congreso. Actualmente con relación a los profesores, lo que se discute en el Congreso es suspender la evaluación docente, permitir que los profesores puedan ausentarse de sus labores docentes por razones gremiales, eliminar la causal de desvinculación por tener consecutivamente una mala evaluación, restringir las capacitaciones que se reciben durante vacaciones y permitir sólo las que entrega el Centro de Perfeccionamiento, Experimentaciones e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) dejando fuera las capacitaciones que entregan Universidades, entre otras cosas. Por su parte, desde el ejecutivo, la iniciativa estrella en la materia es una actualización del registro de la deuda histórica de profesores. Aspectos que más tienen que ver con ceder a las presiones del Colegio de Profesores que a resolver problemas de fondo.

Teniendo presente que uno de los factores que más incide en la mejora de los aprendizajes son los profesores, es indispensable que avancemos en soluciones sustantivas, que tengan que ver con mejorar la calidad de su enseñanza y la atracción de buenos docentes, logrando volver a las escuelas espacios más atractivos e innovadores, dejando de lado los intereses particulares e ideológicos de algunos grupos.

*Magdalena Vergara, IdeaPaís.

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