El ex presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan sostuvo en una ocasión: “La política es la segunda profesión más baja y me he dado cuenta de que guarda una estrecha similitud con la primera”. Lo que quiso decir, en simple, es que los políticos venden fácilmente sus convicciones por un montón de votos, al igual que la profesión más antigua, la prostitución, donde se vende el cuerpo por dinero.

El mejor ejemplo de ello, en el caso de Chile, es lo sucedido con las pensiones, donde una gran mayoría de políticos de todos los colores aprobaron los retiros porque les granjeaba el favor de sus electores, a pesar del impacto negativo que ello implicaba para su futura jubilación y los efectos que acarrearía en la inflación, tasas de interés y dólar. Todos efectos fácilmente visibles hoy y que los políticos decidieron desdeñar en su momento.

Hoy comienza nuevamente a discutirse a nivel político una reforma a las pensiones que se viene postergando desde el 2006, fecha en la cual la Comisión Marcel, presidida por el actual ministro de Hacienda, despachó un informe de más de 400 páginas. A pesar de que se ha avanzado desde entonces, el impulso ha sido mezquino cuando se ha tratado de resolver el tema de fondo de las pensiones; a saber, la falta de densidad de ahorro de las personas para su vejez, notablemente agravado por los retiros. Los políticos han estado disponibles rápidamente para la pensión básica solidaria (PBS) o la pensión garantizada universal (PGU); y cómo no, si es dinero directo desde los contribuyentes a las personas, lo cual coincide con sus intereses electorales. Sin embargo, para resolver el tema de fondo, la falta de ahorro, muchos representantes han preferido “chutear el tarro”.  

Ni hablar de qué les interesa a las personas. Ahí los políticos recurren al manido recurso de la justicia social y de solidaridad, donde los más pudientes deben compartir parte del patrimonio, que con esfuerzo han acumulado, para repartirlo con quienes no lo tienen, y son ellos los que, escondidos bajo el manto del Estado, quienes anhelan manejarlo. En todas las encuestas de opinión son los trabajadores los que quieren decidir quién les administre sus ahorros previsionales, y los mismos son quienes están dispuestos a aumentar los ahorros siempre y cuando estos vayan a sus cuentas individuales. Pero los políticos, sobre todo los de izquierda, quieren que sea el Estado quien administre los ahorros adicionales y que una parte importante de éstos vayan directamente al reparto. ¡Que conveniente para políticos ineptos y desvergonzados repartir el esfuerzo ajeno y en la pasada comprar voluntades!

El 4 de septiembre pasado el Rechazo le dio una paliza electoral a quienes proponían, entre otras cosas, un sistema de reparto, y dejaba en una debilidad inaceptable sus actuales ahorros, y no sólo fue una parte de la población la que se pronunció, sino que casi la totalidad de esta, y lo dijo fuerte y claro: no más políticos involucrados con el fruto del esfuerzo y el ahorro de los trabajadores. El mensaje es simple: hay que aumentar la tasa de ahorro previsional, desde el 10% actual a un 16%. Hasta ahí existe bastante coincidencia a nivel político. Sin embargo, donde empieza la divergencia es quién administrará esos ahorros adicionales, y es ahí donde casi la totalidad de nuestra clase política pierde el pudor e inicia la trata de votos. Es decir, están dispuestos a legislar sobre el tema siempre y cuando sus intereses electorales tengan algo que ganar.

En el tema de las pensiones, la materialidad de la solución es vasta y complicada. En efecto, cuando se analizan los ejemplos de sistemas exitosos en el mundo, que no son muchos, la realidad golpea fuerte, pues queda claro que la solución pasa por destinar una parte mayor del sueldo al ahorro, postergar la jubilación más allá de los 65 años, y tener administradores eficientes, que no sean capturados por los políticos, que sean capaces de rentabilizar eso dineros. Curiosa coincidencia la percepción de trabajadores chilenos con la de los sistemas de pensiones exitosos, pero que parte de los políticos desdeñan, porque lisa y llanamente está contra sus intereses.

Benjamin Franklin, científico, político e inventor norteamericano, sostuvo que: “El camino hacia la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”. Así es que cualquier político chileno que ofrezca llegar a la prosperidad por una vía alternativa a la del trabajo y el ahorro, o le está mintiendo o es un ignorante. En ambos casos, a usted que es una persona de esfuerzo y que desea mantener los fruto de este, no le sirven los candidatos que se dedican a la trata de votos y que no trabajan para usted. En el tema de las pensiones, nuestra clase política está dejando mucho que desear, y creo que necesitaremos otro remezón electoral para hacerles entender que con nuestro trabajo y esfuerzo no se metan.

*Manuel Bengolea es estadístico de la PUC y MBA de Columbia.

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