Cuando uno más uno no suma dos 

En el oficialismo las buenas noticias vienen por el lado del gobierno, no así del acercamiento de sus dos coaliciones.

El nuevo equipo ministerial está desempeñando funciones en complemento con el Presidente, lo cual le ha posibilitado un accionar más coherente y efectivo. La línea escogida ha sido la moderación y la concentración en atender las principales demandas ciudadanas. Esto le ha permitido detener la caída en las encuestas.

Es significativo que, tras el cónclave y tal como se esperaba, la relación entre los partidos sigue siendo más o menos la misma, las vocerías significativas siguen siendo las de cada tienda política. 

Mientras, los intentos de dar una apariencia de estar conformando una sola alianza de gobierno, con su presidencia rotativa a la usanza de la denostada Concertación, no entusiasma a nadie.

Aunque pueda sorprender a quienes no participan de la cultura de la izquierda, ha sido precisamente esta recuperación por parte del Ejecutivo la que está provocando un antagonismo irreductible en una sección minoritaria aún, pero significativa, de Apruebo Dignidad.

Lo que se resiente allí, y que queda muy claro en las declaraciones de Daniel Jadue, alcalde de Recoleta y excandidato presidencial. En un mensaje mucho más dirigido a la izquierda que a otros, hizo un llamado a armar “en todas las comunas, en todos los barrios, frentes antifascistas… para salir al paso a las noticias falsas… y retomar el rumbo que Chile traía”.

Este es un germen de división sin vuelta, porque de lo que se acusa al gobierno de Boric es de optar por mantenerse en el poder a costa de imitar las políticas de sus adversarios, como en el caso de la represión policial o la moderación de los aliados como en el caso del Socialismo Democrático.

Sin duda esta izquierda más polarizada aspira a traer de vuelta sus notas distintivas, recuperar su propio rostro y volver a liderar este sector político completo. 

Es cierto que el gobierno está mejorando, pero como lo hace en la dirección incorrecta, a juicio de sus adversarios internos, los motivos de división se acrecientan. En el caso del oficialismo y de sus coaliciones, uno más uno no suma necesariamente dos.

Con guitarra, pero sin buenos guitarristas 

Luego del triunfo en el Rechazo (no en exclusiva, pero bajo su conducción estratégica), la derecha lo ha tenido todo para establecer su predominio de hecho. Se requería que no hiciera una ostentación molesta de su nueva posición y se aprestara a concretar acuerdos beneficiosos, pero no excesivos, mostrando el temple y la prudencia necesaria para liderar.

No es lo que ha pasado. Ha confundido tener el control con poner freno a los adversarios. Ha preferido dejar en claro que se puede imponer en vez de ir ganando posiciones en forma pausada pero sostenida.

Falta mucha habilidad fina, aunque ha estado a punto de lograrlo, algo que se puede volver costumbre. Como ocurrió en el caso de la votación por la presidencia de la Cámara. Ahí se hizo casi todo bien. Que ganara el entonces DC Ángel Calisto, era lo de menos. Como dijo muy bien Jorge Alessandri, diputado UDI, “estuvimos a cuatro votos de ganar”. Se trataba exactamente de eso, porque quebrar a los adversarios que te superan en número es el primer paso para imponerse.

Lo que le falta a la derecha es dirimir su conducción, entre partidos (aunque la UDI lleva ventaja en esto) y sobre todo en cuanto a un líder principal. Se ha mostrado más inflexible de lo necesario, precisamente porque nadie quiere quedarse atrás enarbolando banderas ante el adversario.

En forma inevitable tendrá que solucionar este elemento central y se ha escogido la conquista de la Presidencia de la Cámara al inicio del próximo año como el escenario propicio.

Es cierto que la derecha ha estado ganando, pero no es menos cierto que liderazgos sin imaginación, como el que ha mostrado Francisco Chahuán, al llegar con guitarra a La Moneda (porque “otra cosa es con guitarra”), no se puede llegar más lejos. No solo Cassely falla un penal decisivo frente al arco (otra cosa es con pelota).

… y, sin embargo, se mueve

Luego de terminada su Junta Nacional, los militantes del PDC parecen sorprenderse de haber sobrevivido a la experiencia. Así fue, aunque las malas noticias acaparen todavía el centro de atención de los observadores.

Así como una locomotora puede empezar a frenar para evitar una colisión, pero solo se detiene cuando ha frenado la inercia, la Falange recuperó parte importante de sus prácticas institucionales justo antes del precipicio.

La prensa, acostumbrada a las renuncias, críticas cruzadas y gestos inamistosos, percibió mucho más las muestras de lo que termina, que las señales de lo que comienza. Y, sin embargo, el PDC se ha dado una oportunidad a sí mismo.

El reinicio de algo de normalidad es aburrido de observar. No obstante, ratificado un nuevo presidente, Alberto Undurraga, renovado su Consejo Nacional, actualizado su Tribunal Supremo, la convivencia interna puede mejorar mucho y con ello la atención partidaria dejará de estar ensimismada para a involucrarse más en la política nacional.

Esto tiene importancia porque el centro político ha estado demorando su vuelta a la escena, dedicado como ha estado a reparar partidos o a echar a andar otros nuevos.

Pero a un país ya con muchos partidos, la multiplicación de este tipo de organizaciones no le dice mucho. Atiende más a los liderazgos proyectados que gozan de algún tipo de respaldo.

Próxima a concluir la negociación constitucional y adelantándose el ciclo de elecciones con una nueva instancia mandatada para elaborar la nueva Carta Fundamental, lo que importa es coordinarse en el centro para volver al centro de la escena.

La receta es inobjetable, pero su aplicación requiere mucha habilidad política y es este factor el que hará la diferencia.

El oficialismo tiene el liderazgo presidencial, pero no tiene un respaldo político homogéneo; la derecha está bien organizada, pero sus líderes tienen a desaprovechar las oportunidades como enanos a hombros del gran apoyo que le presta su electorado. El centro tiene sus liderazgos dispersos y sus organizaciones en reparaciones. Con todo, la competencia está lejos de encontrarse dirimida.

*Víctor Maldonado es analista político.

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