La Convención ha dado a conocer los últimos días los cronogramas de cada una de las comisiones para discutir los temas de fondo. Una de las comisiones, la de derechos fundamentales, estableció que solo contaría con un día de deliberación para discutir cosas esenciales del tipo: derecho a la vida, libertad de asociación, de expresión, de emprender y debido proceso, entre otras.

Si bien lo anterior sería una especie de “idea de legislar”, es un mal precedente, especialmente cuando conocemos el comportamiento que ha tenido la convención a la hora de tramitar cosas complejas, como lo fue con los reglamentos de funcionamiento interno. En esa ocasión, sin discusión, terminó aprobando normas que revisten un conflicto respecto al mandato específico que tiene.

Esto se mezcla con dos aspectos complejos. El primero de ellos es la necesidad que se ha planteado por parte de la ciudadanía de presentar iniciativas que busquen resguardar derechos adquiridos o instituciones que le han dado estabilidad al país. Esto responde a la “amenaza” implícita por parte de algunos convencionales de modificar tales cuestiones.

El segundo aspecto es la presencia de la hoja en blanco que hace verosímil el miedo o riesgo anterior. Este borrón y cuenta nueva puede hacer que garantías que ya se encontraban en la institucionalidad del país desaparezcan o sean retrucadas de manera que no tengan ningún efecto, como por ejemplo la libertad de enseñanza, la libre elección en cuestiones sociales o la propiedad de los fondos de pensiones.

A lo anterior, se debe agregar otro factor, el político. El plebiscito de salida provoca que quienes tienen la carga de hacer una buena constitución, para que se apruebe, sean quienes tienen a cargo este proceso. Esto quiere decir que, lejos de tener un cheque en blanco, tienen el deber de hacer una constitución lo más razonable posible para que sea apoyada en el plebiscito.

El principal efecto práctico del punto anterior es que son quienes creen en este proceso los que deben salir a convencer a los chilenos que la nueva constitución es mejor que la anterior, con todo lo que eso implica, y no al revés, como pretenden hacer creer algunos.

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