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Publicado el 18 marzo, 2021

Hugo Harvey y Cristián Medina: Buscando una segunda opinión en Moscú

Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE). Instituto de Historia Universidad San Sebastián. Hugo Harvey y Cristián Medina

La recepción de Erich Honecker, hace 30 años, en la Embajada de Chile en Moscúl puso en entredicho el compromiso democrático del nuevo gobierno.

Hugo Harvey y Cristián Medina Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE). Instituto de Historia Universidad San Sebastián.
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En diciembre de este 2021 se cumplirán 30 años de la entrada del ex gobernante de la RDA, Erich Honecker, y su esposa Margot, a la Embajada de Chile en Moscú. Una crisis internacional que se dio en un panorama de cambios en el orden mundial y de procesos de transición de los países que se vieron involucrados.

El oso ruso vivía los reacomodos de poder mientras se derrumbaba la URSS, surgía el poder de Boris Yeltsin y Mijail Gorbachov agotaba sus cuotas de influencia, con lo cual también dejaba a su suerte a los viejos camaradas de Europa Oriental. Alemania buscaba dejar el pasado atrás, continuar demoliendo el muro que la dividió e intentar aplicar justicia a sus arquitectos.

Chile pasaba por momentos igualmente complejos. Patricio Aylwin terminaba su segundo año al mando de la nación, intentando congregar en un solo destino a un país dividido luego del quiebre de 1973 y diecisiete años de gobierno militar, con su antecesor en la comandancia del Ejército, hacía los esfuerzos necesarios para lograr una nación que acogiera a “civiles y militares”.

Ahora bien, a pesar de tan enmarañado escenario global y local, Chile buscaba afianzar la apertura económica alcanzada en la década anterior, demostrar al mundo los avances de la transición y reinsertarse internacionalmente, en el sentido más amplio del concepto.

Claramente, la recepción de Honecker en la Embajada de Chile en Moscú no ayudaba a los objetivos mencionados. Al contrario, ponía en entredicho el compromiso democrático de la nueva administración, hacía visibles las fisuras de la coalición de gobierno, junto con tensionaba el apoyo económico y político de Helmut Kohl a la Democracia Cristiana.

Consecuente con la caída del Muro de Berlín, se produjo la masiva desclasificación de los archivos de las superpotencias, habilitando a los historiadores a encontrar las piezas faltantes del puzle de la Guerra Fría, influjo historiográfico que ha repercutido de manera virtuosa el ambiente académico nacional.

Es así como recientes investigaciones han permitido conocer detalles inéditos de diversos pasajes de la política exterior de Chile, hechos que ante un complejo panorama local van permaneciendo olvidados y vagamente indagados. Estos aires frescos, y segundas lecturas a nuestra historia reciente han irradiado al caso Honecker, revelando las reales circunstancias de los hechos que circundaron el ingreso y permanencia del exjerarca a la Embajada.

De esa forma, los documentos emanados de esta crisis diplomática, permiten recuperar la figura de personajes secundarios que cumplieron roles fundamentales. Uno de ellos es el Embajador James Holger, un verdadero troubleshooter del embrollo. Sin embargo, también quedan al desnudo los desconciertos de una política exterior en rearticulación; un Ministro de RR.EE. ajeno a los sucesos mundiales; un Ministro de Hacienda actuando como Canciller de facto; el peso que ejercía el Partido Socialista en el gobierno de Aylwin y la fragilidad de la Concertación de Partidos por la Democracia.

Otro aspecto que se encuentra entre los últimos hallazgos, dice relación con los indicios -si no la seguridad- de que Honecker buscaría refugio en la legación en Moscú, y mientras aquello ocurría, los enseres familiares de la pareja alemana esperaban la mudanza final en una dependencia habilitada como bodega.

En medio del fastidio perturbador que originó la visita, un resucitado “Topaze” -aunque con menor fuerza que en su vida anterior a 1970- hacía gala del invariable humor político chileno. El Embajador Almeyda fue uno de los más parodiados en el “barómetro”. En sus “Chapulinadas” consignaba: “Es bonito tener huéspedes, dijo don Cloro. ¡es como tener una embajada de cinco estrellas!” (22 de diciembre de 1991, p. 12). Mientras satirizaba con un agradecimiento: “Gracias Gobierno de Chile por albergue concedido. Erich Honecker” (29 de diciembre de 1991, p. 15).

El Canciller Silva Cimma también fue caricaturizado. Respecto a su desaparición en el manejo de la crisis, se publicaba: “Más del exterior. En el caso Honecker vimos al Subsecretario Vargas, al embajador Almeyda [¿embajador adonde?], a los Ministros Krauss, Correa, Boeninger y … ¿quién vio al Ministro de Relaciones Exteriores?” (29 de diciembre de 1991, p. 12). Luego, se le representaba en tenida playera arribando a su Ministerio, consultando: “¿Ha pasado algo en mi ausencia?” (5 de enero de 1992, p. 16). Incluso apareció vestido de mucama, con un plumero en su diestra y empujando un carro con toallas con su mano izquierda, diciendo: “Para Honecker tenemos casa, comida y ropa limpia” (19 de enero de 1992, p. 15).

De película

Siguiendo el tono lúdico -para suavizar tan amargos acontecimientos-, quienes hemos investigado a fondo el tema, y somos aficionados a las maratones de series o películas de fines de semana, vemos en el caso Honecker la trama perfecta para un filme que reflejara las complejidades de la temprana posguerra fría.

Nos imaginamos un apasionante serial de espías, persecuciones, escondites y escapes, a la que podríamos denominar “Caso Honecker: La caída del último ladrillo del Muro de Berlín”. Tendría un capítulo dedicado a la caída del muro; otro sobre su estancia en el hospital militar soviético de Beelitz-Heilstätten -intentando esquivar a la justicia alemana-; su ingreso a la “residencia del Embajador” de Chile en Moscú sería un imperdible; también se representarían los exámenes médicos realizados en la clínica Botkin -costeados por Chile y que lo diagnosticaron sano-; entre muchos episodios de su constante huída. Sin lugar a dudas, los últimos episodios de nuestra producción abarcarían desde su llegada a Chile en enero de 1993, su estadía de 16 meses, hasta su muerte el 29 de mayo de 1994.

Continuando con la idea de nuestro TV show, uno de los primeros capítulos debería recrear mediados de marzo de 1991. Este dramatizaría el escape de Honecker, desde el sanatorio de una de las últimas bases soviéticas en la ex RDA hacia la capital rusa, en una aeronave de la fuerza aérea roja, nuevamente intentando evadir una inminente detención para ser juzgado por los tribunales de la Alemania reunificada.

Este episodio se llamaría “La interconsulta” o “Buscando una segunda opinión en Moscú”, ya que -en palabras de Margot Honecker- “El viaje se llevó a efecto el día 13 de marzo. Volamos en una máquina soviética, acompañados por médicos. Una interconsulta médica efectuada en el Hospital de Beelitz, había dictaminado que era necesaria la internación hospitalaria” (Luis Corvalán, La otra Alemania, la RDA. Conversaciones con Margot Honecker, Santiago, ICAL Ediciones, 2000, p. 98).

Ante estos hechos consumados, las protestas del gobierno alemán no se hicieron esperar. Dieter Vogel, vocero del Canciller Helmut Kohl, señaló que se exigía el regreso “inmediato” del Honecker, añadiendo que el traslado se había materializado solo una hora después de que los funcionarios soviéticos informaran a Alemania de sus planes. Para el gobierno alemán la extracción violaba tanto el derecho internacional, como los acuerdos que regulaban la presencia y retiro de los remanentes militares soviéticos en Alemania.

Por su parte, la Embajada soviética en Berlín alegaba que Honecker había sufrido un “grave deterioro de su salud”, presentando nuevas patologías, como problemas cardíacos y renales.

Intentando evitar lo ocurrido, en noviembre de 1990, Alemania había emitido una orden de arresto, pero los militares soviéticos negaron el acceso a la policía, alegando que estaba “mortalmente enfermo”. Luego, en diciembre la posición soviética era que la entrega de Honecker a las autoridades alemanas era “sólo una cuestión de tiempo”, lo que fue mutando hasta que en marzo señalaron que el problema de Honecker “no era simple”.

Estos hechos pasaron desapercibidos en Chile, ya que -al menos la opinión pública- no visualizó que representaban la antesala del “caso Honecker”. Tampoco se sospechaban las intenciones profundas del ex jerarca, que someterían al país a un conflicto entre dos Estados de mayor jerarquía, tensionarían al gobierno de la Concertación y afectarían su imagen en el exterior.

Por lo tanto, mientras Netflix o Amazon Prime Video se interesan en comprar los derechos del “libreto”, nos hemos permitido traer a la memoria estos hechos.

Coming soon más capítulos.

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