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Publicado el 29 de marzo, 2020

Francisca Valdés: Solidaridad ante la pandemia

Directora de USEC Francisca Valdés

No se debe confundir la solidaridad con una prestación de servicios, pues es la virtud que ayuda a hacer propios los problemas del otro, a empeñarse por el bien común y a ser responsables por el bien de los demás. Además de una virtud personal, la solidaridad es también un rasgo del orden social.

Francisca Valdés Directora de USEC

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Los días de cuarentena y distanciamiento social me han hecho reflexionar sobre algo que a los miembros de USEC les va a sonar familiar: la solidaridad.

La solidaridad “es una característica de la sociabilidad que inclina al hombre a sentirse unido a sus semejantes y a la cooperación con ellos, pues la solidaridad permite superar el individualismo que niega la sociabilidad del hombre y el principio colectivista que niega la condición de persona”.

La mejor explicación es el ejemplo de tanto profesionales y técnicos de la salud como médicos, enfermeras, personal administrativo, que arriesgan su vida para atender y cuidar de nuestros enfermos. Pienso en todo lo que, a pesar de la cuarentena y el cierre de fronteras, sigue funcionando para producir, abastecer y distribuir bienes y servicios de primera necesidad: alimentos, remedios, artículos de aseo, vacunas etc. Pienso en quienes retiran nuestra basura, limpian las calles, conducen el Metro y el transporte público, que no dejan de trabajar para que no nos falte lo esencial; servicios públicos y financieros, conectividad, bomberos, carabineros, uniformados… y en sus familias. Mientras escribo esta columna me llega la noticia de los 50 sacerdotes que murieron en Italia producto del Covid-19 por seguir asistiendo espiritualmente a sus fieles.

Si su ejemplo es elocuente, el concepto lo precisa. No se debe confundir la solidaridad con una prestación de servicios, pues es la virtud que ayuda a hacer propios los problemas del otro, a empeñarse por el bien común y a ser responsables por el bien de los demás. Además de una virtud personal, la solidaridad es también un rasgo del orden social. Con independencia de las virtudes de las personas que las componen, las estructuras sociales -el Estado, las empresas, ONGs, la familia, y toda organización de la sociedad civil- también deben estar ordenadas y articuladas de modo solidario, unas con otras.

Cuando se entiende esta doble dimensión de la solidaridad, nos damos cuenta de que aun estando en cuarentena somos responsables del destino de los demás. Me quedo en casa por cuidar y evitar el contagio a otros; respeto a la autoridad en un acto de solidaridad con los demás; en mi trabajo, doy facilidades e intento contener a quienes dependen de mí; en mi casa, colaboro con tareas que no acostumbro a hacer porque otros la realizaban y así, la lista es larga. Podemos pensar que simplemente se cumple con un deber, con el trabajo, con lo que se está obligado a hacer, pero no es así. La verdad es que somos seres solidarios, donde ver feliz a los demás, nos hace feliz a nosotros mismos.

La solidaridad no es un sucedáneo de la justicia ni un bálsamo de bondad para no sentirse interpelado por las injusticias sociales; al contrario, es un llamado a hacerse responsable y darles una solución. Las relaciones sociales deben ser justas y, al mismo tiempo, solidarias. No basta con ser equitativo y cumplir las normas; si no hacemos nuestros los problemas de los demás, si vivimos en dos realidades paralelas que no se tocan, podría cumplir con mi obligación de ser justo, pero no necesariamente sería solidario. Sólo con solidaridad saldremos fortalecidos de la pandemia, sin caer en los extremos del individualismo que niega la sociabilidad humana, o el colectivismo, que anula la dignidad de la persona.

La empresa es un espacio para la solidaridad. Los hombres y mujeres de empresa nos veremos enfrentados a tener que tomar muchas decisiones que van a afectar a otros: nuestros colaboradores, clientes, proveedores y la comunidad en general. Desde los que se suman a la noble iniciativa del fondo sanitario liderado por la CPC hasta la gestión diaria de facilidades para hacer sostenibles nuestras empresas y emprendimientos, dando trabajo y cumpliendo con nuestros clientes y proveedores. Cada una de estas decisiones tendrán repercusiones en los demás por lo que la solidaridad debe estar presente.

Y junto con reconocer el valor que esto tiene para nuestra sociedad, hay que dar las gracias. Creo que a todos nos ha pasado que comenzamos a valorar más al otro. Gracias a tantas personas que hacen labores que dábamos por obvias, hoy se ven como actos heroicos que a través de una solidaridad infinita y a pesar de las dificultades, hacen que las cosas sigan funcionando.

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