“No sé a quién creerle”, me parece ser la frase que mejor refleja la situación de la gran mayoría de los indecisos frente a la votación del plebiscito de salida. Especialmente en los sectores populares. La respuesta que se den a esa pregunta puede determinar si gana el Rechazo o Apruebo de la Constitución propuesta por la Convención. ¿Qué no creen los actuales indecisos? ¿De qué irá a depender que terminen por creerle a quienes abogan por una u otra postura?

Los favorables al Rechazo sostienen que no es creíble que con el Apruebo se generen los beneficios que prometen con los derechos y reformas propuestas por los convencionales (salud y vivienda para todos, etc.). Además, seguro que temen el desorden, altos costos, enredos jurídicos y conflictos políticos por tantas cosas nuevas introducidas en la Constitución, como la plurinacionalidad, justicia por etnias, etc. El argumento principal sería que los redactores y políticos de izquierda son personas con poca experiencia, conocimiento y capacidades técnicas. Estarían impulsados sólo por su entusiasmo juvenil y su ideología de izquierda radical.

Los partidarios del Apruebo, por su parte, plantean fundamentalmente no creer que los del Rechazo van a estar dispuestos a aprobar una nueva Constitución mejor si triunfan el 4 de septiembre. Al principio sostuvieron que no permitirían reforma alguna de la Constitución de Pinochet (como dijo el propio Boric). El argumento principal es que esto dependerá de la derecha y sus parlamentarios, quienes por 30 años se negaron u opusieron a hacerle reformas básicas a la Constitución del 80. Como parece que ese argumento no redujo la distancia a favor del Rechazo que mostraban las encuestas, le agregaron que tampoco se les puede creer a los de centro y centroizquierda (los Amarillos, por ej.), porque son parte de los “últimos 30 años”, que se “vendieron al sistema” y defienden sus intereses de élites. Además ahora, en vista que ni eso, ni la intervención del Gobierno, ni la franja en TV convence a los indecisos ni a la mayoría por el NO, anunciaron un Acuerdo entre los Partidos del Apruebo sobre reformas a la propuesta convencional que prometen introducir si gana el Apruebo. ¿Habrá un número suficiente de ciudadanos que ahora sí creerá esta promesa, y bastará para que ganen?

Anticipo mi opinión: la mayoría de los ciudadanos no creerán en las promesas de los partidarios del Apruebo. Lo considerará un maquillaje por conveniencia y de última hora para no perder. No algo que los convenza. Para adentrarnos en qué podría hacer que los indecisos que quedan y una mayoría no les crea a los del Apruebo, necesitamos considerar de qué depende que tendamos a creerle más a ciertas personas o entidades y no a otras. Podríamos responder citando textos de filósofos o académicos del tema. Y también podemos recurrir a nuestra propia experiencia.

¿A quiénes tendemos a creer y a quiénes no? En la vida cotidiana, tendemos a confiar en quienes “conocemos”: familiares, colegas, compañeros cercanos. Gente con historias personales de respeto recíproco. Pero a un nivel social amplio, como con desconocidos en la política o los negocios, creemos en personas o entidades que tengan una trayectoria de actos consistentes con sus declaraciones. Confiamos en quienes cumplen las promesas que hacen. Esto es lo central en la confianza. Basta que recordemos quiénes son esos en que dejamos de confiar. Cuando alguien incumplió algo que nos prometió, dejamos de confiar. Por ejemplo, cuando prestamos dinero a alguien y no nos lo devolvió. Y no basta con las palabras; lo más importante son los comportamientos concretos, los hechos. Que me diga que no pudo pagar pero que lo hará más adelante no es suficiente. Nos basamos en hechos del pasado, pero los proyectamos al futuro (no me pagó: dudo que pagará mañana). Todo esto puede tener mucho de subjetivo (como expectativas ocultas) y de inconsciente, pero no por eso es menos real o efectivo.

Examinemos con estos criterios las declaraciones, promesas y comportamientos recientes de los partidarios del Rechazo y del Apruebo (incluidas organizaciones, partidos y Gobierno). Entre los primeros, la derecha prometió acordar entre sus tres mayores partidos hacer una declaración conjunta de compromiso con reformar la Constitución del 80 o 2005 si ganaba el Rechazo. Y cumplió, y lo refrendó más específicamente esta semana. También que aprobaría rebajar el quorum para futuras reformas. No se le creyó; se dijo que había que ver los votos en el Parlamento. Allí estuvieron. 

Veamos el récord ahora por el lado del Apruebo. Empecemos por la expectativas de la Convención y la desilusión de los comportamientos poco serios de más de uno, lo farandulesco, lo partisano. Pero sobre todo el simulacro de participación que hicieron invitando a entregar propuestas, las que se hicieron llegar con miles de firmas y fueron casi todas desechadas. Del comportamiento inconsistente y acomodaticio de partidos, como el Comunista, mejor ni hablar. Considérese que ni siquiera suscribió el Acuerdo para Reformar la Constitución de noviembre, pero cuando vio el viento a su favor se subió con todo al barco. Finalmente, creo que lo que más golpea y golpeará la credibilidad del Apruebo es la poca confianza por los incumplimientos de las promesas del gobierno. Las sucesiones de decires y desdecires. Nada de eso favorece la credibilidad. Difícil que se le crea que con el triunfo del Apruebo ahora sí habrán reformas sustantivas de lo que recién aprobaron.

Lo que ha pasado con la erosión de la confianza en el gobierno no es algo para celebrar. La confianza en los demás en una sociedad es uno de los bienes sociales más importantes y  decisivos para el desarrollo y una convivencia en paz. Ya era escasa en Chile antes. Sin embargo, lo positivo que puede rescatarse del proceso constitucional en curso es que se ha ido imponiendo una necesidad de acordar reformas en cada uno de los dos bandos en competencia. ¿Será posible que ese espíritu de búsqueda de acuerdos pueda extenderse desde cada bando a partes al menos del opuesto después del 4 de septiembre? Dependerá de ambos y especialmente del gobierno y del Presidente Boric iniciar una convergencia que genere mayor unidad nacional.

*Ernesto Tironi es economista.

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