Los países en donde no se respetan las instituciones están condenados al fracaso. Y cuando las máximas autoridades de dichos países no son un modelo a seguir, y, por el contrario, las señales que le envían a los ciudadanos son equívocas, éstos tienden a imitarlas, pues si quien ostenta el poder es capaz de hacer cosas reprochables frente al pueblo, quiere decir que todo está permitido y luego, todos pueden hacerlo.

En mi vida profesional tuve la oportunidad de ejercer consultoría por un largo tiempo en un país de nuestra región donde las máximas autoridades eran reconocidas por los ciudadanos como corruptas porque sabían que robaban, pero no les importaba, porque pues si bien robaban, repartían. Y peor aún, muchos nos decían que hubieran hecho lo mismo si hubiesen estado en esos cargos, porque estaba bien, se enriquecían, pero compartían. 

El problema de todo aquello es que las sociedades imitan a sus líderes y actúan igual, porque si los que gobiernan roban, otorgan licencia para que los ciudadanos digan, si ellos lo hacen, yo también. Y como eso es lo que ocurre, las sociedades terminan mal, los países dejan de ser confiables, sus economías son capturadas por la corrupción, la inflación pampea, el desempleo avanza y la pobreza comienza a resurgir y apoderarse de los más vulnerables, quienes terminan dependiendo de la limosna de esos mismos corruptos que reparten parte de lo que roban.

La actitud del Presidente Boric en el Te Deum Evangélico al lustrar sus zapatos investido en el cargo con la banda presidencial, fue un insulto a quienes lo invitaron solemnemente y también a Chile y a la institución Presidencia de la República, porque en ceremonias solemnes como es dicho Tedeum, el Presidente no actúa solo como individuo, sino como representante del país y de la Presidencia, por lo que los gestos adquieren valor simbólico y político.

Al lustrar sus zapatos ante toda una comunidad reunida en un acto religioso tan solemne como son los Te Deum para celebrar las Fiestas Patrias, le envió una señal al país que a él no le importa nada. No le importan ni las formalidades, ni lo que representa la institución presidencial, ni lo que piensen de él, ni lo que el resto de los chilenos opine.

Él, como individuo, se permite hacer lo que quiere, pues es el Presidente y no tiene que darle explicaciones a nadie.

El problema con actitudes de ese tipo es que el contagio ciudadano que dichos actos provocan es dañino y peligroso, y no sólo con respecto a respetar instituciones, normas y personas. Con la violencia ocurre algo similar.

Cuando se permite y se avala la violencia tanto física como verbal como arma política, las consecuencias son gravísimas y lo sufrimos como país durante el octubrismo. Pero no sólo eso. Cuando no se condena públicamente a quienes utilizando consignas tanto a viva voz como en las redes sociales tratando a adversarios políticos como enemigos y se les permite que los insulten calificándolos de nazis y fascistas sólo por disentir de sus opiniones, la violencia puede llegar a ser mortal.

Es lo que pasó recientemente en EE.UU. con el asesinato de Charlie Kirk, un joven de 32 años, cristiano observante, casado, padre de dos hijos de 3 y 1 año de edad, que se dedicaba a conversar y debatir con los estudiantes sus ideas conservadoras, a quienes les decía, “díganme si estoy equivocado”. Su mensaje era convencer a través del diálogo en vivo como pretendió hacerlo en la Utah Valley University. Y lo lograba, lo que lo que convirtió en un enemigo para la izquierda norteamericana.

Lo trataron, igual como lo hace la izquierda con sus oponentes, de nazi y fascista. Y lo asesinó un hombre de 22 años, lleno de odio por sus ideas conservadoras. Ese asesinato tiene conmocionado a EE.UU. pues Charlie Kirk era un hombre de bien. Sin embargo, hubo jóvenes en las calles felices con su muerte. Incluso uno cantaba soezmente “no quiero que tu alma se salve, quiero que te vayas al infierno”. Y hubo también quienes opinaron que merecía morir, por tener ideas conservadoras.

Esos jóvenes felices que pude observar en la TV norteamericana me hicieron recordar la polera con la imagen de Jaime Guzmán con una bala en su cabeza que usó jocosamente quien hoy es Presidente. Me hizo recordar también la imagen del perro matapacos usada en el octubrismo. Tristes imágenes que provocan daño, a veces irreversible, las que no podemos ni debemos permitir que se vuelvan a repetir.

Al lustrar el Presidente sus zapatos en el Te Deum Evangélico, es probable que éstos brillaran, pero sin duda su imagen y la del país se opacaron.

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4 Comments

  1. Están aplicando la teoría gramsciana. Banalizar el poder por dentro ejerciéndolo sin ningún protocolo ni formalidad….
    Esta teoría, entre otras cosas, define la forma en que las personas deben desarrollar comportamientos, ideas y discursos para desafiar creencias y patrones establecidos de comportamiento…

  2. Boric está degradando las instituciones en forma consiente.Todos llegaron a hacer lo mismo ,es un plan que les ha funcionado hasta ahora creo yo .Somos un pueblo de ovejas ya que nadie lo enfrenta a él y a los otros «compañeros de lucha «y mientras tanto el país sigue cayendo por una pendiente…..¿irreversible?

  3. Desde un principio, sus actuaciones públicas han llamado la atención por la falta de respeto con las normas y con las formas que han caracterizado la conducta de nuestras máximas autoridades como el andar sin corbata, que ya se ha transmitido a otros personajes o, el llegar mal vestido y arreglándose la camisa al bajar del auto, o llegar en bicicleta desconcertando a la guardia que lo esperaba con su mejor tenida. Tengo la impresión que esta forma de actuar, dista de la naturalidad de un ciudadano común y corriente y pasa a ser una forma de expresión de su constante desprecio por nuestra cultura y su intensión de cambiarla en sus más amplios aspectos.

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