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Publicado el 06 de febrero, 2019

César Sandoval: El futuro de Pedro, Juan y Diego no está determinado

Cientista Político César Sandoval

Contrariamente a lo que piensa el periodista Daniel Matamala, los mercados no premian o castigan de acuerdo a sus circunstancias sociales accidentales, sino por una clase de conocimiento muy particular; a saber, un conocimiento sobre lo que quiere la gente y un saber sobre los medios de producción de bienes o sobre los tipos de servicios que se requieren.

César Sandoval Cientista Político
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Hace unos días el periodista Daniel Matamala publicó una columna titulada “Pedro, Juan y Diego” donde cuestiona el supuesto nexo que existiría entre esfuerzo personal y éxito en el mercado del trabajo. Para confirmar su tesis, apela a una reciente investigación efectuada por los académicos Francisco Meneses, Ricardo Paredes y Christian Blanco, quienes cruzaron tres bases de datos (resultados del Simce 2004 de 8º básico, PSU 2009 y los sueldos para el seguro de cesantía de 2017) con la finalidad de dilucidar el real peso del mercado laboral a la hora de recompensar trayectorias personales desde distintas contingencias sociales iniciales (nivel socioeconómico, lugar de estudios, etc.).

Su conclusión es lapidaria. La supuesta sociedad basada en el mérito que han posicionado determinados sectores políticos sería una “mitología”, una especie de “venta de pomada” que nos han hecho creer para camuflar los verdaderos motores de las recompensas a las que pueden aspirar los agentes, vale decir, el peso sustantivo a la hora de distribuir beneficios lo tiene el elitismo, la endogamia y la discriminación. A todas luces, un panorama bastante sombrío.

Desde el comienzo es necesario dejar en claro la confusión conceptual que tiene el periodista. Primero, en las sociedades donde priman mecanismos de mercado, los repartos de beneficios de ninguna manera están asociados a virtudes personales ni tampoco a las cargas sociales que tuvieron en sus trayectorias personales, sino al valor económico que asignamos a sus esfuerzos y contribuciones. De esta manera, juzgar la justicia de un esquema social, en este caso los mecanismos de mercado, desde categorías que no le son propias nos lleva inevitablemente a sentencias borrosas y parciales.

Los mecanismos de mercados por ningún motivo determinan el futuro de las personas, más bien proveen incentivos para el uso de dichas competencias útiles y genera beneficios en la medida que satisface deseos de otros.

Segundo, las mejores recompensas de mercado no son cuotas de primas garantizadas a un grupo social determinado, por el contrario, son guías o señaléticas que indican a los agentes cómo pueden utilizar sus habilidades y su conocimiento de la mejor manera en una determinada área de trabajo. De ninguna forma pueden ser al mismo tiempo un reconocimiento, sea éste por su pertenecía social o esfuerzo de algún tipo.

Matamala da un paso más allá y afirma que los mecanismos de mercado “castigan” y “premian” a las personas de acuerdo a su correspondiente perfil socioeconómico y el tipo de educación del que son originarias. Es decir, bajo un pesimismo determinista, el destino de Juan (talentoso/ nivel socioeconómico bajo /educación pública) está trazado de antemano: será el subalterno de Diego (mediocre/ nivel socioeconómico alto/ educación privada) en el futuro. Contrariamente a lo que piensa el periodista, los mercados no premian o castigan de acuerdo a sus circunstancias sociales accidentales, sino por una clase de conocimiento muy particular; a saber, un conocimiento sobre lo que quiere la gente y un saber sobre los medios de producción de bienes o sobre los tipos de servicios que se requieren.

La historia muy conocida de Luis “Conejo” Martínez retrata de manera perfecta el punto anterior. El “Conejo” logró formar una fortuna vendiendo maní en las esquinas de Nueva York, pero su éxito rompe con los criterios impuestos por Matamala; no tuvo acceso a educación privada y bajo nivel socioeconómico. Dicha historia se encuentra en línea con el reciente informe de la OCDE que sitúa a Chile como país líder en movilidad social dentro del selecto grupo. Es decir, la posibilidad de que los ingresos de nuestros “Juanes” aumenten es cada vez más probable y comparativamente alta respecto al resto. En consecuencia, podemos inferir que los mecanismos de mercado no determinan el futuro de las personas y el éxito en él obedece a criterios distintos de los propuestos por Matamala (elitismo, endogamia o discriminación, etcétera). En otras palabras, las ganancias guardan relación con la forma de hacer las cosas y la adaptación a los gustos o deseos de las personas que, inevitablemente, se encuentran en constante cambio. En síntesis, los mecanismos de mercados por ningún motivo determinan el futuro de las personas, más bien proveen incentivos para el uso de dichas competencias útiles y genera beneficios en la medida que satisface deseos de otros.

Los que confían en las personas siempre pondrán el foco del análisis en las elecciones individuales y la primacía de la libertad ya que son éstas las creadoras y sostén final de todos sus fines y propósitos.

El desacierto de nuestro periodista estrella es creer que existe una “supuesta” pérdida de Juan cuya ganancia es acumulada por Diego. Pero de eso no hay evidencia. De hecho, Ricardo Paredes, uno de los participantes en el estudio que cita Matamala, en los días siguientes a la publicación de la mencionada columna, se encargó de aclarar que la hipótesis del periodista es apresurada y que las diferencia en los resultados finales de Pedro, Juan y Diego pueden obedecer a múltiples factores, como preferencias y elecciones personales, no sólo elitismo y segmentación. Según los cálculos morales de muchos progresistas, no hay forma en que todos ganen y se empeñarán en buscar el chivo expiatorio a quien culpar por la desigualdad de resultados finales, sea esta una persona, clase social o circunstancia que ha frustrado el proyecto igualitario. Por el contrario, los que confían en las personas siempre pondrán el foco del análisis en las elecciones individuales y la primacía de la libertad ya que son éstas las creadoras y sostén final de todos sus fines y propósitos.

@Sandoval_Cristi

 

 

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