Señor Director,

Hay que entrar en razón. La idea que el proceso constituyente aún permanece abierto y requiere un cierre, es por mucho discutible.

En honor a la ley [articulo 142], a la honestidad y por último a una verdad seriamente comprobable, este cerró definitivamente sus puertas el 4 de septiembre de 2022. Ese día la ciudadanía dijo No abrumadoramente al proyecto de nueva constitución, junto con sufrir en carne propia que la paz social que el acuerdo político comprometiera, nunca llegó.

El acuerdo del 15 de noviembre de 2019, no lo olvidemos, era por “la paz social” y por “la nueva constitución” [un proyecto de Constitución determinado por y para algo]. El simple artículo gramatical “la” más el artículo 142 de la Constitución que nos rige determinó y caducó a este proceso constituyente en el plebiscito de salida. Este proyecto de “la nueva constitución” se aprobaría o rechazaría en un determinado momento y por conseguir algo concreto “la paz social”.

El acuerdo manifestó claramente que si triunfaba el rechazo, seguiría rigiendo la actual Constitución y, los acuerdos entre gente honesta se cumplen de partida.

Además, nadie puede desconocer que las opciones de las personas cambian en el tiempo, si no, ¿cómo nos explicamos que el actual Presidente tenga después de sólo 9 meses de haber salido electo, sólo un 30% de aprobación y a la baja?

La ciudadanía en el plebiscito de entrada del 25 de octubre de 2020, no optó por una nueva constitución, optó por revisar el proyecto de “la nueva constitución” que el acuerdo político le ofreció en un momento dado y con un fin determinado, para luego aprobar o rechazar en un plebiscito de salida según fuere o no servil a sus intereses y de su agrado.

Esta revisó el proyecto y no le gustó y lo rechazó contundentemente el 4 de septiembre, lo que no significa que querría de todas formas otra constitución. ¿Por qué? Sólo fue un ofrecimiento al cual la ciudadanía accedió, comprometiéndose a revisarlo y como soberana a decidir según su voluntad.

El plebiscito de entrada fue un ofrecimiento no una petición.

Los deseos y necesidades de las personas son cambiantes, lo que se quiere y se necesita hoy, mañana puede no quererse ni necesitarse. Por tanto, impera de los políticos saber interpretar según los tiempos, las razones y las urgencias y no, arrogarse a priori una supuesta voluntad que a todas luces no lo es.

Verónica Correa

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