La Inteligencia Artificial ya es una realidad en las empresas chilenas, y cada vez más se unen a la tendencia de adoptar la IA en alguno de sus procesos, ya sea por mejorar la eficiencia y levantar el negocio, o para generar ahorros que permitan mover la inversión.

De acuerdo a un estudio de MAS Analytics, un 28,3% de las empresas encuestadas declara estar en fase de implementación. Pero solo un 3,6% ha logrado escalar sus iniciativas de IA de forma transversal, con retornos claros y sostenibles.

De hecho, la mayoría de las empresas en nuestro país se encuentran en una fase más bien exploratoria de la adopción de esta tecnología. Un 68,1% de las organizaciones encuestadas se concentran entre etapas de exploración (42,2%) y pilotos iniciales (25,9%), confirmando que la IA ya está instalada en las estrategias del mundo corporativo, pero manteniéndose en fases de validación y pruebas.

“Esta distribución evidencia un entusiasmo creciente por la IA, pero una capacidad aún limitada para convertir iniciativas aisladas en transformaciones estructurales del negocio. Esta lectura se ve reforzada por el análisis cualitativo del estudio, a partir de entrevistas en profundidad a líderes y expertos, que permiten comprender las dinámicas organizacionales que explican la brecha entre exploración y escalamiento”, señala el estudio de MAS Analytics.

El desafío es convertir el potencial de la IA en impacto real

En esto concuerda la directora del Instituto de Data Science (IDS), de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Desarrollo (UDD), Loreto Bravo, quien señaló que “el impacto es todavía más individual que transformacional. Las personas dentro de las empresas están usando IA para tareas concretas, y eso puede generar eficiencias, pero no necesariamente se traduce en productividad empresarial si la organización no revisa sus procesos”.

De esta manera, aseguró que faltan varios pasos para decir que en Chile estamos avanzando. “Para que el impacto sea real, la IA tiene que incorporarse al menos en los flujos de trabajo y en la forma en que se toman decisiones. Hay empresas chilenas muy avanzadas, como se ve en el caso de los premiados por el Premio Nacional de IA, pero todavía no es la realidad de la mayoría. Por eso, sería cuidadosa con decir que estamos avanzando; estamos adoptando, pero aún falta transformar”, explicó Bravo.

Por su parte, Gustavo Arijón, Socio de Inteligencia Artificial y Analítica Avanzada de PwC Chile, indicó que “el impacto es real, pero está fragmentado. El verdadero partido no se juega en cuántas empresas usan IA, sino en cuántas están traduciendo esa adopción en valor real. El 20% de las empresas líderes captura el 74% del valor económico generado por la IA. La diferencia es que ellos no usan la IA para corregir procesos viejos, sino que la usan para rediseñar modelos de negocio completos”.

Y agregó que “en Chile estamos viviendo esa misma brecha. El Barómetro de Adopción de IA de la Fundación País Digital confirma que el uso local sigue concentrado en la eficiencia operativa táctica, pero carece de madurez estratégica. Hoy, quien no mueva la IA de la gerencia de TI a la mesa del directorio, se va a quedar rezagado”.

En este sentido, Francisco Rojas, director ejecutivo de Data & AI de Accenture Chile, matiza la idea de que la IA aún no entra en la estrategia de las compañías y afirmó que “lo que estamos viendo en Chile es que la Inteligencia Artificial dejó de ser una tecnología experimental para transformarse en una prioridad estratégica para las empresas. Según nuestro estudio «Digital Brain», el principal desafío es que muchas organizaciones tienen enormes volúmenes de datos, pero no necesariamente sistemas capaces de convertir esa información en inteligencia accionable. De hecho, el reporte muestra que solo un 2% de las organizaciones a nivel global ha logrado desarrollar capacidades avanzadas de IA de forma realmente escalable”.

El ejecutivo de Accenture agregó que “en Chile vemos un avance acelerado en automatización, analítica avanzada e IA generativa, pero el verdadero cambio es que las empresas comenzaron a entender que la IA no es solamente una herramienta tecnológica, sino que una nueva capacidad competitiva. Las organizaciones que logran integrar IA de manera transversal al negocio van a tener ventajas importantes en productividad, adaptación y crecimiento”.

Ahora bien, la académica, investigadora y directora del IDS de la UDD Loreto Bravo advirtió que si bien Chile aparece bien aventajado en algunos índices y reportes, “la verdad es que América Latina, en general, está bastante rezagada en inversión, talento especializado y adopción productiva. Entonces, vemos que Chile aparece liderando en términos relativos, pero eso no significa que estemos aprovechando plenamente el potencial transformador de la IA. Tenemos una posición de partida; ahora el desafío es convertirla en impacto real en productividad, innovación y transformación empresarial”.

A pesar de lo anterior, Chile ha logrado alinear tres elementos clave, según Arijón, que son una conectividad de vanguardia, infraestructura e institucionalidad. “El verdadero músculo es físico. Chile concentra el 15% de la capacidad total de data centers de América Latina con 166 MW operativos. Santiago ya tracciona el 46% de la capacidad regional. Esto nos posiciona sólidamente como el tercer mercado de la región, detrás de gigantes como Brasil y México. El país cuenta con la infraestructura crítica que permite procesar modelos avanzados de IA generativa a baja latencia desde territorio local”, explicó.

La deuda de la transformación digital

En este punto, si bien en Chile estamos entrando en un camino sin retorno en cuanto a la adopción de la Inteligencia Artificial, todavía quedan varios desafíos relativos a disminuir ciertas brechas, especialmente en lo que refiere a pasar de probar un piloto de IA a escalar esta tecnología a niveles más altos, que permitan generar un cambio sustantivo en los procesos de la empresa y, por qué no decirlo, tener la capacidad de crear un ecosistema de innovación.

Para Bravo, la principal brecha es la “deuda de transformación digital”. La directora del IDS de la UDD explicó que “muchas empresas quieren usar IA, pero todavía no tienen bien resueltos los datos, la integración de sistemas, la infraestructura y la gobernanza necesaria para aprovecharla. Esto pasa tanto en grandes empresas como en pymes. Además, falta liderazgo capaz de repensar el negocio y gestionar el cambio”.

Por su parte, Aguijón, de PwC Chile, concuerda con Bravo e indicó que “el mismo Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2025), elaborado por el CENIA y la CEPAL, que premia a Chile con el primer lugar general, nos da un baño de realidad: Chile ocupa el puesto 12 de 19 países en adopción de IA en la industria privada, con un puntaje crítico de apenas 39,3 puntos. Es decir, lidera en la teoría, en la política pública y en los cables de fibra óptica, pero el tejido productivo real no está capitalizando esa ventaja”.

El ejecutivo sostuvo que esto se debe a que las empresas compran herramientas de IA sobre arquitecturas de datos que no comprenden, generando pilotos caros y de bajo impacto. “Nos falta masa crítica de especialistas en I+D aplicada. En tanto, en el plano regulatorio, la discusión de la Ley de IA en el Congreso debe cerrarse con un equilibrio entre la protección de los datos, pero sin asfixiar la experimentación empresarial”, explicó.

Aquí coincide el gremio de la industria, la Asociación de Empresas Chilenas de Tecnologías de la Información (ACTI). Luz María García, su gerente general, insistió en que “la principal brecha está en la adopción productiva. Hay que poner foco en ciberseguridad, interoperabilidad, protección de datos, y regulación equilibrada. La IA necesita certezas, pero también espacio para innovar, y si regulamos sin entender la operación de las empresas, podemos terminar frenando una oportunidad clave para la competitividad del país”.

Otra deuda que tiene nuestro país es la formación y capacitación. Francisco Rojas, de Accenture, hizo énfasis en este punto, indicando que “Chile necesita acelerar la formación de profesionales en datos, IA generativa, automatización y ciberseguridad. Y junto con eso, avanzar en gobernanza, ética y confianza digital. La adopción masiva de IA no depende únicamente de infraestructura tecnológica, también requiere liderazgos capaces transformar la cultura organizacional”.

Cómo dar el salto al desarrollo de soluciones propias

A pesar de las brechas, las expectativas de los expertos son, en general, positivas, aunque guardando las dimensiones de lo que somos capaces de lograr. En este punto, desde ACTI son optimistas y aseguraron que “es evidente que Chile tiene condiciones para desarrollar IA, no solo para consumirla. Contamos con talento, centros de investigación, empresas tecnológicas, capacidad emprendedora y una industria que ya está creando soluciones para distintos sectores”.

Con optimismo también ven el futuro desde Accenture. Francisco Rojas afirmó que “Chile tiene una oportunidad muy concreta para transformarse en un polo regional de inteligencia artificial aplicada. Probablemente no vamos a competir con Estados Unidos o China en modelos fundacionales, pero sí podemos desarrollar soluciones especializadas para industrias donde el país ya tiene liderazgo global, como minería, energía, logística y servicios financieros”.

García, gerente general de ACTI, coincide y agregó que “nuestro país puede ser un polo regional de IA, pero eso exige atreverse, no solo conversar del tema como algo lejano. Necesitamos pasar a la implementación, con foco en productividad, confianza y desarrollo nacional”.

Por su parte, Loreto Bravo, directora del IDS, es más cauta. “Si hablamos de competir con los grandes actores globales en modelos fundacionales de IA Generativa, como OpenAI, yo diría que ese no parece ser el camino más realista para Chile. Requiere niveles enormes de inversión, cómputo, datos y talento especializado. Pero eso no significa que Chile no pueda desarrollar IA. Puede hacerlo adaptando modelos abiertos, haciendo fine-tuning para problemas específicos y creando soluciones aplicadas a sectores donde tenemos conocimiento y desafíos concretos. Además, en IA más tradicional Chile ya viene desarrollando capacidades hace tiempo. La oportunidad está en desarrollar IA que sea relevante localmente, no en competir frontalmente con los gigantes”, sostuvo.

En este punto, Rojas concuerda y señaló que “ahora, el desafío es incrementar la capacidad de ejecución. El desarrollo de inteligencia artificial requiere coordinación entre empresas, academia y sector público. Los países que logren construir ecosistemas colaborativos y formar talento especializado serán los que lideren esta transformación. Chile tiene las condiciones para avanzar hacia eso, pero la velocidad será determinante”.

Arijón, de PwC Chile, advierte que existe un cuello de botella en este punto. “Existen los cimientos, pero el salto al desarrollo no va a ocurrir por inercia. Es cierto que el país cuenta con la infraestructura de cómputo muy robusta y un ecosistema académico que, según el CENIA, lidera en publicaciones científicas per cápita sobre IA en la región. La capacidad técnica está instalada. El cuello de botella es la desconexión entre el capital y el laboratorio. Para cruzar esa frontera y pasar a desarrollar soluciones propias y exportables, hay aristas en las cuales trabajar: incrementar la inversión privada en I+D, copiar lo que funciona e inyectar capital de riesgo real en startups de base tecnológica y lograr que la alianza empresa-academia deje de ser un acuerdo de buenas intenciones y pase a medirse por resultados concretos, patentes y productos conjuntos”

En resumen: sí, tenemos brechas y muchos desafíos por delante. Aún así, estamos bien aspectados como país, lo dicen varios estudios e informes internacionales, donde Chile aparece liderando en lo cuantitativo. Lo que falta es dar el salto, atreverse y decidirse por invertir en Inteligencia Artificial y confiar en los talentos locales.

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