Esta columna iba a ser diferente, pero llegó octubre. Claro, íbamos a hablar de la inefable soa Bachelet y sus tan simpáticas maneras, sus felinas vidas y siempre presentes ansias de poder. Pero como una mami, se fijan, ella sabe lo que es mejor para todos y todo siempre lo hace por nuestro bien. Un día vamos a hablar de femineidad toxica, pero no hoy. Porque llegó octubre. Y parece que tenemos nuestra muy criolla versión de jalogüin anticipada, del día en que los espectros del pasado y monstruos varios salen de su cloaca para caminar por la Alameda.
El octubrismo parece tener más vidas que chuky, o alguno de esos bichos que no me gusta ver, después no puedo dormir. Así es que debo declarar que de películas de terror sé re poco, o sea, lo que vi en Chile no más a partir del 18 de octubre de 2019. Ese terror lo conozco bien, lo recuerdo, conozco a sus adalides y cómplices, pasivos y activos, sus mitos de origen, sus ídolos. Los recuerdo perfectamente, como imagino lo hacen muchos de ustedes. Y bueno, es verdad que Chile es distinto hoy, pero no para las alimañas de entonces y ahora que apenas llegado octubre, decidieron darse su vueltecita por su víctima favorita; el centro de Santiago. Mira, en toda honestidad, no sé ni me interesa ni todas ni cuantas organizaciones sociales convocaron a la marcha, pero a ver, piensen una; estaba. Estaban todas, las kalilas, las mojojo, todas. Y también estaba la misma impúdica frivolidad de toda la vida, porque esta marcha fue convocada por los recortes presupuestarios, antes que el Presidente anunciara como se venía el presupuesto de la nación. ¿Cómo lo van hallando? Yo te digo que tengo como estrés post traumático, pero además me impactan dos cosas; el que las tácticas no se hayan modificado en lo más mínimo y lo increíblemente falta de carisma que es la presidente de la FECH, Laura Mlynarz. Bueno, si se mete a hacer cosas de adulta, tendrá que bancarse críticas de adulta; yo ya estoy podrida de vivir en una sociedad en que se acepta cierto grado de adolescencia hasta como los 50 años. En fin, la cosa es que los orquitos de la Confech, decidieron marchar… ¿cómo era? ¡Matamala, di lo tuyo! Una marcha pacífica que terminó en un gran acto cultural… eso. O sea, en la realidad, destrucción, mugre, violencia, etc. Chiste archi conocido que, por su majadera repetición, no divierte a nadie. Pero lo peor vino cuando al pasar por el frente de la Casa Central de la PUC, un grupo de alumnos, gremialistas y de Solidaridad, se manifestaron en contra, de esta espontánea, lógica y democrática manifestación. Ellos sí, pacíficos. Estos cabros valientes recibieron su justo, merecido y muy democrático castigo; golpes, patadas, escupitajos, los corretearon, les quitaron sus lienzos y banderas, incluida la chilena, que rompieron con la rabia que les conocemos, aunque supongo habrá que darse con una roca en los dientes que no tuvieron a bien esta vez hacerse un enema con ella…
En una performance que enorgullecería a Mussolini, los arrinconaron hasta que desesperados tuvieron que buscar refugio en la universidad. Estas bestias grabaron todo, por cierto, imagino que para posteriores documentales y/o para saciar sus fetiches de “pitiarse a un facho”, del presidente pa’abajo, con la iconografía moderada y pacifista, también, de público conocimiento. Ah, por cierto, estas agresiones incluyeron a mujeres, cosa simpática porque estos son los grandes aliades del feminismo, ¿o no? Ah no, verdad, no somos todas las mujeres iguales.
Primero y antes que se me olvide quiero manifestar mi admiración y respeto por los alumnos de la PUC que decidieron manifestarse en contra de esta locura, pacíficamente ¡qué valientes son! Hace tiempo que no sentía esperanza ni orgullo de mi alma mater, gracias por eso también. Pero segundo, por orden, no por ser menos importante, esto es inaceptable, Esta violencia tiránica debe ser eliminada por completo de nuestra sociedad, para siempre y es ahora don JAK, ministro Arrau, todos, a quien más le hablo, ¡a todos! Los chilenos miramos estas cosas con hastío y asco, este es el momento para ponerse colorado una vez y no amarillo mil veces.
Cuando era chica, mis primos grandes hicieron un ciclo de películas de terror y yo no sé por qué, de copuchenta, seguro, me asomé y vi una sola escena, fue suficiente, no dormí más. Era la película Poltergeist, la escena donde sale la niñita rucia frente a la tele diciendo “ya están aquíiii”. Créanme, no vi más, fue suficiente, mi cerebrito hizo el resto. Salí corriendo, me dio mucho miedo. Algo parecido siento en este nuestro primer octubre con JAK de Presidente. No sé qué viene, pero el monstruo octubrista empieza a calentar motores y yo sólo me pregunto, ¿vamos a salir corriendo o vamos a apagar esta tele de una vez por todas?
