A veces pienso que debí votar por Jeanette Jara. Con ella, las columnas de sátira no conocerían la escasez. Mares, océanos de tinta y caracteres garantizados como fue con el gobierno del trotamundos, Gabriel Boric. Pero el gobierno de JAK no es así, o sea, pese a los esfuerzos detectivescos de la dupla Manouchehri-Cicardini, pese a los llantos de cocodrilo de losh artishtash por los retrocesos imaginarios, la verdad es que no se ha instalado una teocracia, no vivimos bajo un régimen conservador con una policía de la moral, pese a que algunos vean deditos imaginarios apuntándolos y no, no estamos ni cerca de marchar hacia Polonia. Y sí, ha habido humanos tropiezos de distintos tamaños, vale y el planeta no colabora, es cierto, pero nada que dé como para montarnos una opereta y arrepentirnos de lo votado. Lejos de aquello. Te diría incluso que estamos volviendo a un estado de las cosas que solo puedo describir como “fome”… ¿Qué rico o no? Y mira que han tratado, por clicks o lo que sea, de asustarnos, con que todo está mal y peor, que nadie sabe lo que hace, son todos lesos y la guinda con aquello de que el proyecto de reconstrucción recién presentado al Congreso es equivalente en algo al engendro constitucional de Apruebo Dignidad… en serio. Ya poh, pónganse serios, cómo va a ser lo mismo una Constitución que refundaba Chile y de paso institucionalizaba la revolución que un paquete de medidas para fomentar el crecimiento. Les recuerdo que el gobierno de Boric estuvo marcando el paso, por seis meses, esperando que les aprobaran ese su verdadero programa de gobierno, cosa que gracias a Dios no ocurrió. Acá, bueno, si pasa, estupendo y creo que así será. Si no, hay más ideas, quedan más de tres años por delante, calmémonos.

Yo echaba de menos un poquito de fomedad en nuestras vidas, si les soy honesta. En contraste la oposición, se quedó sin oferta, sin relato. Unos, los autodenominados “democráticos”, preocupados de cosas que anticipan su destino; la irrelevancia. Y los otros, FA y PC, del todo piluchos en intenciones, ideas ridículas y debilidad por la violencia, siempre prestándole adversativos a sus condenas. Aquí permítanme un paréntesis para solidarizar con don Fernando Villegas, que fue para tantos, faro solitario de honestidad y cordura en esos terribles días de octubre del 2019, una vez más atacado por la izquierda violenta de siempre. Un ejemplo más de estas semanas en que los muy democráticos, buscan silenciar con violencia lo que no pueden conquistar en las urnas.

El problema de la oposición es gigante, porque como dije hace muchas columnas, lo que tenían antes de ser gobierno, su gran capital, era una ilusión, una promesa, que iba más o menos así; “con nosotros todo mejorará, nosotros sí que sabemos cómo hacerlo todo”. Pero ahora, tenemos como evidencia sus dos años de oposición a Piñera II y sus cuatro años de pésimo gobierno. Sí, Chile es desmemoriado y generoso, pero no tanto.

Así las cosas, mientras esperamos que pasen cosas, permítanme recurrir a un fábula contemporánea, de esas que de repente me saco del unicornio.

Hace algunos años, mi prima la más bella, la mayor, se enfrentó a una decisión; to fome or not to fome. Déjenme lanzarles un poquito de contexto. La heroína de este relato es de esas personas que nacen bellas, onda que esa edad en la que a la mayoría nos crece el cuerpo por separado y las orejas o la nariz llegan antes que uno a cualquier invitación, bueno, eso a ella nunca le pasó. Sacó todos los genes; los ojos celestes, la piel tostada, el pelo negro, delgadita, etérea, imposible de detestar porque siempre fue un encanto, estudiosa, responsable, modelo a seguir para el resto, perfecta. Fue modelo un tiempo y todo, o sea, no es mi subjetividad hablando, palabra que no exagero, si algo, me quedo corta. Cuando empezaron los pololeos, sus primas (lado de su mamá) detestaban salir con ella porque solo les quedaba el rol de rémoras. Pero ella no pescaba mucho a nadie, por esas cosas de la inmadurez le gustaban puros pasteles, de esos buenos pa’l fernet y que llegan tarde a todas partes, y que les gusta demasiado escucharse hablar, ¿conocen a alguno? Coleccionó la pobre su buena docena de dichos individuos hasta que apareció un joven al que llamaremos Cris (¿pensaron que le iba a poner José Antonio? No poh, muy en la nariz). Y Cris era perfecto, dos metros de Cris, caballero, estudioso, bien portado, buenmozo, pero fome. No un poco fome, no como que una parte de la interacción social le moleste y la rechace, no. El hombre era categórica e inapelablemente fome. No bailaba y a ella le encanta bailar, era más bien tímido y no parlanchín y entrador como los pasteles del pasado, era además claramente más profundo en sus ideas y sentimientos. Justo cuando se disponía a patearlo por fome, su mamá le recomendó darle una oportunidad porque es justamente detrás de la cáscara de fomedad que sucede la magia de las cosas hechas para durar.

¿Qué creen que pasó? Ella descubrió que el hombre no era na’ tan fome o en realidad que en esa fomedad había una paz y una felicidad que no conocía porque para construirlas necesitaba de constancia y templanza, cosas que Cris tenía en abundancia. Hoy Cris baila algo en los matrimonios y juntos tienen una familia preciosa.

A veces en la vida, para construir cosas que importen, ante la duda, ¿to fome or not to fome? Hay que elegir fome.

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.