Huevos Swap con Caviar
(para siete AFP, un superintendente y un ministro)
6 huevos
50 g de caviar (del bueno, total lo paga otro)
3 cucharadas de crème fraîche
1 cucharadita de mostaza Dijon
1 atado de cebollín
12 blinis
1 limón
Mantequilla
Sal y pimienta
¡Once mil millones de dólares, señores! Y no de pesos, de dólares, de esos verdes que cuestan sudor. Esta semana nos enteramos de que las AFP, las mismas que llevan años repitiéndonos que andar cambiándose de fondo es un acto de azar, se fueron al casino de Wall Street con la plata de los que están a punto de jubilar. Apostaron a que las tasas en Estados Unidos iban a bajar, firmaron unos contratitos llamados swaps donde recibían tasa fija y pagaban variable, y las tasas, porfiadas como mono, subieron. Resultado: más de 11.600 millones esfumados en lo que va del año y el Fondo E, el conservador, el de la abuelita, cayendo más de un diez por ciento real. Conservador mis polainas.
Y como en Chile nadie pierde la micro, ahí apareció Parisi pidiendo que rueden cabezas, el diputado Araya juntando firmas para una comisión investigadora y hasta la UDI queriendo sentar al superintendente frente a la Comisión de Economía. El superintendente Cortez, por su parte, se declaró “preocupado”. Don Joaquín, uno se preocupa cuando se le quema el arroz, no cuando le pasan once mil millones por debajo de la nariz. Y para rematar, desde la industria hubo quien explicó que esto no es pérdida sino una “valorización económica”. Hay que tener cuajo. Con ese criterio, mi tarjeta de crédito tampoco es deuda, es una valorización negativa de mi patrimonio.
Pero el invitado de esta semana es otro: el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. Ya sé que la Superintendencia de Pensiones no cuelga de Teatinos 120, no me escriban, pero cuando la economía se resfría, el que tiene que traer el termómetro es Hacienda. Y el ministro no ha tenido una semana para enmarcar: rebajó el crecimiento a un 0,7%, explicó con toda calma que “esperábamos un crecimiento del orden del 2%, sin embargo, no ocurrió”, pidió 25 mil millones de endeudamiento y, cuando habló de recesión minera, sus propios colegas Mas y Rincón le cerraron la puerta en la cara. Ministro, cuando su propio gabinete le lleva la contraria en público, algo anda mal en la cocina.
De ahí el plato de esta semana: Huevos Swap con Caviar. Porque un swap es justamente eso, un intercambio: usted saca la yema, que es lo barato y lo seguro, y la cambia por caviar, que es caro y brilla harto. Funciona espléndido mientras el caviar está fresco. El problema es cuando se echa a perder y la yema ya se la comió otro.
Que el ministro Quiroz ponga los huevos en agua fría y, cuando hierva, cuente diez minutos, ni uno más, que ya sabemos lo que pasa cuando las proyecciones se pasan de tiempo. Que los enfríe en agua con hielo, los pele y los corte a lo largo.
Ahora viene el swap. Que el superintendente Cortez saque las yemas con cuidado, que esta vez sí fiscalice de cerca, y las muela con un tenedor junto a la crème fraîche, la mostaza, sal, pimienta y unas gotas de limón. Que el diputado Araya, que anda con tantas ganas de investigar, revise que no quede ni un grumo y rellene las claras. Mientras tanto, que los gerentes de las siete AFP calienten los blinis en un sartén con un poquito de mantequilla, poquita, que ya han quemado bastante.
Y llega el momento solemne: el caviar. Ese lo pone el ministro, con cucharita de nácar porque el metal le cambia el sabor. Ojo, ministro, mida bien, que el caviar es como la exposición a tasas: las AFP la duplicaron en cinco años y ahora no hay cómo devolverla. Termine con cebollín picado fino y sirva sobre los blinis.
A la mesa. En la cabecera, el ministro Quiroz. A su derecha, el superintendente, todavía preocupado, y a su izquierda el biministro Mas, por si hay que contradecirlo en vivo. Los gerentes de las AFP al fondo, ojalá en el Fondo E, para que sientan en carne propia lo conservador que es. Y en la puerta, mirando sin poder entrar, los futuros jubilados, que pusieron los huevos y no alcanzaron ni a oler el caviar.
Ministro, usted que se tiene tanta fe, le pido una sola cosa: menos pronósticos optimistas y más ojo con la plata ajena, porque la confianza, igual que el caviar, se echa a perder rapidito. Acompáñelo con un espumante bien helado, a ver si las burbujas le levantan el ánimo a la economía, porque los números no lo están haciendo.

Hubo muchos Ministros de Hacienda que destinaron cuando el hueco con caviar rentaba …
Festinaron y huevos – maldito corredor