Cuando yo era chica, mi tía, personaje estable en estas columnas, se fue a trabajar un año a Montreal. Entonces yo aparecí por allá, desde luego, era que no, con un número inconfesable de maletas y todas las expectativas del mundo. Era nuestro verano y, por supuesto, el invierno de ellos, de nieve y calefacciones tórridas y me impresionó muchísimo. La gente salía abrigada como hijo único, solo para mutar al piluchismo indoors. Yo que aún era por esos años víctima de la panty de lana a la que mi mamita le tenía tanta fe, no lograba comprender estos cambios radicales de vestuario. Pero chita que funcionaban! Y nadie renunciaba al estilo personal por estar sepultado en capas y capas de parkas bastante menos estéticas. Ahí sentí mucho primer mundo, fíjate. Era lindo Montreal. Pero de todas las cosas, una la recuerdo con más persistencia: el emblema de la provincia, que se paseaba por todos lados en las patentes y en los edificios del gobierno regional; Je me souviens, que podríamos traducir como “yo recuerdo”. Para más encanto, estas tres potentes palabritas tenían toda la onda de tener un origen desconocido. O muchos posibles orígenes, que viene a ser más o menos lo mismo. Algunos decían que venía de un poema, otros que se trató de los entusiasmos de un arquitecto comisionado con los edificios del gobierno. Con interpretaciones más o menos beligerantes, había una sola coincidencia: el emblema invitaba a los quebecos a recordar su historia. La cual, como ya podrán intuir, los había dejado hablando y peor, sintiendo, en dos idiomas (y maneras de pensar, me pareció a mí). Ya estoy escuchando a mis amigos franceses y sus críticas respecto del quebecois, pero, con todo lo que los quiero, sosiéguense, en serio, no es el punto de esta columna. Merci.
La memoria personal y colectiva es un tema que me ha maravillado desde entonces. Imagino que habrá personas que lo tienen más resuelto, pero el resto de nosotros hace lo que puede con lo que le ha pasado. A mí me quedaron muy pegadas estas tres palabras. Onda que, si pudiera hacerme un tatuaje, lo haría. Luego RECUERDO el rostro de mi madre y se me pasa. ¿Ven? La frase es así de buena.
¿Por qué los llevé a ese recuerdo que tiene como 25 años? Bueno, porque este jueves se cumplieron 3 años de ese 4 de septiembre que lo cambió todo. ¿Ustedes lo recordaron? A veces nos perdemos en contingencias, chicas medianas o grandes. Imagino que es normal porque cada día tiene su afán. Sobre todo cuando las contingencias han estado tan re feas y cargantes como las nuestras. Sin embargo, un pueblo que olvida y rebota como un conejito de crisis en crisis parece muy condenado a repetir las circunstancias que lo depositaron en esos terribles momentos. Ustedes me dirán, en su mejor chileno, “ya, pero dale más color”. Créanme, me pasa entre mi propia familia y amigos. Y también hay algo de querer olvidar, me imagino. Capaz yo también podría sumarme a los esfuerzos amnésicos, si no fuera porque las fuerzas que nos tenían con las patitas colgando hacia el abismo, siguen más vivas que nunca, tienen hasta candidata a la presidencia y muchos candidatos al parlamento. Si no fuera porque los anhelos refundacionales siguen ahí, aleteando en los corazoncitos de políticos, académicos y astishtash de toda estofa. Si no fuera porque cada tanto al más obtuso del lote se le escapan nuevas amenazas. Y si no fuera porque no puedo olvidar que casi perdimos Chile. Je me souviens de tout.
¿Ustedes qué sintieron ese 4 de septiembre? Yo pensé que sentiría la cosa efervescente esa del triunfo. Como del triunfo del equipo de uno. Y eso que soy de la U… pero no. Sentí un alivio medio metafísico. Como si una alarma cósmica, de esas hinchaesferas, al fin hubiera dejado de sonar.
62% de Chile al fin volvía a hallarse, pero eso no quiere decir que no pueda perderse de nuevo. El 4S no solo debiera invitarnos a recordar ese momento puntual, sino todo lo que vino antes y después, especialmente en este año de elecciones.
Esta pitonisa hace votos por la memoria de Chile. Sí, la memoria, no es patrimonio de la izquierda. Y seguiré en mi minúscula cruzada por celebrar el 4S, obvio que sí. Otseah, les digo desde ya que, además, es el día nacional del vino chileno. ¿Ven? El Pulento no anda jugando con estas cosas. Si usted no lo celebró, no importa. Este domingo puede hacerlo y de pasadita péguese una recordá, pero de esas buenas. ¿Quién, cómo, dónde, por qué y qué pasó después? ¿Se acuerdan que distinto era Chile con voto voluntario? Puchas, que les puedo decir, por suerte ahora los rotos también votamos.
Estoy segura de que, si damos esta pelea por la memoria y también la cultura, si volvemos a recordar esos días, va a ser re fácil votar y poner a cada payaso en su circo y cada octubrista en su barricada. Y en la Moneda por fin, a alguien que no solo nos diga que habita el cargo para sí mismo, sus amiguis y su barra de un tercio de Chile.
Por eso, mi Chile querido, espero que celebres y que recuerdes, en el idioma que sea.
Feliz 4S!
