AGENCIA UNO

Cuando yo era chica, mi papá tenía su oficina en el centro. Era ahí donde había que tenerla. Yo sé que, si le cuento esto a mis sobrinos y ahijados, me mirarían con los ojos redondos sin ser capaces de comprender a qué centro me refiero, ¿el centro de qué? ¿Dónde queda eso? Y es que mis pequeños pandemmials nunca han ido al centro, no saben qué hay o por qué querría uno ir a meterse a un lugar así. Claro, yo hoy tampoco voy, pero cuando terminaba el siglo pasado y empezaba este, el centro era entretenido. Bueno, ir a ver al papá en obra, siempre era un evento, pero además, después de contemplarlo un rato leyendo El Mercurio entero y recibir yo misma los cuerpos ya leídos, había muchas cosas que hacer; ir al cine, al municipal, a comprar calugas en Tenderini, al café colonia, especialmente en Navidad, a comprar zapatillas de ballet, a saludar a Santa Rita y San Agustín, a comer a restoranes que parecían sacados de una película, o al final del verano tomar la foto que documentaba nuestro crecimiento (por eso años, aun vertical) y los domingo a comprar pequenes. A mí me encantaba el centro. Había algo muy bonito en toda la experiencia y era que servía como un crisol de la sociedad chilena y podías encontrarte con todo tipo de personas comprando camotillo en una confitería, un día cualquiera. Y si a uno le gusta como a mí, observar al prójimo, no había mejor lugar para hacerlo. Modas, tendencias, modismos, hasta maneras de caminar y de comportarse, todo eso y más se desplegaba por esas calles. ¿Quizás estoy idealizando un poco? Quizás como dijo el diputado Winter no hay que ponerle tanto color ni sufrir por su destrucción, si tampoco era Praga…. No creo que Winter haya caminado por el centro de Santiago una mañana de sábado, justo después de una lluvia otoñal. Me parece que era mejor que Praga, porque era nuestro.

Fue más o menos cuando tenía como 9 años, un día de semana cuando empezaban las vacaciones de verano. Me llevaban a la oficina de mi papá para luego almorzar en El Naturista y después ir al cine. No me acuerdo exactamente en qué calle fue, pero debe haber sido en el paseo Ahumada. Como era verano, no había tanta gente. De repente se escuchó el grito de una mujer y como una tromba, lo que todos entendemos como un lanza. Todo esto pasó muy rápido, pero muy rápido, imagínense verlo venir desde la izquierda y pasar por delante solo para encontrarse de frente con unos carabineros que estaban justo doblando por la esquina siguiente. Lo derribaron, soltó la cartera que había robado recién y que la víctima venía reclamando una cuadra antes. Pero aquí entra el personaje que inspira esta columna, no una persona, en realidad un arquetipo; una mujer, más bien una plañidera, que empezó a increpar a los carabineros; “¡suéltenlo! ¡Pobrecito! ¡No le pegue!”. Créanme, no le estaban pegando. Pero los que han tenido la dicha de contener físicamente a alguien que no quiere ser restringido sabrán que no es precisamente una coreografía; es caótico, no es bonito y, ¿saben que más es? Necesario. A esta mujer se sumaron alegremente otras, que llegaron después, que no estaban presentes cuando se inició el incidente, nada. No parecía conmoverlas la víctima del robo, en cambio “el joven”, ese sí merecía toda su compasión. No sé qué pasó después porque ya me tironearon , había que moverse pero ese recuerdo, esa escena, se me ha aparecido muchas veces en la vida, porque a mis 9 años me pareció de una injusticia terrible que hubiera gente protegiendo y defendiendo al victimario y no a la víctima. Se consolidó en mi cabeza este arquetipo de la VDM (Vieja de m…) pero con el tiempo he comprendido que si bien las mujeres lo padecemos con más frecuencia, no se necesita ni siquiera ser mujer para encarnarlo, tampoco hay que tener muchos años. Mucho de lo que el progresismo nos ha traído es justamente la “gesta heroica” de este personaje. Cuando me hablaban de “violencia presencial” de Carabineros mis amigos ultra progres abc1, cuando me decían cosas de un paternalismo y un clasismo brutal como “ay, si yo viviera como ellos, capaz también lo quemaría todo” o joyas como “el niño que no es abrazado, cuando grande quemará la aldea” …lindo, se veía tan profundo en las redes sociales, pero, ¿y los aldeanos inocentes quemados? Un cuarto de siglo después se me aparecía clarísima la VDM de mis 9 años, esta vez con un matcha latte con un suspiro de lavanda en una manito y un iPhone en la otra. Pero era la misma sombra, esta suerte de femineidad tóxica, de compasión convertida en un reflejo, sin pasarla por el filtro adulto de la razón y la justicia. No, un reflejo no más, igual que el vómito. Que además les permite reclamar una bondad y una credencial de ser humano aceptable en los salones.

Sigo preguntándome, al igual que hace ya tantos años, ¿qué le espera a una sociedad que no es capaz de distinguir a las víctimas de los victimarios? Súmenle que hoy, el victimismo, impostado, falso, de nuevo, otra credencial, es más un sentimiento y un arma. Una especie de carta blanca para cometer el retroceso civilizatorio más trígido de los últimos años: eliminar la presunción de inocencia.

¿Por qué me acorde de eso? Bueno, por todo el debate y los llantos de las VDM de todas las edades y sexos a raíz de la visita de JAK al CECOT de Bukele. De vuelta con la letanía de los Izquierdos Humanos, perdón, Derechos Humanos, que pobrecitos, imagínate que después de haberse pitiado a familias completas, haber abusado, violado, desmembrado, van a tener que estar encerrados todo el resto de sus vidas, limpios, ordenados y alimentados pero con poquita proteína y sin derecho al ocio… ¡imagínate, dónde vamos a parar! Me pareció tan extraño además porque las veces que yo he estado frente a criminales, asesinos, etc., lo que me han transmitido es algo muy distinto, otseah, me sentí presa, no reclusa, sino más bien, herbívora frente a un depredador. Me saltaron todas las alarmas instintivas, entones yo me pregunto, ¿cuánto te tienen que haber lavado la neurona con ideología para que suprimas eso siendo una mujer minúscula? Bueno, este gobierno feminista nos ha mostrado en los hechos cuanto les importa la seguridad de las mujeres, justamente las primeras en llorar por los derechos de los criminales. Quizás debiéramos mostrarles un par de fotitos de los que los jóvenes le hicieron a sus víctimas para que empiecen a considerar que darles porotos todos los días no es en realidad una violación de sus derechos fundamentales.

Esta pitonisa está preocupada por este arquetipo que en su mutación progre puede hacernos mucho daño. Porque restablecer el orden y el respeto a la autoridad no va a ser bonito. No se trata tampoco de pedir aquí represiones brutales, no pues, eso se lo dejamos a las dictaduras de izquierda que tanto le gustan a la coalición que aún gobierna. Pero cuando llegue JAK va a tener que ponerse colorado una vez, a la primera barricada y dejarles caer toda la justicia que tengan. Porque si no, como hongos después de la lluvia vamos a llenarnos de VDM, de operetas y de mentiras. Y los que votamos por el orden y la justicia vamos a tener que hacer oídos sordos a los chillidos de esas sirenas y aguantar y apoyar; firmes y dignos.

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