Concluyó tras seis meses el Congreso Ideológico del Frente Amplio. Había expectación mundial por conocer las ideas que iban a salir de lo que algunos denominaban el Big Bang de cerebros de la era moderna. Era como un Davos, pero en versión Temu. Llegaron los Locos Addams, Piketty, el juez Garzón, Evo y las Kardashians, que no se pierden una. No pudieron llegar Rojas Vade, que presentó licencia; Maduro, por razones que no quiso explicar, y los delegados de Norcorea y Cuba, que no les permitieron salir de sus países ante el riesgo de que no volvieran.

Animado por el humor de Copano, las coreografías de Las Tesis y letras de neón de los auspiciadores en el pecho desnudo de Mon Laferte, el evento reunió a congresistas que llegaron desde la toma de San Antonio hasta Temucuicui. Faltaron varios que decidieron protestar contra un evento que consideraban elitista y poco inclusivo. La entrega del borderó final estuvo a cargo de la mejor directora de presupuesto de la historia, que no alcanzó a tener los números para esta columna.

El trabajo se desarrolló a través de comisiones temáticas, en las que sus miembros se tomaron su tiempo para habitarlas. La primera, que era la más populosa y con mayor presupuesto, se denominó “Comisión Decrecimiento” y terminó exitosamente sin plata ni gente. La de Relaciones Internacionales, presidida por el exsubsecretario Ahumada, analizó una “side letter” para la Carta de Naciones Unidas, que de alguna manera se consideró que comprometía la soberanía nacional. La comisión más escuálida era la de Permisología, presidida por el exjuez Muñoz. Despertó gran interés, pero muchos fueron los llamados y pocos los elegidos. Inscribirse era un lío de trámites, cualquiera podía oponerse a todo y las máquinas de reconocimiento facial las instaló la misma empresa de los tótems del aeropuerto y no funcionaron. Esta comisión, gracias a las miles de observaciones y adendas y un fallo justiciero de Muñoz, molesto por la desidia de los demás, no pudo concluir su labor y continúa trabajando hasta el cierre de esta edición. La comisión de Economía -en honor a una columna de un colaborador de El Líbero- se hizo la pregunta que ha acosado a nuestra nación: ¿estamos o no hasta el Piketty?, y se dedicó a planificar encadenamientos productivos, concluyendo recomendar armar televisores en Arica y autos en Los Andes en vez de importarlos; mal que mal, el litio está en Chile.

Finalmente estaba la comisión de Cambio Climático, donde, por consecuencia, los asistentes se vinieron caminando, de manera que empezó tarde y el primer acuerdo fue apagar la calefacción, lo que hizo que varios distinguidos miembros sufrieran de hipotermia. Esta fue particularmente severa respecto de las damas de Las Tesis que andaban en topless, porque el cuerpo es de ellas y pueden hacer lo que quieran, rechazando por machista la oferta de un abrigo que hizo un asistente varón, el cual fue funado y obligado a abandonar la reunión. La comisión, gracias al frío reinante, llegó a acuerdos rápidamente: el primero fue protestar por la merma de osos polares en la Patagonia producto de las represas, que contó con el entusiasta apoyo de los delegados de Alto Hospicio, para quienes el tema era prioritario; y el segundo fue proponer que nuestro país deje de importar petróleo porque está caro y genera inflación. La más entretenida, como siempre, fue la comisión de Diversidad Sexual, que terminó en una fiesta de aquellas, donde solo faltaron los zoofílicos, que se fueron a pasar el bajón al Buin Zoo. Las comisiones de Trabajo, Pensamiento Crítico y Racionalidad Económica no sesionaron por falta de quórum.

El debate calificado como “amplio, paritario y vinculante” llegó a un acuerdo sorprendente: se declararon “socialistas”. Valió la pena el esfuerzo para alcanzar una conclusión tan deslumbrante como novedosa, algo que nadie habría aventurado con anticipación. Finalmente, y para cumplir con las disposiciones de la comisión de “fake news” de Camila, aclaro que en esta columna cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia y que es el resultado de un delirio onírico producto de una influenza mal tratada porque, siguiendo las recomendaciones de la comisión de salud del FA, me declaré antivacunas.

Esculapio

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