Espero que todos estén abrigaditos, secos, sin problemas y que la mayoría de Chile también lo esté o en proceso de estarlo. Y es que tras meses de mentirnos más que político en campaña, los meteorólogos le achuntaron, pero con toda la furia, medio a medio. Nos costó creerles más que en otras oportunidades porque esto del niño godzilla, el niño King Kong, el río atmosférico que llevaban meses anunciando, como que no quería llegar y lo que llegaba a la capital, era un rocío suave que no alcanzaba a lavarme el auto. Era medio excesivo, un poco como Pedrito y el lobo. Ya al final los pobres no tenían qué cara poner para que les creyéramos y nos sosegáramos y nos dentráramos. En ese orden.

Así las cosas y sin mucho más que hacer, me dediqué a ver en qué estaba la batasha cultural y prendí la tele, la tele normal de toda la vida, canales nacionales. La verdad tengo las cicatrices infantiles que vienen en el paquete junto con la nacionalidad chilena respecto de las catástrofes; uno pone la tele, la radio y nos unimos en nuestra sempiterna precariedad compartida frente a la naturaleza intensa que nos tocó en suerte. Nada más chileno. Ahora, me dirán ustedes, dónde estaba yo viendo la batalla aquella, porque no está ahí, no todo es batalla cultural, poh mijita, cálmese. Permítanme hacer el caso, total, todavía falta para la final. Por cierto, ¿a quién le van? No sé, este mundial ha sido de mucha mufa, prefiero no decir quién quiero que gane.

En fin, los canales empezaron tempranamente con sus alertas. Los meteorólogos de los respectivos canales con caras cada vez más afligidas, dando estos titulares grandes, inmensos para ver si lograban que despabilásemos. Cierto es que somo un pueblo cada vez más difícil de impresionar. Punto para ellos. Rápidamente dieron cuenta, también, de como el gobierno de JAK se movilizaba, con alertas tempranas, vocerías sobrias y precisas y hartas alertas a los celulares. Y aquí empiezo mi punto; ¿ustedes se acuerdan de lo distinto que era este tipo de adversidades mientras enfrentamos la adversidad mayúscula de tener al gobierno de Boric? ¿Se acuerdan lo que era? Esta sensación de estar solos en la casa, si además era fin de semana largo, la plana mayor del gobierno, not found, cada vocería era peor que la otra, desde las personalidades más rutilantes como la ministra que nos mandó a juntar agua en la lavadora (¿la podré botar ya?) a unos funcionarios de tercera o cuarta línea que eran como ese compañero de colegio que salía a las presentaciones súper mal preparado y una voz monocorde. Pa’qué decir de los resultados de esas evacuaciones, y salgamos del tema de esas reconstrucciones. Bueno, en esta ocasión no hubo nada de esto, que me dio tanto material. Nop, hay que asumirlo, lo que JAK ha traído a esta tierra es una Fomecracia. (gracias a Dios). Y aquí les engancho la batalla cultural, porque en estas condiciones, ¿qué hizo la prensa? Volvió a viejas practicas más folclóricas como la notera paliducha, con varias parkas y botas de agua, sumergida hasta la cintura en lo que antes era una calle como cualquier otra; el reportero preguntándole a la “vecina”(está de moda este apelativo) que porqué construyó la casa al lado del río o de una quebrada o de una roca gigante y que normalmente, ante la negativa de evacuar, cierran con un “empatizo, pero no la entiendo”. Los triciclos cruzadores, los mismos pasos bajo nivel que se inundan prácticamente desde el advenimiento de la república y los inefables y perennes basurales ilegales que obstruyen cualquier drenaje posible. A ratos un remake de alguna película de Pasolini, con la pantalla dividida en 6 cuadritos, todos igual de mojados, con titulares provocadores; “vecinos usan una balsa para cruzar la calle”. Los vecinos tenían 15 años y estaban jugando, lo sé porque eso dijeron cuando los entrevistaron, pero que la verdad no se interponga entre el público y una buena nota. Y mi favorito personal, el periodista de trinchera, el periodismo de apostolado, vocacional, que llevó a un hombre adulto a transmitir volando como volantín con un viento de varias decenas de kilómetros por hora ¿Era necesario? Obvio que no, pero el hombre lo estaba dando todo en esa transmisión.

Los grandes clásicos periodísticos de todas las infancias han regresado. ¿Por qué no los vimos durante el gobierno de Boric? Porque cuando el miedo es distinto, es otro, no hay espacio para estas prácticas; ahí estábamos todos bastante más serios, con las uñas mordidas, perplejidad y rogando a la Virgen del Carmen que no nos vaya a caer además un temblor, porque bueno, es Chile. Cuando tuvimos a nuestro propio pequeñito Luis XV, o en este caso, Gabriel I, costaba sacarlo de su Versailles y cuando salía, la verdad es que nunca transmitió mucha tranquilidad. Todo aquello de la realidad y la gestión, esos afanes de nosotros los fascistas.

Esta pitonisa prefiere vivir en un Chile fome, que cuando hay desastres naturales pueda concentrarse en ellos, incluso si eso incluye los excesos periodísticos; los extrañaba incluso, los prefiero. Que pase luego este diluvio, tal como pasó el gobierno anterior y que gane el más mejor.

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1 Comment

  1. Excelente, muy certero y entretenido relato de nuestra TV criolla. Solo un pequeño aporte, no existen los «desastres naturales» , hay riesgos de la naturaleza, que se pueden transformar en desastres por falta o ausencia de gestionar los riesgos ex antes……

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