No fue la inefable escena de un hombre grandote con una manguerita (combatiendo el fuego, malpensados), tampoco fue la compra en castaño oscuro en una cola de la feria. Menos aún fue porque tratara de quejumbrosos a los agricultores, no, no. Ni siquiera fue porque cada vez que hablaba de alguna cosecha parecía estar descubriendo la planta por primera vez y se lanzaba en descripciones casi naturalistas de las papas, por ejemplo. Nada de eso fue lo que eliminó de este verdadero reality show que es el gobierno de Gabriel Boric, al ministro de Agricultura. Dizque “le aceptó la renuncia” (sic) al ahora exministro, Esteban Valenzuela. No me voy a hacer la cucha, en mis familias hay agricultores y quizás debiera entregarles esta parte de la columna a ellos, para que le hagan un par de dedicatorias al saliente ministro. No sería precisamente una oda. Baste decir que para aquellos que somos capaces de distinguir una cereza de una frambuesa, cada uno de sus dichos, en ese tono de trovador setentero, con voz rasposa y la cadencia de quien nos revela una profecía, caía en el mundo del agro con el mismo encanto de las uñas sobre un pizarrón. Y fíjate que no fue su desempeño el que terminó por sacarlo del cargo al que se aferró con todo lo que tenía. No, no, ese no es el estilo de un gobierno que nadie podrá acusar de estar orientado hacia la excelencia. No poh, a nuestro buen, hoy exministro, lo saco una rencilla política. Una bastante ordinaria, cuma, terrible, en mi opinión. Sip, porque de la nada, desde el partido de Valenzuela, (ese regionalista y verde) surgió la segunda lista parlamentaria, que desarmaba la yenga a la que quería jugar la coalición que aún está en el poder. Y eso sí que no se hace. O dicho en mi mejor chileno, cuando es weveo es weveo, cuando es repartija de poder… no pueh.
Como ya estábamos en esto, Marcel, aprovechó el vuelito, como cuando un carrete está pésimo y uno cacha que ese amigo de poco aguante anuncia su retirada y se suma a pedir el Uber, bueno, así mismo, presentó su renuncia también.
Tanta fe que le tenía alguna gente a don Marcel, que “el adulto en la habitación”, todo aquello, de tiempos más inocentes. Yo siempre pensé que si estaba dispuesto a pararse al ladito del Frente Amplio y el PC sería por algo. Pero filo, espero que él y Carolina se peguen unas buenas vacaciones, sabí. Como que me los imagino al lao de una chimenea, sirviéndose alguna cosita, con música de Jim Croce de fondo, riendo al ver a la Jaraneta empantanada en las complejidades de un programa antiguo de siete páginas… un final feliz.
Bueno, hoy, nuestro flamante nuevo ministro de Hacienda es… Nicolás Grau. Te juro. O sea, yo tengo imaginación, pero los guionistas celestiales están detonados. Sip, ese portento de la economía, organizador de eventos y pichanguero fino, llega a conformar un dúo estelar con Javiera Martínez. Si usted es creyente, este es un estupendo momento pa empezar a rezar.
A lo lejos se escuchan las ratoniles patitas que pululan en la Moneda, buscando sus chalequitos salvavidas, para lanzarse al océano electoral. Otseah, es del todo sorprendente que la vocera y el ministro de educación, que son comunis… !Perdón! Socialdemócratas, no estén ya lanzándose de guata al comando de la Jaraneta. Pero tranquilos que la noche es joven y capaz se vienen más cositas.
Y es que así estamos, asistiendo al espectáculo patético de un gobierno que espiritualmente terminó el 4 de septiembre de 2022 y hoy a casi tres años de esa maravillosa fecha, su esqueleto medio pútrido se desmorona frente a nuestros ojos. Bueno, la dignidad jamás ha sido lo suyo, después de todo pensaban que era una plaza.
Durante la televisada ceremonia en que los unos se iban y llegaban los otros, con SE, como siempre en sus despliegues histriónicos, se vio esta vez en los asistentes, la mueca de la caña moral tras años de una farra distorsionada. Era la Moneda, la de siempre, pero fíjate que la encontré descolorida, vacía, con gentes un poco pálidas, feas y cansadas. Como que no estaba quedando nadie, el puro señor que sabe usar la fotocopiadora y dos o tres personas más.
¿Se acabó este gobierno? Cualquiera que haya visto una película de zombis, sabe que la respuesta es “no”. Pero sí, se acabó. Digamos que bastante pero no lo suficiente. Es decir, no tentemos al destino preguntándonos cuánto daño pueden hacer en siete meses, porque para qué nos vamos a hacer esa maldad. Esa es una cosa pero, peor aún, la espora de éste gobierno, Jeannette Jara y su banda, siguen ahí en carrera, aunque medio apaleados (85% a manos de sí mismos) pero siguen ahí. Y si algo nos debieran haber enseñado estos últimos seis años, es que a veces pasan cosas. Eructos de la historia, como este gobierno.
Por otra parte pensar que de perder el poder, todo este ramillete de talentos van a aceptar su destino y se van a ir tranquilitos a su casa, a buscar pega en el sector privado o a ser una oposición semi decente, es de una ingenuidad que en adultos tiene otro nombre. Todos debiéramos tenerlo muy claro.
Esta pitonisa ya está haciendo rayitas en las paredes, contando los días para que este gobierno zombi por fin termine, pero ojo piojo, incluso en nuestro mejor escenario, haríamos bien en recordar los cuentos de nuestra infancia, observar con cuidado y aprender del viajecito que nos pegamos estos últimos años. O dicho de otra manera; colorín, colorado, este cuento aún no se ha acabado.
