¿Cuánto falta para el próximo 18? Ya lo echo de menos. Se nos fue el año, como dice la gente, se viene la Navidad, se acabó. Y como este año no nos tocan elecciones, como que la política entera está como post 18, poquito hinchada, reteniendo líquidos, medio fofa. Y es que, no sé si les pasa, pero como que los de allá y los de acá estamos mirándonos de lejos, viendo las mismas cosas con interpretaciones súper distintas. Y seguido de eso, viene un agobio y una suerte de resignación, como que la vida de aquí en más va a ser siempre así parece. Si ustedes tienen la dicha de contar como yo con amistades frenteamplistas, artishtash y gente llena de bondad, en general, estamos prácticamente en el Berlín de 1938. Todo es terrible, todo está mal y sus esfuerzos por dar ejemplos de aquello, lo dejan a uno como esperando el remate de un chiste que no llega. Como esa amiga, que todos tuvimos que jura que todos le tienen envidia y es esa la fuente, la raíz, el origen de todos sus males. Todos sabemos que no. Ustedes leen esto y sin conocerla, saben que no, pero ¡qué diantres!, no hay cómo hacerla entender, los seres humanos somos animalitos bien curiosos. Así mismo uno se queda encogiendo los hombros, sin muchas más expresiones faciales frente a tanta fallida “dictadura” llorada en redes sociales desde el iphone más reciente y con matcha latte y dos suspiros de lavanda en la manito. Que pobrecita la mami Bachelet, dramático, lloremos. Que el escudo de las Américas, tremendo, ¿Dónde habré dejado mi cafecito?, vivo perdiéndolo. Que qué espanto que al ministro Arrau le guste más estar en terreno que ir al Congreso, que cosa más iliberal, antidemocrática, espantosa… sí, dale, terrible, lloremos. Que la economía, que la patria, todo viniendo de quien viene…qué les puedo decir, me impresiona repoco.
Y ahora, que el gobierno solo fracasa, que renuncie el ministro García Ruminot porque la ley antibarricadas 2 no se aprobó ni aquella de los migrantes. Pero aquí como que me bajó la empanademia, o algo me pasó fíjate, porque, me parece que cuando no se aprueban medidas que la ciudadanía apoya, porque quiere orden y seguridad, que son razonables y no frivolidades evacuadas de ideologías fallidas, ¿es el gobierno el que va perdiendo? ¿En serio a eso estamos jugando? ¡Chita! Y uno aquí como las lesas pensando que había algún deseo minúsculo de mejorarle la vida a los chilenos. Pero visto así, en esta guerra de trincheras, qué pequeño se ve todo, qué mezquino. Algo así como a mí me guanearon a mi excelente excelencia Gabriel Boric, entonces, ahora muñequeamos para acá. Porque, además, ni fachos ni comunachos, o alguna otra aberración como esa. Da un poco lo mismo qué es arriba, qué es abajo, nada es mejor, todo es igual, acá el poder es la meta, la fuente que mueve a los que no les conviene que dejemos de ver el mundo así.
No se puede así, o está muy difícil, mantener en los ciudadanos un justo interés por los asuntos públicos que tiende a mermar en tiempos más tranquilos. Se incuban frustraciones peligrosonas, ya sean reales o no y es por eso que comunicar, cacarear ciertas cosas, es clave para los gobiernos.
Mientras, nos seguimos tratando como en ese chiste antiguo, que fue de los primeros que aprendí. Se lo deben saber, pero se los cuento igual; había un hombre haciendo dedo en la carretera, le para un camión, por fin. Iban en silencio por la carretera y el hombre iba pensando “¿le tendré que meter conversa? Se ve serio el hombre… ¿pero de qué le hablo? ¿Del clima? No muy fome. ¿De política? Puchas, pero yo soy de derecha y si él es de izquierda me va a bajar… ¿De religión? ¡Menos! ¿De futbol? Yo soy de la U, si es del Colo, me va a bajar igual… ¿Le pregunto por la familia? ¿Y si piensa que soy medio sicópata y me baja…?”
“Así con la cosa…”
“Así no es na´la cosa… ¡Te bajai!”

Ja ja, buena
Excelente! Como siempre…