A veces me cuesta escoger tema para la columna, evidentemente no por falta, sino por exceso. Todo aquello de pararse en un pasillo completamente destinado a shampoo en el supermercado, la parálisis de decisión o algo así. Por suerte el gobierno me inspiró y decidí instalar una comisión comisionada para decidir la decisión que decida de aquí en lo sucesivo los temas de mis columnas. Así es que, tranqui, de aquí a 2030, tenemos columna, seguro. Naa, broma. Pero es que así de idiota suena la medida anunciada por el gobierno tras conocerse, gracias a la contraloría, que 25.000 funcionarios públicos se habían pegao’ su viajecito estando con licencia médica.

Ahora, ustedes saben, esta es una columna de sátira política, o sea, podemos sincerarnos y hablar a poto pelao’ o como se diga; si usted conoce Chile un poquito, no debiera estar sorprendido, ¿indignado? Todos, pero sorprendido, no. Todos (la mayoría de los adultos) alguna vez hemos tenido la dicha de interactuar con los servicios del Estado y ya conocíamos este oscuro secretillo. Algunos aun más afortunados, hemos incluso trabajado para el mismo (yo ya pagué esa deuda con la sociedad, gracias al Pulento) y sabemos cómo funciona. La descomposición moral de Chile, incluso antes que la ética, te diría que no llegamos ahí, es profunda, de larga data y de arriba pa’ abajo ¿o no tenemos acaso el ejemplo de las diputadas frenteamplistas que cuando la vida les procede a cobrar sus propios actos, pah, “tiran licencia”? Si hay hasta un verbo para eso “tirar” licencia. Y estoy haciendo esfuerzos sobrehumanos para no caer en la talla fácil.

No sé ustedes, yo en mis primeros trabajos recuerdo perfectamente a esa persona que nadie había visto en persona (mucho antes del teletrabajo) porque uno se descuidaba y ¡pah! Te soltaba una licencia, sobrecargando de su trabajo al resto. Muchos vimos las redes sociales saturadas de fotos con lo que parecía ser el viaje de sanación mental en Punta Cana del licenciado. Porque además si la aflicción es mental y no se ve, claro que hace bien salir de la casa y ¿Quién va a ir a fiscalizar a 25.000 personas? Yo te diría que lo que siempre me ha parecido peor es que por culpa de los pillos, sufren quienes sí son honestos y necesitan cuidarse, pero es muy de facho esto de andar empatizando con quienes sí son los perjudicados.

Te diría que lo que me molesta más es la hipocresía, los aspavientos, las carrerillas y te diría también, que me indigna la rotería infinita de anunciar leyes con nombre, dejando de lado la realidad de la que nadie habla. Pa’que te digo las comisiones ridículas y que no lograrán nada. Este es un fenómeno mucho más profundo, complejo y de confección nacional, por los mismos políticos que hoy impostan indignación y aprietan sus perlas. Ya poh, en serio, digamos la verdad, a todos les dan miedo los empleados públicos con sus sindicatos, todos sabemos que son muy difíciles de echar y que estatutos, leyes y amenazas de paro, han petrificado los corazones de pollo de generaciones de políticos de todos los signos. Es más, me atrevería a decir que estamos a una semana de que aparezcan los defensores de los 25.000, que deben ser hartos más. Yo no apuesto, pero estoy dispuesta a apostarles por esta vez, 1.000 pesos chilenos a que van a salir jugando con la salud mental. Utilización que debiera merecer repudio, peeero, si hasta el P, la ha usado como excusa para llegar tarde, qué podemos esperar.

¿Saben lo que más me molesta? No es que no pase nada, porque eso lo espero, es triste, pero lo espero. Es que esto nos distrajo del caso Procultura y la remoción del fiscal Cooper justo cuando parecía revolotearle al P y sus más cercanos como zancudo. Primero claro, se declaró ilegal la escucha de Josefina Huneeus, por haber sido obtenida con prácticas pinochetistas pero eso sí, tranqui, no es un fallo sesgado ni político. Y antes que Cooper pudiera apelar, el fiscal nacional Valencia lo removió. Nada que ver aquí, sigamos caminando ¡oh, cáchate, 25.000 frescos vacacionando con licencia! Y fue. Eso me parece más peligroso e inquietante. Claro, no hemos llegado al nivel de nuestros vecinos en que los fiscales se desviven con 35 tiros y supongo que algo es algo. Pero chita que huele feo todo siono.

Como a los guionistas celestiales ya todo les importa un carajo, resulta que esta misma semana conmemoramos la gesta más heroica de nuestra historia; el combate naval de Iquique.

La arbolada, delirante como es, estuvo a dos tweets de decirnos que Arturo Prat pertenecía a alguna disidencia sexual y no se pinto el pelo azul sólo por la calvicie. El árbol supremo llegó tarde, desde luego, como no, e hizo su último show en la cripta, jugando con sus lentes, siempre con esa audaz arrogancia que sus seguidores le hallan tan simpática.

El contraste con Arturo Prat y sus hombres no podría ser mayor, ¿se lo imaginan en mitad de la guerra, pidiéndole licencia al cirujano Videla para ir a Tacna a hacer unas compritas? No poh. Carlos Condell tampoco habría armado una fundación pa ir a pintar la Covadonga por una cantidad absurda de oro. Solo 146 años después, aquí estamos con una generación que fue hija del triunfo de Chile, pero es madre de su fracaso.

Esta pitonisa ve con claridad las distracciones que nos tienen agobiados y medio tontos. Es fácil así confundir los recuerdos o peor aun olvidar. Me parece también que hay cierta intencionalidad en levantar un tema que nos escandalice y que sirve además para que los candidatos de las primarias más fomes de la historia contemporánea se cuelguen, con descaro, como a un arbolito de pascua. Total, comisiones. O sea, nada y nos olvidamos de Procultura. Justamente e inspirada por otros chilenos bravos, los invito a hacer un esfuerzo y luchar cuerpo a cuerpo con nuestro déficit atencional. A no soltar lo que es importante porque la contienda sigue siendo desigual. Una vez más, nos toca lanzarnos ¡al abordaje muchachos!

K-Sandra

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