En algún momento de nuestra historia, ser funcionario público y servir al Estado eran motivo de orgullo. Hombres y mujeres que movidos por un sentido patrio contribuían al trabajo diario de Chile. Hoy, la historia es distinta y, encarnada en la figura de Alex Vega ha mostrado la degradación y el aprovechamiento de la figura del funcionario público.

Vega, detenido en el marco de investigaciones en Gendarmería, demostró cómo instrumentalizar una posición de liderazgo sindical para su propio beneficio puede terminar por contribuir al deterioro de un servicio público fundamental para la seguridad de los chilenos y a su propia caída.

Amparado en su figura de líder sindical protegía a quienes tributaban a sus intereses y sus ilegalidades eran evidentes. Con al menos 11 procesos sumariales por faltas graves y una serie de delitos derivados de la investigación en su contra, más que un ejemplo de la decadencia de parte de Gendarmería, Alex Vega ha dejado en evidencia cómo se ha perdido la ética y el compromiso con el país.

Al ingresar a Gendarmería cada funcionario jura por Dios y la Bandera servir fielmente a la Patria, acatar las órdenes y poner la vida si fuera necesario. Nada de esto se cumple en el caso de Vega pues, involucrarse en delitos está muy lejos del juramente que hizo al entrar al servicio.

Este caso se suma a los muchos otros que han llevado a los chilenos a sorprenderse de cómo la corrupción daña al Estado, pero lo cierto es que, detrás de Alex Vega, el problema es más profundo. Había un tiempo en que la democracia y el cuidado de las instituciones era parte del ethos de quienes se desempeñaban en el Estado y, en ese contexto, Vega viene a demostrar cómo se ha ido deteriorando ese ethos y se ha perdido el sentido que tiene trabajar para en el mundo público.

Esa entelequia de la que hablaba Weber no es fácil, la burocracia y la inacción puede llegar a frustrar a cualquiera. Por eso, trabajar para el Estado es mucho más que una acción que tiene una compensación económica es, una motivación interna movida por un sentido cívico, justamente lo que se ha ido perdiendo.

Los funcionarios públicos están fuera de la discusión política, son quienes entregan la memoria institucional y resguardan el trabajo realizado sin importar el color del gobierno, pero, cada vez es más evidente lo que popularmente se conoce como “botar el lápiz”.

Hoy, enfrentamos una crisis de empleo, la inversión en gran medida se detiene por la famosa permisología y, si bien son los ministros los que pueden marcar el rumbo en ese camino, la rapidez del trámite depende de un funcionario público comprometido con Chile.

El país no necesita más Alex Vega, necesita de esos antiguos funcionarios públicos que con un sentido de compromiso que parecía salido de otro planeta, realizaba su trabajo diario con una sola cosa en mente: Chile.

La detención de Vega es una luz en la oscuridad. Demuestra que aún existen funcionarios comprometidos con el país, dispuestos a dar la vida si fuera necesario, como reza el juramento. Estos últimos son los que debiesen sobrar y así resignificar al funcionario público y devolver el compromiso de quienes trabajan en el Estado.

Experta en seguridad, narcotráfico y defensa.

Participa en la conversación

2 Comments

  1. Lizana atribuye el deterioro del servicio público a una pérdida de vocación y compromiso individual.
    Ese es precisamente el supuesto discutible.
    Hemos extendido la lógica del mercado a las relaciones laborales y luego culpamos al trabajador cuando el vínculo se vuelve transaccional. Exigimos vocación y lealtad mientras organizamos el trabajo mediante incentivos, bonos y equivalencias individuales.
    La contradicción no está solo en el funcionario: está en una sociedad que consagra el interés individual y después añora virtudes públicas que ella misma contribuyó a erosionar.

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.