Tomando posiciones
Las coaliciones de gobierno tuvieron el firme propósito de iniciar el debate después del mensaje presidencial, pero no pudieron conseguirlo. Una fuerza irresistible los llevó a la polémica franca y abierta a partir de las diferencias de opiniones por el CAE. Esta es una entre varias discusiones que se están abriendo.
No se trata de una diferencia puntual, sino de un ejemplo tal vez extremo de aquello que se expresa en cada paso en diferencias estratégicas. No se puede esperar más para el debate porque se acercan elecciones, se están legitimando liderazgos en ambos lados y los buenos resultados depende de la claridad con que se actúe.
A partir de ahora se tendrán vidas paralelas bajo el mismo techo. Cada cual en su estilo tratará de explicar por qué es que todos coinciden en apoyar al gobierno de Boric, pero que las diferencias se expresan y que eso es natural que suceda.
Los debates están estallando en público con una fuerza contenida por mucho tiempo. Lo cierto es que se difiere en el diagnóstico, las posibilidades de acción presente y el proyecto de gobierno futuro. O sea, prácticamente todo lo importante.
Para el Frente Amplio y el PC de lo que se trata es de dar inicio a la campaña municipal levantando las banderas programáticas, estableciendo las diferencias con la derecha y mostrando que nada de lo postulado en un principio ha sido abandonado en cuanto a reivindicación defendida por el gobierno.
Para el Socialismo Democrático se trata de obtener resultados de acuerdo a las posibilidades reales que permite el tener un apoyo minoritario en el Parlamento. De allí que hay que acotar los objetivos, reducir el alcance de las propuestas que se presenten y aprobar aquello en lo que existan coincidencias con la oposición.
El modo de proceder difiere mucho y ambos creen que adoptar la estrategia propuesta por el otro lleva al desastre electoral y político. Mientras el tiempo disponible era mayor, fue posible navegar entre dos aguas, pero ahora la oscilación permanente resulta nefasta y es en lo único en que coinciden todos en el oficialismo.
El mensaje presidencial del lunes marcará un giro a la búsqueda de los resultados limitados, posibles, pero alcanzables y eso no puede dejar a todos contentos.
El ave fénix está afiliada a la Concertación
¿Cómo es que se llegó a una situación en que las diferencias estén tan presentes? Este gobierno no nació, como se cree, como una propuesta de izquierda representada en exclusiva por el FA y el PC. Fue también el resultado de una crisis de identidad vivida por la centroizquierda, que venía durando de la viabilidad de un proyecto que uniera a la izquierda con el centro, ya presente en la etapa final de la Concertación y durante la acotada existencia de la Nueva Mayoría.
El partido que se vio más agitado por la polémica fue el PS y, a la distancia, queda claro que, aun manteniendo la presencia en un referente de centroizquierda, muchos habían llegado a convencerse que quienes debían asumir el liderazgo eran los referentes recién creados donde se representaban las nuevas generaciones.
La última campaña se dio en medio de esta contradicción. Expulsados en primera vuelta de una coalición más amplia, pero aceptados en la segunda por la obvia necesidad de sumar el doble de apoyo del que se tenía originalmente, se llegó a la composición de gobierno que conocemos.
El ejercicio del poder lo ha cambiado todo. La promesa explícita de renovación política de manos de nuevos personajes se ha visto frustrada en diversos episodios, las derrotas han sido con estrépito, el sostenimiento de la administración ha provenido de los últimos en ingresar.
En el transcurso de estos acontecimientos, lo que ha fortalecido a la derecha ha sido su apertura al centro político y hoy todos constatan que la constitución de una mayoría no está en manos de un polo sin diálogo con los moderados.
En el oficialismo, las estrategias propuestas por ambos bloques han diferido desde el principio y lo seguirán haciendo. Es decir, no está claro quién está siguiendo a quién, pero lo cierto es que en el futuro próximo la novedad no va a ser la conformación de un bloque integrado de izquierda, sino la configuración de una propuesta programática de centroizquierda.
La propuesta futura es la reforma continua
Todos tienen el derecho a comportarse de acuerdo a la identidad política que tienen, pero no tienen el derecho a comportarse como mayoría cuando no lo son.
En ambos lados del espectro político, hemos asistido al intento de imponer un proyecto minoritario en función de convicciones ideológicas que, en el fondo, no son democráticas.
No hay conformación de mayoría sin la participación de moderados, porque estos, lejos de desaparecer, se han constituido en un sector activo donde se concentra la competencia política.
El demócrata no somete, sino que convence y para eso se da el tiempo suficiente para construir mayorías estables. Resulta que la persistencia en mantener un rumbo de reformas continuas es el camino más corto a una mejor sociedad. Y las opciones extremas puras son el camino más seguro que se conoce a la regresión.
La izquierda democrática debe terminar por convencerse que el camino de un cambio radical no es el que Chile prefiere, y que, si el país llega a optar por un cambio extremo, no será de izquierda.
Las lecciones históricas son para aprenderlas, no para que el país llegue a ser conducido por desmemoriados. A fines de la década de los 60 y principios de los 70, tanto el centro como la izquierda cayeron en la tentación de implementar proyectos totalizantes que quisieron llevar a la práctica por sus propias fuerzas y en exclusiva. Los primeros perdieron el poder y los segundos perdieron la democracia.
En la crisis institucional se desechó la alternativa de una confluencia de la izquierda con el centro porque haría más lento el proceso de cambios en curso. Eso fue suicida. ¿No era preferible dar inicio a 17 años de reformas continuas a tener 17 años de reversión autoritaria?
Los callejones sin salida pueden tener una bonita entrada, pero suelen tener un oscuro final. La izquierda más dura quiere dedicarse a cultivar un 30% de los electores que pueden seguirla, eso es lo mismo que aceptar la derrota presidencial, los demás tomarán el ancho camino del medio.

Una gran verdad q nos espera a la vuelta de la esquina.Gracias por advertir Sr Maldonado.