Hace una semana Gabriel Boric se convirtió en el ex Presidente de la República más joven de la historia de Chile, con apenas 40 años -los cumplió hace poco más de un mes-. Un regreso suyo a La Moneda para volver a detentar la más alta magistratura resulta, para la mayoría de los analistas políticos, casi seguro. Y es que le quedan la friolera de 30 años y tantos para intentar una reelección -incluso no sería impensable que pudiera intentarlo dos veces si la Constitución se lo permitiera como ocurre hasta ahora-. Se trata de una circunstancia inédita que nunca se ha dado antes en el país: un exgobernante plenamente disponible para competir en cualquiera de las elecciones presidenciales que vienen por delante, en su caso por lo menos hasta 2060 (si no se modifica en el futuro la duración de cuatro años del mandato gubernamental).

Pero mirado el asunto con detenimiento lo que parece en principio una obviedad se vuelve una posibilidad de pronóstico reservado. El problema es que en el mundo -y desde luego en Chile- el ritmo de cambio de la sociedad se ha acelerado a tal punto que lo que era válido hace apenas unos años ha dejado de serlo en el presente, y lo que ahora damos por hecho con la certeza que proveen circunstancialmente los algoritmos de las redes sociales quedará fuera de época más temprano que tarde. La política, inevitablemente tributaria del vertiginoso cambio social del siglo 21, ha dejado de ser el sistema estático de izquierdas y derechas que bordean un centro amortiguador y basculante -como lo hemos conocido por décadas-, para transformarse en una organización extraordinariamente dinámica donde claves y clivajes se modifican a ojos vista, y la obsolescencia del relato político ocurre en menos de lo que canta un gallo. Si no, que lo digan quienes en 2022 creyeron que la refundación de la nación estaba a la orden del día para descubrir de golpe y porrazo que la ciudadanía había cambiado de humor, rechazando de plano la propuesta constitucional que pretendía darle forma y materialidad.

Las reelecciones de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera tuvieron lugar en momentos donde todavía se mantenía vigente el clivaje izquierda-derecha con el centro entre medio y, por consecuencia, los relatos que era posible asociar a cada lado del espectro y, sobre todo, los rendimientos políticos que era dable esperar de ellos. Pero ya no más. Se trastocan a tal velocidad las bases sobre las cuales se edifican y sustentan los movimientos políticos que muy poco de lo que les sirve de punto de apoyo en un momento determinado se mantiene en pie en los siguientes.

El caso de Alan García en Perú, elegido por primera vez a los 35 años y reelegido 16 años después para su segundo mandato, suele invocarse como ejemplo de lo que podría suceder aquí -nótese que una secuencia idéntica implicaría el regreso a la Moneda de un Boric cincuentón en 2042-. No sería prudente descartar semejante posibilidad, aunque en un lapso de esa duración -una eternidad en los tiempos que corren- resulta una conjetura imprevisible.

Por de pronto, dada la elevada velocidad a la que transcurre actualmente el proceso político, la próxima elección presidencial en 2029 parecería ser la mejor oportunidad de reelegirse para Boric, antes que el escenario político se vuelva del todo irreconocible en la próxima década. Pero, desafortunadamente para él, no habrá pasado suficiente tiempo para morigerar la negativa imagen que la ciudadanía se hizo de su gobierno, a la manera que los 16 años que pasaron entre uno y otro mandato suavizaron la pésima evaluación del primer gobierno de Alan García. Así, es más probable que sea el alcalde Vodanovic u otro candidato del progresismo, y no el ex Presidente Boric, quienes se posicionen en lo alto de las encuestas de cara a la próxima elección presidencial.

Si las cosas no le resultaran favorables para su reelección en 2029, no es posible vislumbrar circunstancias más adelante -en la elección presidencial subsiguiente- que pudieran mejorar sus posibilidades de lograrlo. Podría ser entonces que lo que en apariencia es ahora casi una certeza, esto es que de proponérselo el ex Presidente Boric gobernará el país por segunda vez, se transforme en una predicción colmada de incertidumbre. Y es que como anunciaba  premonitoriamente una famosa canción hace décadas “el mundo está cambiando… y cambiará más”. Mucho más de lo solemos imaginar.

Ingeniero civil y exministro de Transportes y Telecomunicaciones

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5 Comments

  1. Si Boric llega a tener una Chance real de ser reelegido Eso implica inevitablemente que Chile no tiene futuro. Si una persona que demostró hasta la saciedad no tener dedos para el piano, logra convocar una mayoría que lo reelija, entonces se demostraría la tesis que los electores son irremediablemente estúpidos. En 2022 logró engañarnos, pero ahora ya sabemos quién es. Me corrijo. Ahora ya debiéramos saber.

  2. Agregaría a este análisis que el mencionado acelerado ritmo de cambio de la sociedad requeriría de un candidato, en este caso Boric, que se adecuara a esa velocidad adaptándose muy rápidamente a los requerimientos de la ciudadanía. Y Boric no demostró en absoluto esa capacidad de adaptación sosteniendo al final de su mandato casi los mismos ideales y principios que al comienzo del mismo.

  3. Voy a insistir en mi teoría. El gobierno actual tiene que demostrar fehacientemente y con hechos que el gobierno del Sr Boric fue un verdadero terremoto de desastres. Las auditorias son claves. Si esto es demostrable el Sr Boric , no tiene posibilidad de ser reelegido nuevamente. Seria una aberración mayor que la ciudadanía hiciera algo asi.

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