No hay metas cuando el futuro se agota
Llama la atención que el Presidente Boric reflexione sobre la posibilidad de que su próxima cuenta política sea la última en que se establezcan metas en este gobierno.
La duda no puede existir porque una administración que se queda sin tiempo tampoco puede fijar metas, más bien a lo que se dedica es a preparar cierres.
Las interrogantes sobre el particular se reducen a cero si lo que se proyecta en los próximos meses es un acrecentamiento continuo del ambiente electoral. Cada vez más, los conflictos no se dan sólo entre coaliciones, también se presentan al interior de ellas, con lo que los acuerdos se dificultan, salvo que sean acotados.
Es una certeza que la capacidad de acción de un gobierno se reduce en el último año, por eso se usa la figura del pato cojo por su difícil caminar en el tramo final. La duda no está instalada en el futuro, sino en el presente, por eso es ahora cuando La Moneda ocupa sus últimos cartuchos efectivos capaces de alterar el curso de los acontecimientos. Es una posibilidad que no se puede desechar.
Tampoco la cuenta pública próxima constituye un misterio. El texto será extenso, retórico, lleno de pormenores de los avances y con emplazamientos a la oposición.
No se trata de ser adivino, basta con constatar una matriz de comportamiento político que ya es bastante reconocible.
Esto trae consigo una buena y una mala noticia. La buena es que será un discurso de calidad y que atraerá la atención pública, la mala noticia es que sólo será un discurso. Alegrará a los propios, dejará indiferente al resto y un diputado del Frente Amplio dirá que estamos ante la presencia de un estadista.
Lo decisivo para un gobierno no es tanto lo que dice como lo que hace y en eso se puede encontrar una pista para remontar. El oficialismo se ve distinto después de haber resuelto a su favor la votación de la ley corta de isapres; antes, mientras se dedicó a comentar el fallo de la Corte Suprema no logró interesar a nadie.
La administración Boric se puede dedicar alternativamente a concretar logros de gestión o a mantener un discurso genérico desacoplado de los objetivos que se consigan. El comportamiento del gobierno en ambos casos es diferente. Su enemigo público número uno es la autocomplacencia.
Espejito, espejito ¿cuál es el gobierno más bonito?
En una reciente entrevista, Javier Cercas decía que “es con aquellos a quienes votamos con los que debemos ser más críticos y a quienes más debemos exigir”. Y esto es particularmente cierto en el caso chileno, donde el gobierno mantiene una fuerte resistencia a practicar la autocrítica.
En este caso, lo que hay que exigir es la valentía de ser concretos. Las recientes votaciones en la Cámara y el Senado muestran que la gran mayoría está dispuesta a ordenarse tras el gobierno cuando sólo queda una opción que asumir, por difícil que sea. Quedar sin conducta por la disidencia interna no resulta viable.
La unidad y la disciplina no es sinónimo de unanimidad y falta de disidencia, es resolver a pesar de las resistencias de los más radicales. Quienes no puedan abandonar los discursos genéricos del inicio y sigan halagando a su audiencia más ideologizada ya han tomado otro camino. No se preparan para dar culminación a un gobierno, son un sector político aprestándose para reasumir como oposición, que es el lugar donde están cómodos, se sienten llamados a estar y para lo que parecen tener una vocación particular. La mayoría no es de este parecer.
Si el gobierno se pone objetivos limitados, pero alcanzables y ordena el grueso de sus filas para conseguirlos, la recuperación política que se logre puede terminar convirtiéndose en una recuperación electoral.
Sus electores no se pueden contentar con una administración que le dice cómo deben ser las cosas en vez de hacer que, al menos, algunas cambien y para mejor. Hay que hacer como dice Cercas y los adherentes de la centroizquierda han de informar que no piden lo imposible, pero que no esperan nada menos de lo posible.
La mantención de la distancia excesiva entre lo que se dice y lo que se hace es, en realidad, una falla política y de conducción. Es lo mismo que prepararse para ser oposición en el futuro próximo antes de concluir bien la responsabilidad de estar conduciendo al país en el presente. Los maximalistas no soportan bien las dificultades reales.
Nadie está obligado a lo imposible. A lo posible, sí.
Al gobierno le está yendo bien con las crecientes restricciones a su actuación: se afiata internamente, lo que se consigue se celebra mucho, hace noticia con logros de interés y desactiva en parte importante la crítica de la oposición.
El caso de la ley corta de isapres señala el camino. La disidencia interna quedó reducida a su mínima expresión y sus dos coaliciones se comportaron bien. Puede que entre acabar con las isapres y salvar el sistema hay cierta distancia, pero la celebración y alivio es por completo sincero. Hasta ahora las isapres se han confrontado con el gobierno durante meses, ahora pocos les prestarán oídos. Ya tienen lo que se les podía dar y deben empezar a responder por lo que se les dio.
Al gobierno de Boric el ideologismo lo pierde y el pragmatismo lo salva. Si se reconoce como la minoría que es y lo explicita a cada paso, logrará que sus adeptos no le pidan lo que no pueda lograr y la mayoría reconozca el esfuerzo de conseguir lo que es razonable alcanzar con el concurso de la oposición.
Puede hacer una fortaleza de su propia debilidad, lo que no deja de ser astuto. Así que el discurso presidencial próximo puede ser mirado desde esta otra óptica.
Invirtiendo la perspectiva y abandonando la grandilocuencia, se gana mucho. Si los objetivos no son líricos, sino precisos, prácticos y acotados, se pueden seguir teniendo metas hasta el último día sin bajar nunca los brazos.
Sería un auténtico error confiar la recuperación del gobierno al desempeño presidencial en el Mensaje de este año. Su efecto positivo tiene un alcance de unos días, presumiblemente se agotará antes de una semana. No sirve que el Presidente releve su propia figura, cuando se necesita un capitán de equipo en funciones.
Lo más lógico es apostar a una recuperación de la iniciativa política por el pase dado a diferentes ministros en los días inmediatamente posteriores, en una rápida sucesión de acciones efectivas, aunque sean de alcance limitado, para motivar un impulso nuevo.
El gobierno no puede cumplir con su programa y nadie se lo pide. No puede presentar grandes realizaciones y nadie lo espera. Pero lo que logre puede celebrarlo mucho y con sinceridad. Puede que sea un pato cojo de los dos pies, pero, por eso mismo, puede caminar derecho, tal vez no se le vea muy alto, pero no dejará de tener cierta prestancia.

Prestancia o lastima, ???? de ver, comprobar, escuchar, y leer tantas justificaciones, tanta decidía, tanta arrogancia, tanta ignorancia, y cero, cero aporte, cero avance en todos los rubros