Desde hace ya varias décadas, la localidad suiza de Davos, deja de ser, por una semana, un centro de ski, para convertirse en el foco de la política mundial. A Davos, sede permanente de la reunión anual del Foro Económico Mundial, concurren los mayores estadistas, funcionarios internacionales, estudiosos, empresarios, líderes económicos y, por cierto, periodistas, para dar a conocer o escuchar informes y directrices que mueven el mundo, en materias económicas, científicas y políticas. Y, aunque la competencia en materia de reuniones de esta especie ha crecido mucho en años recientes, la Reunión de Davos sigue siendo la que despierta más expectativas de grandes anuncios.
Este año esas expectativas corrían por cuenta del personaje que ha generado gran parte de la actual incertidumbre global, económica y política. A Donald Trump le gusta ir a Davos, más que a cualquier otro evento del género y es el único Presidente de Estados Unidos que ha concurrido estando en el cargo; y lo ha hecho dos veces. Ahora eligió esta tribuna para culminar el primer año de su segundo mandato, para exponer los que considera sus enormes éxitos y referirse directamente a los numerosos conflictos que aún afectan al mundo, especialmente los que involucran a su país.
Al comenzar su nuevo mandato doce meses atrás, Trump se presentaba como un triunfador, no sólo en el voto de sus ciudadanos, sino también a nivel mundial. Y a pesar de que las encuestas en su país no le dan resultados muy halagadores (con caídas de dos dígitos en su aprobación), el mundo entero sigue mirando al país centro del orden mundial, mientras sus equipos siguen esforzándose en presentar la imagen de unos Estados Unidos que nunca había estado mejor. Aunque no han existido éxitos muy grandes en política exterior, el Presidente asegura que la paz ha avanzado en ocho conflictos; la tregua en Gaza, podría se uno de ellos, la invasión de Venezuela otro, pero la guerra continúa en Ucrania, en Sudán, en Yemen y entre otros países en Asia y África; y la incertidumbre crece en el mundo.
Pero la reciente crisis en Irán y la exitosa operación en Venezuela pueden haberle confirmado al Presidente de Estados Unidos la idea de que llegaba a territorio propio, donde sus éxitos serían reconocidos. Y preparó, con la fuerza verbal que se le conoce, una actuación para acorralar a los europeos, exigiendo que acepten la cesión territorial del territorio danés de Groenlandia. Naturalmente el rechazo fue inmediato, pero no lo suficientemente contundente para evitar que las autoridades danesas se reunieran con él. Y, tal como se había excedido con Canadá al comenzar su gobierno, sugiriendo anexarla, como “Estado 51”, ahora amenazó a Europa con el uso de la fuerza para tomar Groenlandia y anunció un aumento de los aranceles a los países que podían oponerse, especialmente a Gran Bretaña, Francia, Alemania, Países Bajos y nórdicos, si no lo apoyaban en su exigencia de entregarle territorio soberano de Dinamarca. La reacción de Europa fue general, con el absoluto rechazo de los gobiernos o el silencio de los aliados más cercanos; ni Putin, ni los líderes de ultra derecha, adhirieron a su exigencia, sino que la condenaron abiertamente.
El discurso de Trump fue un híbrido: maltrató con fuerza, usando la mofa y la amenaza, a Europa, exigió más recursos para la OTAN y volvió a exigir concesiones a Dinamarca. Pero al final se resignó a eliminar los nuevos aranceles y declarar que no usaría la fuerza para tomar Groenlandia. Para reducir el bochorno después de su intervención, Trump tendría reuniones con su aliado incondicional, Mark Rutte, secretario ejecutivo de la OTAN, con quien habría acordado un “marco general para un futuro acuerdo respecto a Groenlandia y toda a Región del Ártico¨; y con el Presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, a quien anunció que la paz en Ucrania tardaría mucho más de lo esperado. Ambos mensajes se interpretan claramente como señalas de la molestia del Presidente de Estados Unidos con sus aliados europeos.
El cambio de Trump puede tener también su origen en la molestia bastante visible con que algunas de sus acciones son recibidas en Estados Unidos. Aunque algunas de esas aventuras, como la exitosa operación en Venezuela, pueden ser bien recibidas, la mayor parte del público estadounidense no quiere ver sus tropas en otros países, por mucho tiempo. Y aunque entre los votantes republicanos aún hay mayoría favorable, un número creciente recuerda la promesa de priorizar a Estados Unidos por encima de las aventuras externas y se unen a las mayorías de votantes demócratas e independientes que rechazan el exceso de atención que Trump presta a la política exterior.
Los líderes europeos que estaban en Davos y también los que seguían el drama desde sus capitales, respiraron aliviados al percibir que la ruptura de la OTAN no se había producido y valoraron las seguridades de que Trump no intentaría el uso de la fuerza para conquistar Groenlandia, aunque seguramente las presiones se mantendrán. Por ahora se conforman con una tregua incierta y no se pronunciaron acerca de lo que vendría luego.
En definitiva, el principal discurso de Davos no sería el de Donald Trump, sino el de Mark Carney, Primer Ministro de Canadá, digno de leerse completo varias veces. El Jefe de Gobierno del vecino del norte de Estados Unidos, declaró sin matices que el orden internacional no está en transición, sino en ruptura. “… el orden internacional basado en reglas atraviesa una ruptura profunda, provocada por hegemonías que ya no respetan tratados ni acuerdos multilaterales cuando estos limitan sus intereses estratégicos”. La “ficción cómoda” de que existen normas e instituciones que protegen el desarrollo de todos, están, dice Carney, siendo reemplazadas por herramientas económicas como los aranceles, la integración comercial, la infraestructura financiera y las “cadenas de suministro”, mientras se va “debilitando a las instituciones multilaterales que durante décadas sirvieron como marcos para la resolución de conflictos”. Su frase más pintoresca golpeó con fuerza; “si no estamos en la mesa, estamos en el plato”.
Carney venía a Davos desde China, país con el cual Canadá ha tenido algunas de sus mayores controversias internacionales y con cuyo gobierno él acaba de suscribir importantes acuerdos económico que incluyen productos agrícolas canadienses y automóviles eléctricos chinos, ambos muy sensible para el mercado de ambos países. A su intervención se agregan también las declaraciones del Presidente de Francia, que en su discurso denunció que el mundo está pasando “de la democracia a la autocracia”.
El buen clima que Trump había esperado encontrar en Davos, lo cerró el propio Presidente de Estados Unidos, a través de su convocatoria a suscribir su “Pacto por la Paz” (Board for Peace) un instrumento dedicado a supervisar ceses del fuego, cumplimiento de acuerdos y procesos de reconstrucción en distintos países, comenzando por Gaza. Muchos observadores ven esta iniciativa como el comienzo de una acción de Trump para reemplazar a Naciones Unidas, con un cuerpo internacional más afín, que no sólo incluiría países, sino también otras organizaciones y hasta iniciativa privada, disponible para contribuir a estos esfuerzos.
La iniciativa no comenzó con mucho éxito, ya que no fue suscrita por ningún país europeo (ni China ni Rusia fueron invitadas a participar), aunque Hungría parecía dispuesta a hacerlo. Arabia Saudita e Israel firmaron, así como dos sudamericanos, Argentina y Paraguay.
En suma, el titular de un diario nacional que, en días pasados, saludaba el éxito de Trump en “reconfigurar el orden internacional en menos de un año”, parece completamente exagerado. Lo que ha hecho el Mandatario es “desconfigurar” el orden existente, sin reemplazarlo. Construir ese “orden internacional” tomó muchas décadas y reemplazarlo por algo mejor tomará aún mucho más tiempo.

Y lo peor y más grave es que deja a tanta gente importante e iluminada como ud, sin pega, miles de dólares 0en remuneraciones excentas de impuestos, más comidas, viajes y whiski…..Trump es un desastre…….
Yo creo que Trump no está desconfigurando nada. Está reconfigurando un orden mundial donde EE.UU no tenga que gastar billones de dólares en países malagradecidos que los han esquilmado y en entidades que gastaban fortunas en pagos de sueldos a un montón de parásitos a nivel internacional. Lo otro que se propone es defender al hemisferio occidental y para eso necesita a Groenlandia como socio o como compra.