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Este país es muy pequeño para dos estrategias antagónicas

La derecha no está dividida por diferentes posturas ante el gobierno, está tensionada por formas distintas de entender la política. Republicanos opta por la confrontación directa con el oficialismo por el anuncio del aborto legal, Chile Vamos rechaza la iniciativa, pero mantendrá el diálogo en las reformas pendientes.

La diferencia estriba en que, para el partido de Kast, pesa más el llamado a la contienda ideológica que la ausencia de efectos prácticos que pudiera tener esta polémica. La ponderación que se hace de los factores en juego es muy diferente y dificulta las negociaciones pendientes entre estos actores políticos.

Para entrar en conflicto debiera evaluarse la nula viabilidad de una propuesta, que en este caso depende de la oposición. Es una iniciativa de valor simbólico a la que se decide darle una respuesta equivalente a que pudiera ser aprobada.

Darle centralidad a una polémica optativa es una decisión política importante y equivale a trabajar acrecentando la polarización existente. Eso tiene sentido para republicanos y no tiene sentido para Chile Vamos, lo que hace una gran diferencia.

Se han escogido estrategias presidenciales antagónicas, algo que el partido de Kast declara abiertamente. Concentrarse en el tema de seguridad, declarar la bancarrota del oficialismo al respecto y ofrecerse como solución es distinto de proponer un programa nacional de avances sostenidos. Esta divergencia es profunda y determina un antagonismo práctico que aparece a cada paso.

El discurso republicano será simplificador, simplista si se quiere, pero su estrategia no lo es, por lo tanto, no pueden ser menospreciados por la forma radical en que enfrentan la campaña. Al contrario, en los más diversos contextos ha probado su efectividad. Se trata de un reto de primera magnitud al conjunto de los otros actores en competencia. Ante ello no se puede improvisar, ni se pueden tener estrategias individuales para enfrentar el debate con éxito.

Luego de su desempeño en el Consejo Constitucional, de su derrota y posterior caída en las encuestas, muchos esperaron un cambio en la línea sostenida por republicanos. A estas alturas ya se debió haber comprendido que esperar que este partido se comporte como lo harían los otros en su lugar, es un error. Lo que decidieron fue precisamente lo contrario y lo que han hecho es doblar la apuesta.

La ambigüedad oficialista es el socio de republicanos

Ahora es cuando más se nota el efecto que tiene la permanente estrategia ambivalente del gobierno que favorece, al mismo tiempo, la búsqueda de acuerdos y la confrontación, alentando a cada sector de la derecha en su propia respuesta.

Lo que establece el antagonismo en la oposición es la diferencia de objetivos y de intereses que no se relacionan con lo que haga el gobierno, sino con una competencia que es el foco central de interés.

Bastaría con que el gobierno tuviera una sola línea estratégica, la búsqueda de acuerdos, y republicanos quedaría sin piso por el predominio del diálogo productivo.

Quienes quieren trabajar por acuerdos transversales en la oposición, tienen que hacerlo remando contra las señales contradictorias provenientes del Ejecutivo.

No cabe duda de cuál es el mejor camino a seguir porque la confrontación consigue el rechazo de iniciativas y de allí no sigue nada. Si se mantiene el diálogo abierto, lo que se obtiene es un avance parcial, útil para el país, y un punto a favor de quienes estén en el gobierno después de esta administración.

La disputa estratégica en la derecha tiene gran importancia porque apela a tener eco en distintos comportamientos de un mismo electorado. Es una misma mayoría la que puede optar por seguir la invitación a polarizarse o a mantener el diálogo que acepte las diferencias.

Estamos ante una especie de intercambio constante entre actores políticos y ciudadanía en que se ayuda a crear el mismo tipo de elector al que se quiere representar. Como se trata de los mismos electores a conquistar, la disputa consiste en moldear el tipo de lectores que se necesita para poder imponerse a la opción alternativa dentro de la derecha.

Apelar a lo constructivo es siempre mejor. En democracia la búsqueda de acuerdos no puede tomarse vacaciones. ¿A quién perjudica que no se cuente con una mejor legislación en seguridad?, ¿por qué tener una diferencia valórica justifica retrasar la implementación de medidas que nos beneficia y en la que sí estamos de acuerdo?

Para algunos ser oposición casi se vuelve una finalidad en sí misma, lo que los coloca en una posición básicamente reactiva. Algo bien difícil de congeniar con la posibilidad de asumir el liderazgo.

Prefiero que cambie la realidad a cambiar yo

Polarizar no es el único camino que tiene la derecha por delante. La mayoría puede creer que es preferible cambiar de gobierno dada sus expectativas insatisfechas, sin por ello desearles el mayor de los males a quienes gobiernan, ni tener que llevar el rechazo al paroxismo.

Se trata de una lección aprendida. Kast ya dejó pasar su mejor oportunidad porque, de no ser así, ya tendríamos una nueva Constitución, sería partisana, de derecha conservadora y el aborto en tres causales estaría camino a su ocaso.

Como no es así y como hoy en las encuestas Matthei duplica a Kast en las preferencias, lo que está haciendo el republicano es remecer el escenario con su visión en blanco y negro.

Esta segunda oportunidad, el líder de la derecha dura no la busca tratando de cambiar mejorando su conducta, sino buscando cambiar a su favor a los electores, aunque por ahora ellos parecen decantarse por posiciones mucho más centradas que aquellos que le suponían inicialmente los dirigentes republicanos.

Esto se parece mucho a aquello de “si lo que planteo no se ajusta a la realidad, peor para la realidad”. No hay que ser brujo para saber cómo es que termina este intento. Es cierto que las dinámicas cambian, pero también es cierto que no son arbitrarias y la historia no da marcha atrás.

Las condiciones son más adversas porque, en la elección anterior, republicanos era una opción casi desconocida para la mayoría, destacaba por el hecho de estar en contra de los políticos tradicionales; ahora es una opción política más, propensa a decirles a los otros cómo tienen que comportarse. Lo que dijeron en positivo fue mucho menos atrayente de lo que antes dijeron en contra de los demás.

De momento, la competencia es con los próximos, no con los lejanos. Eso no es bueno para la oposición porque es este el nudo central que dificulta sus negociaciones. La derecha no va camino a convertirse en una sola gran vertiente, sino a acentuar las diferencias que son mucho más que de matices.

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1 Comment

  1. Ummm, parece que los espacios aquí no son muy equitativos para expresarse. Larguísimo artículo y repite lo mismo varias veces. Como aún estamos en democracia, veremos que dice el Soberano, no se ponga tan nervioso

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