La semana pasada, nos hemos enterado de que el Ministerio de las Culturas, como lo llaman, no financia cultura, sino depravación. Casi 65 millones de pesos para 2026, entregados a la 7.ª edición del Festival Excéntrico que exhibe cine con contenido sexual explícito, lo que hace preguntarse si este tipo de eventos puede recibir fondos públicos. Claramente, hay otras prioridades del país. Los recursos son los mismos y son escasos, por lo que hay que elegir en qué gastar. Culturalmente, este tipo de eventos que fomentan acciones indeseables, tampoco parecen ser lo primordial para una nación. Una exhibición de cine para adultos con escenas de sexo explícito, pornografía experimental, talleres de educación sexual y “placeres críticos” no es la prioridad o no debiera serlo, y si lo es, algo está mal. Claramente que los que lo organizan tiene el derecho de hacerlo, vivimos en un país libre, pero deben hacerlo con sus recursos, no con lo que aportan todos los chilenos. La última edición contó con aproximadamente 1.000 asistentes, lo que da un valor de $650.000 por asistente, un total despropósito.
La ministra de las culturas, Carolina Arredondo, “se lava las manos”, ya que hay “comités” que ven a quién beneficiar. Está bien que se delegue, pero no estar enterada, “no será mucho”. La organización defiende la trayectoria del evento y su “valor artístico”, aludiendo que atrae a miles de asistentes y que el financiamiento se realizó por procesos concursables transparentes. El hecho que haya recibido financiamiento, no lo hace artístico, ni deseable, sólo lo hace escandaloso. El evento recibió en 2023 y 2025 casi 50 millones de pesos por cada año, lo que deja un corolario de casi 165 millones de pesos gastados por el Estado para difundir pornografía, lo que no parece lógico frente a las infinitas necesidades país. Para aliñar más aún este escándalo, el director del festival, Carmelo Zúñiga, fue beneficiario de una beca Chile, es decir fue financiado por el Estado, es decir por los chilenos, para estudiar un Magíster en Cine y Estudios visuales en la Universidad de Columbia, Nueva York. Se supone que deben devolver lo recibido en aporte social, él sigue “pechando” de los chilenos.
Este escándalo ha hecho que los diputados UDI pidan la salida de la ministra por el mal uso de los recursos públicos y amenacen con presentar una acción legal ante la Contraloría General de la República para fiscalizar si el contenido del festival cumple con “los fines culturales del Estado”. El ministro del Interior, Álvaro Elizalde, habló en nombre del gobierno e intentó blindar a la ministra, le volvió a echar la culpa al “empedrado”, “son fondos concursables que deciden comités técnicos externos”, aclaró que no son decisiones personales de la ministra. Parece, entonces que es necesario revisar quiénes son los miembros de estos comités tan descriteriados y generosos con el dinero de los chilenos.
Claramente al Ministerio de las Culturas “el dinero le sobra”, ya que financian a destajo, el arte y su antítesis. De hecho, el llamado “pase cultural” que buscaba “democratizar” la cultura y que fue anunciado “con bombos y platillos” por la actual administración, con un gasto de $15.630 millones de pesos y que beneficiaría a 300 mil personas, terminó en otro escándalo. Dicho pase, aparte de financiar “cultura” y acceso a la misma, terminó financiando “copete” y “carretes”, que claramente nunca fue el fin. Ante este nuevo escándalo, el nuevo ministro que entrará en marzo anunció en fin de esta prebenda. Claramente cuando la plata sobra, se gasta en cualquier cosa y se gasta a destajo.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio para 2026 aumentó notablemente su presupuesto, siendo de las carteras con mayor alza presupuestarias, $549.268 millones de pesos, 10,7% más que el año anterior, o sea, $55.000 millones más. Las prioridades están perdidas, torcidas, erradas y definitivamente el “chancho está mal pelado”, como tanto les gusta decir a ellos. Mientras que Cultura recibe esa exorbitante cifra, el Ministerio Público esencial para combatir el crimen, recibirá $301.810 millones de pesos y un incremento de sólo 1%, sólo $3.000 millones más. Algo está equivocado. No hay plata y se financian festivales de pornografía, mientras la delincuencia no deja a las personas de bien vivir en paz y mientras chilenos mueren en las listas de espera. Esto es un despropósito y una inmoralidad. No tener prioridades en el gasto del dinero que, no se produce y que a otros les cuenta producir, es altamente escandaloso.
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