Al momento de hacer análisis político, es lógico irse directo a las campañas que más probabilidades tienen de llegar a La Moneda. De eso se trató, precisamente, el primer capítulo de esta serie de opiniones sobre la franja electoral. Sin embargo, también resulta interesante ver en qué están las otras franjas, las de los que no tienen posibilidades de ganar, pero que pese a todo, sorprenden. Tal como le escuché a Ascanio Cavallo, todos los candidatos tienen buenas razones para ganar; lo difícil es encontrar buenas razones para perder, y es por ello que algunas campañas gastan recursos (humanos y artísticos) en realizar buenas franjas, sabiendo que sus chances de ganar son muy bajas. ¿Por qué lo hacen? Puede ser para instalar temas en la agenda (Miranda 2013); o para dar más visibilidad a ciertos candidatos al Congreso (Goic 2017); o para darse a conocer y prepararse para una futura elección (Piñera 2005; Kast 2017). Algo similar estamos viendo en 2021. Echemos un vistazo.

De los candidatos “sin opción”, el que ha desarrollado a mi juicio, un mejor uso de la franja, es Franco Parisi. Sabemos que el personaje conoce la lógica de los medios y no es su primera incursión, por lo que era esperable que supiera utilizar a su favor este espacio. La franja de 2013 ya había sorprendido a muchos, por su buena factoría, una delicada y especial preocupación por la música, y una construcción muy particular del candidato: se atrevieron a mostrarlo sin tapujos como un zorrón, un player de los negocios y la política. Es cosa de recordar que el tipo utilizó este marco para decir que había vendido el Porsche, uno de sus primeros flancos abiertos que tuvo que afrontar.

En su versión 2021, Parisi ha ido incluso más allá. Cuando habla en pantalla, con un escritorio de un estadista y dos suntuosas banderas chilenas de fondo, a uno casi se le olvida que el tipo no está en Chile, ni que tiene demasiados esqueletos en el armario. Ser cara de palo es una habilidad muy importante en política, y Parisi lo sabe. Por eso, no se ha desgastado ni un segundo en responder cómo ha sido llevar una campaña “a distancia”. Al contrario, ha logrado llevar a su máxima expresión lo que Sartori llamó alguna vez la tecnopolítica: en campañas, lo que importa es la “experiencia”, y Parisi está demostrando que para ello no es necesario estar en Chile, ni tampoco tener ideas propias: por algo, en su franja, dice que los parlamentarios del Partido de la Gente se comprometen a votar lo que las redes sociales manden. Así, damos por establecida la dictadura de la opinión pública virtual.

Al fin y al cabo, la franja de Parisi es un gran infomercial. Y eso —para bien o para mal— funciona. Basta con tomar temas fundamentales para la población (el agua, la migración, el medioambiente) y hablar de forma simple y con puro sentido común. Es, sin duda, un discurso neo-populista, que recuerda todo el rato al Fra-Fra (Francisco Javier Errázuriz). De hecho, las coincidencias entre ambos dan para una columna entera. “No más bla bla; vote por Fra-Fra…nco”.

Marco Enríquez-Ominami, en cambio, me ha defraudado con su franja. Reconozco que, en 2009, gocé con su propuesta. En aquel entonces, era el candidato chascón, el joven, el atrevido, y su franja daba cuenta de eso. Me acuerdo de algunas piezas en los que un científico le hacía pruebas idiotas, como que se pusiera una pierna sobre la cabeza, para después decir frente a la cámara: “Está comprobado; Marco es flexible”. O qué decir de un capítulo en el que la franja expuso tajantemente que “Ricardo Lagos vota por MEO”. Claro, acto seguido mostraban a un ciudadano común y corriente quien, con carnet en mano, demostraba que se llamaba como el ex Presidente y que estaba decidido a votar por MEO. Una joya de la cratividad.

La franja de 2013 fue mucho más madura, más sobria, y la de 2017 fue completamente contestataria, con mucho ataque frontal a Piñera. La franja de esta, su cuarta inmersión, es una insípida mezcla de las anteriores. MEO tiene dos ventajas que ningún otro candidato tiene: uno, es comunicador audiovisual, y dos, ha hecho tantas franjas, que ya debe saber qué vende y qué no. Pero parece no dar la talla.

A decir verdad, la franja de MEO parece a ratos un documental; quizás el ex diputado ya entendió que no tiene posibilidades y por tanto, prefiere utilizar su tiempo para presentar posteriormente una propuesta artística en algún festival de cine. Si fuera así, creo que este documental quedaría muy parecido a “Los héroes están fatigados”, del mismo Enríquez-Ominami. Él mismo es, quizás, el último de los fatigados.

Si el género documental no convence al realizador, me permito hacerle una última recomendación: MEO insiste en su franja que él fue el primero en darse cuenta de los cambios que había que hacer y que hoy la sociedad exige o se encuentra realizando. Si el candidato no fuera tan ególatra, estaría feliz con lo alcanzado, y sin duda, estaría apoyando a Yasna o a Gabriel. Pero para él, ser un visionario no es un orgullo, sino que se ha convertido en una amarga maldición, tal como para Cassandra, el mítico personaje griego que veía el futuro, pero nadie le creía. Quizás el realizador encuentre consuelo si recuerda que, en los ’90, dirigió una regular película llamada precisamente, “Bienvenida Cassandra”. En dicha película, dicho sea de paso, el protagonista era el hoy candidato a senador Luciano Cruz-Coke. Las vueltas de la vida. Ellos no lo vieron venir. Cassandra sí.

Para finalizar, algunas palabras sobre la franja del profesor Artés. Yo soy partidario de otorgarle a don Eduardo una candidatura vitalicia. A esta altura del siglo XXI, tener una visión como la suya en este espacio televisivo es algo casi folclórico; nos lleva al pasado de la RDA, del “Papá cuéntame otra vez” de Ismael Serrano, lo que lejos de ser algo desgastado, resulta siendo más kitsch que nunca. Creo que la izquierda no ha sido lo suficientemente justa con Artés y si realmente defendieran las causas que defienden, muchos de los que apoyan a Boric estarían con el profesor. Al parecer, en Barrio Italia escuchan a Serrano, pero no lo entienden. Allá ellos.

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