Dejémoslo para otra encarnación

“En estos momentos, la coalición no es una necesidad” ha señalado Vicente Bruna, el secretario general republicano. Pero la pregunta es ¿si no se necesita para dar apoyo y sustento al tener un gobierno, cuándo se entenderá como algo necesario?

Ocurre que el oficialismo no puede funcionar de un modo aceptable sin establecer entre sus componentes un trato más equilibrado y respetuoso.

Para que esto suceda, se debe eliminar la capacidad de cualquier partido de sorprender a sus socios con iniciativas que los arrastren a un seguimiento obligado, sin consulta previa, en decisiones que los comprometen.

Cuando se instauran canales institucionales que permiten funcionar en conjunto, ninguna excusa resulta plausible para no intercambiar opiniones antes de definir acciones. La resistencia republicana para funcionar en formato de coalición es permanente y ha sido respaldada por Kast todo el tiempo.

Las resistencias para dar este paso muestran lo cómodo que resulta para republicanos mantener un grado de libertad que le permite tomar una iniciativa unilateral, sin trabas, en el momento que lo estimen conveniente.

Es una manera de proceder que se justifica por la decisión de mantener las diferencias entre socios. Se parte de la base de que las diferencias ideológicas existen aún en este nivel. Se estima que una negociación en la misma derecha desviaría del buen camino a quienes ya se encuentran en la buena senda.

En este sector político la tolerancia a las opiniones discrepantes y hasta en los matices es bien reducida. Si se debate el conceder indultos a integrantes de las Fuerzas Armadas y de Carabineros que cumplen condenas por perpetrar delitos durante el estallido social, algunos no solo esperan el acuerdo total al respecto, sino que se acepta solo una manera de aplicarlo.

Si Guillermo Ramírez, el presidente de la UDI, señala que lo mejor es estudiar la medida del otorgamiento de la gracia presidencial evaluando individualmente los casos, Johannes Kaiser comenta: “Me cuesta contener la ira”.

Si algunos parten enojados porque no se suscribe de inmediato el indulto general, pocas posibilidades hay de lograr un acuerdo aceptable en el oficialismo.

Estas discusiones, tan apasionadas como políticas, imposibilitan que el gobierno aspire a convocar a una mayoría ciudadana que lo respalde. Lo que divide son debates airados sobre la correcta interpretación de dogmas entre convencidos.

Tengo mayoría, pero no sé hasta cuando

En el Senado el oficialismo cuenta con una diferencia ajustada de votos para aprobar sus proyectos de ley, pero tres senadores en esa contabilidad se les pueden caer, todos por temas ligados a la probidad.

Hasta ahora, el gobierno se ha decantado por imponerse por esta diferencia mínima, pero pronto le puede resultar imposible. Seguir celebrando victorias se parece mucho a dar saltos de alegría en una cornisa.

No se puede actuar contra la prudencia, haciendo el giro hacia el diálogo cuando ya no se tiene ninguna otra opción a la cual acogerse. Se siembra lo que se cosecha y si el diálogo no se adelanta al peor escenario, el oficialismo no tendrá cómo reclamar al recibir un maltrato como respuesta a su previa indiferencia.

No es lo mismo buscar votos que tratar de construir mayorías estables con actores confiables. Al contrario del voto mercenario, un opositor que llega a acuerdo se hará siempre responsable de sus actos. La opción ha sido otra. Se ha jugado a imponerse a todo evento y eso sacrifica el diálogo por considerarlo innecesario.

El gobierno ha escogido todas las alternativas posibles al acuerdo con la oposición, pero eso lo hace vivir al día y sin tener el control sobre las posibles consecuencias de hacerlo. El gobierno ha escogido como socio en la Cámara al PDG, dándole un importante protagonismo a Franco Parisi, lo que puede ser visto mañana como uno de sus errores estratégicos más importantes.

Lo que ha estado predominando han sido las visiones de corto plazo y la mirada crítica previa a llegar al poder no ha cambiado en absoluto.

El diputado libertario Hans Marowski dice lo que muchos en el partido de Squella piensan: “Si Chile Vamos gobierna al ritmo de republicanos, maravilloso. Si llevan a Kast a un tercer gobierno de ellos, hay un problema”. Algunos insisten en llamarlos derechita cobarde, pero los que no lo hacen igual los tratan de “ellos”, porque la cercanía en un mismo gobierno no significa cariño adquirido.

Estar en La Moneda y actuar como oposición

¿Cómo se puede pensar que se está teniendo un comportamiento responsable si se desperdicia el tiempo de un gobierno corto?

Es muy difícil concebir una administración con un transcurrir completamente separado del núcleo político que le da sustento. Puede que Kast haya llegado a La Moneda, pero republicanos no ha salido de la oposición. Sigue impugnando a sus adversarios tal como si los papeles estuvieran intercambiados.

Con la acusación constitucional contra Grau, republicanos hizo un giro hacia la reyerta política utilizando un instrumento institucional pensado para fines que se vieron distorsionados. Lo que consiguieron es que los demás sintieran que se les había hecho perder un mes, dilapidando esfuerzos y concentración sin propósito.

No se trata de cualquier tiempo; es la etapa más fecunda que puede tener un gobierno corto. Cada día del primer año vale oro y se ha empleado este espacio irrecuperable en una polémica más aguda dentro del sector que con la oposición.

Este episodio puede terminar siendo una alegoría de los cuatro años de Kast: un intento de restauración ideológica, con desgaste institucional severo, predominio de la mentalidad de corto plazo y mucha inercia en la gestión.

Las jornadas terminan siempre entre polémicas de tono menor. Poduje se enfrenta a Quiroz para advertirle que con la plata de su ministerio no se meta. Kaiser emplaza a Ramírez perdiendo por completo la calma ante su oposición a un indulto general. Matthei le explica a Arrau cómo no puede hacer las cosas y el ministro la invita a informarse mejor. Romero va más lejos y señala que la excandidata presidencial ya no está vigente, solo para tomar impulso y advertir a Schalper que su posición ante la acusación constitucional le sale caro con sus electores. Estos episodios son flores de un día, son gustos y licencias que afectan objetivos centrales

El episodio de la acusación deja una gran lección que aprender que será aprovechada por todos, excepto por sus promotores que parecen no darse por enterados del estropicio que están dejando. Nada reemplaza el equilibrio entre partidos oficialistas. Si la centroderecha no reacciona ahora para darle sentido estratégico a la acción del oficialismo, ya no se sabe qué podría despertarla.

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1 Comment

  1. Lamentablemente toda la razón …. Es una lástima tener personeros tan soberbios en un gobierno al que ya se le fueron 4 meses y contando ….

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