Codelco está siendo cuestionado por la sociedad chilena. Ni siquiera los más ideologizados dirigentes y políticos de izquierda han salido a defenderlo estos últimos meses. Su deteriorada situación, muy grave para Chile entero en estos momentos de dificultades económicas, no surgió de situaciones externas sino de errores propios y de su sistema de gobierno. El principal ha sido el mal diseño y/o mala ejecución, con fuertes atrasos y sobrecostos, de proyectos de inversión estructurales y de gran magnitud. Las explicaciones dadas se probaron insuficientes: las empresas privadas también tienen yacimientos cuya ley de mineral va disminuyendo, pero supieron superar el problema. Codelco no.

El nuevo gobierno entró decidido a corregir esta situación. Se propone que vuelva a elevar la producción y reducir costos. Para ello han tomado principalmente dos medidas: nombrar un nuevo directorio afín y designar un nuevo Presidente Ejecutivo (o Gerente general) con gran experiencia minera y reconocimiento público. Es el ex capo de Coyahuasi: Jorge Gómez. Espero que les vaya bien, pero me temo que esto no bastará. Los problemas no surgieron por fallas de las personas individuales a cargo, sino por el diseño del sistema en que operan y de premios y castigos que rigen. Ha llegado el momento de ir más lejos.

Por una parte, está la propuesta de transformar Codelco en un holding de empresas mineras, tanto de cobre como litio y otros, tal cual propusimos aquí años atrás y ahora hace sólo cuatro semanas. Esta semana nada menos que el internacionalmente reputado Centro de Estudios del Cobre (CESCO) profundiza, extiende y fundamenta más la necesidad de medidas como esa.

Por otra parte, parece llegado el tiempo de cambiar el rol del directorio y su composición a algo parecido al Consejo del Banco Central: bajar su número de miembros de 11 a 5, que duren también 10 o al menos 8 años, que se renueven cada dos años y se designen con otro procedimiento. Sobre esto véase mi columna en El Mercurio. Aquí procuraré explicar más por qué reformar el actual sistema de alta dirección de la empresa.

La experiencia y resultados de los últimos quince años muestran que el diseño del directorio de Codelco establecida el año 2010 por la Ley 20.392 no funcionó todo lo bien que se esperaba. Debe actualizarse a partir de los problemas concretos que han impedido alcanzar repetidamente las metas propuestas y de los desafíos de hoy. Explicito cuáles creo que son.

Codelco, por su carácter estatal, está constreñida a ser considerada la “vaca lechera” del fisco, es decir, un ente al que Hacienda tiende a que sacarle el máximo de dinero para financiar al Estado y, además, exigirle que se consiga sus propios fondos para inversiones en su desarrollo. Con su estructura actual, de mayoría de miembros nombrado por el gobierno de turno, el directorio no tiene poder para contrapesar al Ministerio de Hacienda para limitarle el retiro de excedentes. Así, queda como el jamón del sándwich entre Hacienda y lo que hacen por su cuenta los altos ejecutivos que conocen más la empresa.

El carácter público de la empresa y de su actual directorio, hacen que Codelco no tenga al agente apropiado que actúe realmente como dueño; es decir, con la capacidad de hacer cumplir las metas de producción, rentabilidad y cumplimiento de plazos y costos de inversiones para conservar su propiedad. Un dueño es distinto de un arrendador o concesionario por eso: quiere valorizar su recurso. Los ministros que teóricamente podrían hacer de dueños, no pueden porque normalmente tienen otras prioridades más urgentes. Y, sobre todo, porque duran como máximo cuatro años, período muy inferior al que demoran las inversiones mineras y al tiempo que toma ver el fruto de políticas de reducción de costos. Un dueño de verdad es mucho más estable y dura mucho más en la empresa que los ejecutivos en función. Llevan la historia de la empresa en su cuerpo. Eso les da un conocimiento y autoridad superior. Jean Paul Luksic lleva 36 años como director de Antofagasta Minerals y 22 como presidente del directorio, además de varios años como CEO. (Señalemos de paso que dicha empresa privada tiene tres directores con más de 20 años en su rol y casi la mitad de ellos son extranjeros).

En esta materia de duración de agentes claves en sus cargos, inevitablemente Codelco tiene las características, vicios o presiones burocráticas de toda entidad pública. Se cumple en ella la famosa máxima (aunque nunca dicha) de todos los altos empleados públicos para cada vez que llegan nuevos jefes que exigen cosas: “Dejémoslos hablar, pedir e intentar. Total, en un par de años ya no estará en el cargo de hoy, mientras nosotros seguiremos aquí viendo pasar jefes ingenuos”. Y no se equivocan.

En una empresa privada eso no pasa, no porque tenga trabajadores, ejecutivos o dueños mejores; es porque el entorno en que está inserta no se los permite. Al tener acciones que se transan en la bolsa, si el propietario pretende usar la empresa como “vaca lechera”, el precio de esas acciones disminuirá hasta eventualmente no poder conseguir créditos para invertir y mantener la empresa. Por el contrario, si realiza buenos proyectos de inversión completados a tiempo y eleva su producción, los precios de sus acciones subirán y habrá más de un banco interesado en prestarle dinero para seguir creciendo.

Aquí surge la propuesta de muchos de abrir una parte del capital de Codelco para que se cotice en bolsa como la mejor solución posible para la empresa y para Chile. Puede ser. Pero aquí la discusión salta a un dominio emocional, político e ideológico altamente sensible. Esto no debiera, sin embargo, impedir que intentemos un debate serio y de alto nivel sobre esta alternativa. En todo caso, legalmente estos cambios se dificultan por la necesidad de aprobarlo mediante una Ley Orgánica, que requiere votación superior a simple mayoría. En cambio, una reforma del régimen del directorio no la requiere. Y, además, esta última necesidad de reforma ha sido manifestada por prestigiosas figuras de izquierda, como el ex presidente de Codelco Oscar Landerretche (ver su excelente columna reciente en La Tercera).

En resumen, Codelco necesita urgentemente un cambio en las reglas bajo las cuales se rige, para enfocarse en su rentabilidad de largo plazo. Así volverá a ser una empresa de la cual muchos más chilenos nos sintamos orgullosos por bueno motivos: su generación de ingresos altos y crecientes especialmente para financiar mejores pensiones que nos haga un país más equitativo.

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2 Comments

  1. Tal como fugazmente desliza, es difícil lograr, si no imposible, lograr la eficiencia en CODELCO mientras el poder sindical maneje la corporación. Ningún privado arriesgaría su capital en una corporación sin tener real posibilidad de manejo del recurso humano. Como escribió el griego Tucídides, primer historiador de método de la historia, «mientras no cambie la naturaleza humana todo se repetirá». Y los chilenos seguiremos mirando desde la galería como su principal recurso de exportación favorece generosamente sólo a un grupo de privilegiados.

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