Ayer el Presidente Kast designó a Bernardo Fontaine como presidente del directorio de Codelco. Esto ocurre después de una junta de accionistas especial de la empresa estatal, en la cual los ministros de Estado responsables de ella expresaron dudas y diferencias con el ahora ex presidente del directorio respecto a la situación, trayectoria y futuro de la empresa.

Abundan elocuentes explicaciones, pero el hecho es que Codelco acumula al menos una década (y tal vez más) de un desempeño insuficiente que se traduce en un deterioro del aporte de divisas que entrega al fisco. Tanto que, en la práctica, ha dejado de ser “el sueldo de Chile”. El año pasado, las empresas privadas de la gran minería hicieron aportes al fisco chileno sustancialmente superiores a los de Codelco. Además, lo que es peor aún, la empresa ha contribuido a incrementar el endeudamiento externo público ya elevado que sufre hoy el país, después de décadas de un crecimiento del gasto del Estado muy por encima del magro crecimiento económico.

Sólo unos pocos datos para fundamentar lo anterior. Entre 2014 y 2025 la producción de Codelco no sólo no ha aumentado, sino que ha caído desde 1.840.000 toneladas (TM) a sólo 1.440.000; baja 22%, a pesar de haber invertido U$57.000 millones desde 2016. Las mineras privadas, en cambio, sí pudieron ir aumentando su producción. En consecuencia, Codelco cayó desde el 31% de la producción nacional en 2016 a sólo 25% el 2025. El año pasado una sola empresa minera, Escondida de BHP, ya superó la producción propia de todas las divisiones de Codelco juntas. Así, el último año y sólo hasta septiembre, BHP informó pagos al Estado por U$2.580 millones, mientras todo Codelco y hasta diciembre aportó sólo U$1.780. Casi 50% más. Una de las causas son los mayores costos operacionales: 199 centavos por libra producida el 2024-25 por Codelco, comparado con menos de 130 centavos en el caso de Antofagasta Minerals (AMSA). Pero la mayor causa son los elevados costos de inversión en los proyectos de expansión y sus atrasos sistemáticos. Millones desperdiciados por no lograr lo esperado. Aquí está la mayor insuficiencia de Codelco; no ha podido realizar inversiones rentables. Su consecuencia: baja rentabilidad sobre su capital y activos (ROA): 1,3% en los últimos cuatro años, comparado con 7,7% de la privada AMSA. Por eso Codelco se tiene que endeudar tanto. Al paso que va, no sólo BHP sino también AMSA la superará en producción en diez años más.

La llegada de un nuevo gobierno abre la oportunidad de encarar en forma enérgica las reformas que necesita Codelco. Las grandes cuestiones son: ¿Necesita reformas?, ¿para qué?, ¿cuáles?, ¿cómo? Estimo que sí necesita reformas para que vuelva a entregar a su dueño –es decir, a todos los chilenos– una rentabilidad comparable a la que entregan las empresas privadas mineras a sus accionistas particulares por el capital y activos que les han entregado para administrar. ¿Por qué tendríamos que conformarnos con menos? Sostener la PGU y toda la Reforma para dar mejores pensiones a los chilenos exige al menos eso. Si no ocurre, debiera ser obligación de los gobernantes del país realizar las acciones necesarias para corregir esa situación.

Lo que Codelco necesita es que opere realmente como una organización que tenga como prioridad maximizar el retorno sobre el capital o activos aportados por los dueños, en este caso, los ciudadanos del país. Esto no está pasando por el problema que tiende a ocurrir con todas las entidades estatales que es su burocratización; esto es, operar en realidad para elevar o conservar lo mejor posible las condiciones de trabajo de quienes laboran en esa burocracia, aunque esto nunca se reconozca. Los estudios de organización industrial en el mundo entero, además de la experiencia de las economías comunistas, demuestran que eso tiende a ocurrir siempre. Las escuelas estatales se administran con el foco en no exigir demasiado a los profesores en vez de foco en que aprendan más los estudiantes; los organismos de salud más en respetar los derechos adquiridos en los contratos laborales de los distintos estamentos -médicos, enfermeras, anestesistas, asistentes -antes que en maximizar la atención del número de pacientes. Por eso en gran parte los pabellones están desocupados el doble o más del tiempo que en las clínicas privadas, y las listas de espera se acumulan. Eso no ocurre necesariamente porque los empleados, profesionales o directivos de entidades estatales sean más “malas personas” que en las entidades privadas. Tampoco porque sean intrínsecamente más flojos, menos “productivos” o más politizados. Eso viene después. Es por el sistema en que están inmersos: por el conjunto de incentivos, prioridades y sanciones puestas en focos distintos: en los trabajadores que producen los servicios en el caso estatal, y en los usuarios de los servicios en el caso privado. No es un tema de “buenos y malos” ni de política.

Por el motivo anterior, las burocracias no se transforman solamente poniendo a la cabeza un directorio profesional o independiente, o personas elegidas por “concurso público”, como se argumenta y destaca en el caso de Codelco y otros. Puede ayudar algo, pero está lejos de bastar. Se necesita cambiar el sistema de incentivos para alinearlos con el agente que se propone servir prioritariamente. (Todo lo anterior, obviamente, en el marco del cumplimiento de todas las leyes y estándares que correspondan a cada actividad y servicio). Las ideologías, el sistema político, la forma de conseguir votos para ser elegido parlamentario o gobernante juegan un rol complementario a lo anterior para abrochar y conservar los sistemas de producción estatales. Pero tampoco quisiera profundizar en esto ahora.

En el caso de Codelco que me preocupa aquí, estimo que se da una coyuntura u ocasión propicia para intentar un cambio organizacional sustantivo, y no disruptivo. Se trata de aprovechar la legitimidad lograda por el gobierno de izquierda de Boric con la nueva sociedad Codelco-SQM en materia de litio, para extender esa estrategia a su producción de cobre. Esta fórmula de empresa mixta rompió el tabú de que cualquiera asociación de Codelco con privados equivaldría a una “privatización encubierta” de ella. Los partidos políticos de izquierda sostenían que eso significaba “traicionar” la nacionalización del cobre realizada por Salvador Allende. Ya no podrán decir lo mismo.

En este momento se abre una nueva oportunidad como la que aprovechó Máximo Pacheco con SQM: se trata de la mega expansión de la Minera El Abra en Calama desde 91.000 toneladas métricas por año a 300,000 TM con una inversión de 7.500 millones de dólares. En la actual empresa Codelco tiene 49% del capital y la norteamericana Freeport el 51%. Codelco debiera apoyar esa expansión con todo, pero sin poner capital adicional en esa empresa. Debiera incorporar, licitando, a alguna empresa privada una parte significativa de su derecho a participar en su 49%. También podría buscarse otras formas de incorporar capital privado a esa empresa expandida.

La principal alternativa que propongo sería que la nueva “El Abra” emita bonos convertibles en acciones en determinados plazos y condiciones que pudieran ser comprados por las AFP. Esta estrategia financiera-empresarial de emitir bonos “aefepeables” tendrían dos inmensos beneficios, aparte de evitar que sea el Estado o Codelco quien se endeude más. Primero, que sean los trabajadores pensionados chilenos quienes se beneficien directamente de una eficiente explotación del cobre chileno (algo que hoy no ocurre). El segundo, sería que se invierta en Chile -y no afuera- una mayor proporción de los enormes fondos adicionales que las AFP acumularán como consecuencia de la Reforma Previsional reciente. Podrían agregarse además ciertas cláusulas contractuales a estos bonos del Cobre/Codelco/AFP que permitan a las AFP nombrar uno o más directores en las empresas que los emitirán. Así, las entidades previsionales y sus directores podrían ir acumulando experiencia y conocimiento de cómo ejecutar en tiempo y forma los mega proyectos de inversión que requiere la gran minería.

En la medida que se vean resultados exitosos de estas nuevas empresas mixtas invirtiendo y explotando yacimientos de cobre aportados por Codelco, se podría ir logrando que Codelco pase a ser un holding de compañías mineras más que un productor exclusivamente de cobre. Además, dejaría de ser la encargada de realizar un cometido en que no se ha mostrado lo suficientemente competente como es diseñar, financiar y construir grandes proyectos de inversión minera. Así, con menos inversión y endeudamiento del Estado, podría volver a elevarse la contribución de Codelco a los ingresos fiscales del país, a los ciudadanos y a los pensionados chilenos.

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