Aquí en el sur llueve sin parar. Miro por la ventana y sigo sin palabras para describir lo que significa la partida del ex Presidente Sebastián Piñera. Mi jefe, mi mentor y partner de tenis en múltiples ocasiones. Hace menos de tres horas sentimos el peso de la vida, de su fragilidad y de cómo la historia va narrando sus hechos. Cuando menos se espera, cuando sus proyectos fluían unos tras otros y la energía afloraba en cada uno de sus encuentros con ideas y propuestas para que otros llevaran adelante, nos quedamos en blanco, como si el tiempo se detuviera y empezara a correr un reloj en reversa, lleno de vivencias y recuerdos, y sobre todo, del impacto que tuvo en la vida de quienes tuvimos el privilegio de servir en su gobierno.
Recuerdo con nitidez la primera vez que entré a su oficina en La Moneda, a fines de abril del 2010. Pensé que iba a interiorizarme de un posible trabajo para sacar adelante el Bicentenario que debíamos celebrar. Sin saber cómo, salí de esa oficina con un encargo concreto: Secretaria Ejecutiva de la Comisión Bicentenario. Pocos días después estaba sentada a escasos metros de esa misma oficina, que miraba con respeto, pero de la cual fluía una energía y creatividad inagotable. Sus sueños para Chile eran grandes, meditados y posibles. Eso se aprende caminando a su lado, escuchando sus razonamientos y entendiendo que toda acción requiere un plan, obvio que por escrito, con números y escenarios. Como siempre nos decía: ideas hay infinitas, “mándemelas por escrito” y cómo se podrían llevar a cabo.
De una claridad de ideas y capacidad de gestión que pocas veces se conoce, y que hace admirarlo y confiar en su liderazgo. Así fue como nació una de sus políticas públicas más exitosas: Elige Vivir Sano, con cuatro pilares que dibujó mucho antes de que vieran la luz y que hasta el día de hoy son la base de la vida saludable desarrollada por la Primera Dama, Cecilia Morel, o el parque deportivo Estadio Nacional, la gran sede de los Panamericanos y Parapanamericanos que anunció en septiembre del 2019; y tantos otros proyectos en que tuve la oportunidad de trabajar como ministra del Deporte.
Jugado con su equipo, apañador y siempre con una cuota de humor fuera en una reunión oficial o social. Las bilaterales, las chaquetas rojas, el block Colón con su regla y lápices rojos, las pautas estudiadas en detalle son parte de su sello, de un sello que marcó a una generación que pudo aprender de un hombre que entregó lo mejor de sí a nuestro país, que nunca se rindió, con todos los costos personales que eso conlleva. Siempre puso a Chile por delante, con una fuerza y voluntad que a más de alguno le sacó unas canas. Pero su amor por la patria, el respeto por las instituciones y la institucionalidad primaban en cada una de sus palabras y tareas a desarrollar. Porque en su esencia estaba el ser republicano, y así nos lo transmitió a cada uno de sus ministros.
Entusiasta y generoso con sus conocimientos y su equipo. En cada reunión se salía con más información, más pasión, y con una larga lista de objetivos por lograr.
El deporte siempre lo apasionó. No dejó nunca de estar preparado para un partido de tenis, un paseo en bicicleta o unos hoyos de golf. Por su puesto, que perder no era lo suyo y para ello había que dejarlo todo en la cancha. Su próximo sueño deportivo era ir a ver a los chilenos competir en los Juegos Olímpicos de París este 2024. Ya estaba preocupado de quiénes estaban clasificados y los que aún tenían posibilidades.
Nos dejó un demócrata, uno de los más grandes líderes de los siglos XX y XXI. Nos dejó un tremendo jefe y amigo que echaremos de menos, pero que estará siempre presente en nuestros corazones.
Pauline Kantor – Ex ministra del Deporte y creadora del programa Elige Vivir Sano
