¿Para qué sirve la Armada? Es una pregunta fundamental en tiempos en que se discuten los presupuestos o se debe ver cómo financiar la operación de los medios navales o pagar la renovación de las capacidades estratégicas de la Marina.

En el 2018, producto del bicentenario de la Armada de Chile, surgió la necesidad de explicarles a los chilenos por qué existe la Armada, es decir, qué hace, cómo lo hace y por qué lo hace (círculo dorado de Simon Sinek). Lo que preocupaba a la Marina era también materia de preocupación de otras marinas, me refiero al cómo explicar lo que hacen cuando ello no es visible para quienes pagan por sus servicios. Para ello se constituyó un equipo entre especialistas en defensa y distinguidos oficiales de marina, liderado por el comandante en jefe. Los entregables fueron un relato que se presentó en una sesión especial de Icare llamada Mar de Chile: Un Océano de oportunidades, y un documento que se desarrolló para comunicar dentro de la Armada el relato institucional, ya que para salir a vender a la Armada de cara a los chilenos primero los mismos marinos tenían que estar de alineados y rezando el mismo credo.

¿Por qué desarrollar este tema en una columna de opinión? Porque estamos en época de la confección del presupuesto fiscal para el 2026 y es importante que quienes toman decisiones sepan qué hace la Armada, que no es obvio, cuyo trabajo principalmente se da desde la línea de costa hacia aguas afuera y fuera de la vista de los que están en tierra.

El actual presupuesto del 2025, que ya viene afectado desde que Briones fue ministro de Hacienda en Piñera 2, fue recortado a comienzos de año como parte de un ajuste fiscal que se hacía cargo de los menores ingresos que estaba recibiendo el fisco, con los consecuentes impactos operativos, y, por otro lado, hay quienes, buscando no afectar las desmejoradas arcas fiscales, recomiendan sólo basados en criterios financieros de corto plazo, ajustar a la baja el aporte basal definido en la ley de financiamiento de capacidades estratégicas, una ley que buscaba dar estabilidad a la planificación, afectando con ello la renovación del material y equipamiento de las Fuerzas Armadas, y en especial de la Armada producto del costo que tienen los buques de guerra y material naval.

Entrando en materia, lo que debieran hacer las Fuerzas Armadas en general está definido en la Constitución de la República y en la aún vigente política de Defensa del 2020. Digo debieran, porque desde su publicación a comienzos del 2021 han estado más enfocadas en las áreas de misión relacionadas a la seguridad interna que a las que les son más propias, como las de seguridad exterior que buscan asegurar y proteger la soberanía e integridad territorial de Chile. El dedicar esfuerzos y recursos a labores de seguridad interior sólo debiera ser excepcional y no algo permanente, y que pasa a ser permanente cuando el sistema político no quiere asumir los costos de resolver los problemas y prefiere administrarlos y contenerlos, dejando la solución al gobierno que sigue, o bien rezando que con el tiempo se resuelvan. Este es el caso de la insurgencia y terrorismo en la Macrozona Sur. Otra cosa es el resguardo y protección de las fronteras terrestres, algo que debiera quedar a cargo del Ejército conforme reciban los recursos correspondientes. En esto hay consenso entre gobierno y oposición, estando pendiente los aspectos legales y financieros para que ello ocurra.

En general las marinas y es también el caso nuestro, realizan tres funciones siendo estas, la primaria, que es la militar, acompañada de los roles policiales y diplomáticos, en lo que es algo muy propio y distinto a otras instituciones de la Defensa Nacional. Sobre esto en su momento escribieron James Cable y Ken Booth, dando lugar en Chile a la estrategia de los tres vectores o de las cinco áreas de misión.

No es fácil establecer políticas de gastos e inversiones cuando una institución, la Armada, tiene o cumple roles que van más allá que los que se refieren a la defensa de la soberanía e integridad territorial. No es que el Ejército o la FACH no los tengan, y claro que los tienen, pero en dimensiones menores que las que se observan en marinas como la nuestra. La clásica aproximación de Defensa de asignar presupuestos por tercios es una sobre simplificación y no entendimiento de la realidad geográfica nacional, ubicación al sur del mundo, y los problemas estratégicos derivados de ello.

Es cierto que no todas las marinas se ocupan en labores de apoyo a la política exterior o en funciones del tipo guardacostas o de policía marítima, pero la realidad indica que la mayoría sí lo hacen en forma integrada, y lo hacen porque es más eficiente que tener dos organizaciones, una dedicada a lo policial y marítimo, y la otra a lo militar y diplomático.

Cuando se habla de la Armada de Chile estamos hablando esencialmente de una organización que incluye medios navales de combate en la forma de la Escuadra y Fuerza de Submarinos, una Infantería de Marina y un Comando de Fuerzas Especiales que provee medios expedicionarios anfibios y de proyección, más que infantes para la Macrozona Sur, unidades de patrullaje marítimo y de policía marítima, medios aeronavales y logísticos de apoyo a las fuerzas operativas, más todo lo que implica administrar y entrenar a la Armada como un todo.

Cuando hablamos de la Armada de Chile estamos hablando de una organización que no sólo se preocupa junto con el Ejército y la Fuerza Aérea de defender y proteger la soberanía y territorio nacional, sino que adicionalmente es responsable por los Mares de Chile que incluyen nuestro mar territorial, los lagos y vías fluviales, la zona económica exclusiva y los extensos espacios marítimos en donde tenemos responsabilidades de SAR, así como también el interés nacional donde sea que este ubicado, pudiendo ser el Canal de Panamá, el Estrecho de Malaca, o los mares y océanos por donde circula más del 90% de nuestro comercio exterior.

Desde hace varios años que existe un entendimiento global de que mantener las vías marítimas despejadas y libres para el tránsito de exportaciones e importaciones es una responsabilidad de todos los usuarios del sistema. Ya no es aceptable que eso sea materia sólo de las potencias globales, y es por ello de que Chile no sólo se preocupa de que el Estrecho de Magallanes y el Mar de Drake estén disponibles para el comercio global, sino que participa junto a otros países en asegurar que canales como el de Panamá, o los estrechos del Pacífico Occidental estén despejados y navegables. Ello se hace participando en ejercicios que se preparan con esos fines como son RIMPAC, Panamax o Unitas. Son realidades que no son conocidas por todos los chilenos, que no siempre se preguntan quién hace que el sistema funcione o dan por sentado que todo está bien.

Se nos olvida o nos cuesta asumir que somos un país esencialmente marítimo, uno que depende de sus mares para su alimentación, exportaciones e importaciones. Somos un país abierto al mundo ubicado en el extremo sur del planeta, separado por desiertos y cordilleras de nuestros vecinos, pero conectados por los mares al Asia Pacífico, Norteamérica y Europa, los mercados y destinos con los que comerciamos y de los que dependemos. Para que todo ello opere y funcione está la Armada de Chile, su gente y sus medios.

La Armada de Chile, para cumplir con su propósito y funciones, requiere de buques de guerra, submarinos, patrulleros, medios aeronavales, equipamiento para sus infantes de marina, policía marítima, y capacidades logísticas. Esa inversión se tiene que financiar por la vía de la ley de financiamiento de capacidades estratégicas o con los presupuestos específicos que existen para el equipamiento de lo marítimo. Sin medios navales y aeronavales una marina no es una marina, y sin marina la realidad y bienestar que conocemos hoy en día en Chile no existiría. Somos un país isla que depende de su comercio exterior para existir y funcionar. Ello mismo sucede a países como Australia o Japón que han entendido la importancia estratégica que implica tener una marina que les asegure su existencia y funcionamiento. También los hay países como el Reino Unido que han desatendido su marina de guerra y que hoy dependen de otros para poder asegurar los flujos comerciales que los mantienen vivos.

La Armada es la única institución que provee a Chile con la capacidad de golpear más allá de lo inmediato de sus fronteras. Es cierto que el Ejército y la FACH pueden afectar significativamente a nuestros vecinos conforme se mantengan sus capacidades actuales, pero no tiene la capacidad estratégica que provee actualmente nuestra Fuerza de Submarinos, capacidad junto a la que todavía tiene la Escuadra Nacional que nos permite ser gravitantes en donde y cuando lo podríamos necesitar o el interés nacional lo requiera.

No se puede reducir la discusión de la seguridad nacional a solamente lo que es la seguridad pública o la seguridad interior, muy importantes e inmediatas, por cierto, pero alguien debe tener claro las consecuencias de querer sólo atender lo urgente, y desatender lo importante y estratégico.

Es difícil pedirle a un gobierno para el cual el tema no es prioridad preocuparse de la renovación de la Escuadra o de la Fuerza de Submarinos, o de pedirles que se asignen los presupuestos de operación que se necesitan para mantener el alistamiento y el entrenamiento sin los cuales las capacidades se multiplican por 0, pero sí es de esperar que quienes deben conducir el país los próximos cuatro años pongan atención en la realidad de las Fuerzas Armadas, y específicamente en lo que respecta a la Armada. Lo que está en juego es, al final del día, nuestro estilo y forma de vida, nuestro bienestar y desarrollo. Asumir que la Armada de Chile lo podrá seguir haciendo sin recursos es ser extremadamente ilusos y hasta irresponsables. Asumir que alguna potencia se va a preocupar por cuidarnos y hacer la pega que nosotros no queremos hacer es más iluso e irresponsable aún. Para interesados en la materia recomiendo ver este link.

Experto en Defensa y Seguridad Nacional, vicepresidente ejecutivo de AthenaLab y concejal por Las Condes

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2 Comments

  1. En relación con la pregunta ¿para qué sirve la Armada de Chile? cabría hacer algunos comentarios:
    Históricamente, las relaciones entre Estados se han caracterizado por la existencia de situaciones de tensión o de crisis, las que al no solucionarse satisfactoriamente han dado lugar a resultados catastróficos.
    Por ser Chile una nación de posición estratégica y condiciones geográficas, económicas y comerciales esencialmente marítimas, la Armada tiene un importante papel que desempeñar en los problemas que nuestro país tiene que afrontar en el terreno internacional.
    Para respaldar su política exterior, los Estados necesitan un apoyo flexible. Las Armadas están en condiciones de cumplir ese rol, por su naturaleza misma y en consideración a los atributos característicos de las fuerzas navales. Durante siglos, la fuerza naval y la diplomacia han estado entre los instrumentos regulares de los gobiernos. El uso diplomático del Poder naval es ampliamente reconocido y puede ser graduado desde un simple despliegue naval hasta el real empleo de la fuerza, pasando por diferentes etapas, según el efecto que se espera lograr.
    En muchos casos, una demostración de poderío naval sin llegar a la acción armada puede lograr fines políticos, solamente ejerciendo presión a través de su capacidad potencial o amenazando iniciar acciones militares. La oportuna presencia de un buque de guerra puede evitar un desastre que luego solo podría remediarse con mucha más dificultad y considerable sacrificio.
    A una Armada se le atribuyen cuatro misiones: disuasión estratégica, presencia naval, control del mar y proyección del poder contra tierra.
    Para desempeñar efectivamente sus misiones, las fuerzas navales requieren una cantidad mínima de buques con un potencial adecuado. Ellas deben reflejar una capacidad fácilmente perceptible para llevar a cabo las amenazas implícitas. El adversario debe percibir claramente que la demostración de fuerza va acompañada de la firme voluntad del país para actuar —y emplear dicha fuerza— en defensa de los intereses amenazados.
    Normalmente, una firme determinación en la defensa del suelo patrio resulta decisiva en un conflicto. La oportuna presencia de buques de guerra, acompañada de una manifiesta y decidida voluntad de hacer frente a cualquier agresión, es el mejor seguro para no tener necesidad de utilizarlos; como ocurrió con el conflicto marítimo austral con Argentina en 1978.
    En cuanto a la estructuración de la fuerza naval, podríamos decir que ella debe ser decidida una vez definidas con rigurosidad las misiones de la Armada, o sea, lo que el país requiere que su Armada en particular cumpla. Para ello es preciso revisar las responsabilidades que ella tiene, a fin de proporcionar una pauta básica según la cual podríamos juzgar la suficiencia de nuestras fuerzas navales para satisfacer nuestras necesidades nacionales y afrontar las interrogantes: ¿para qué necesitamos una Armada?, y ¿qué tipo de Armada debería ser?
    El proceso para generar los requerimientos de una fuerza naval exige un enfoque disciplinado y desarrollado cuidadosamente, que considere los factores políticos, económicos y estratégicos, las amenazas, los intereses marítimos y los requerimientos de una efectiva presencia naval.
    Adolfo Paúl Latorre
    Magíster en ciencias navales y marítimas
    Magíster en ciencia política

  2. Respecto del Rol de Disuasión Estrategia de la Marina es importante y debe estar ya en el debate público de alto nivel la renovación de la Fuerza de Submarinos, en particular de los 2 submarinos clase U209 «Simpson» y «Thomson» los que con más de 40 años de operación están próximos al término de su vida útil segura. Esta renovación estratégica se debe planificar y ejecutar con tiempo sobretodo en el contexto de pre-crisis mundial que se vive y que tiene a la industria de defensa en estado de alta demanda. Existen entre 6 y 8 proveedores capaces de construir submarinos no-nucleares y todos ellos están con una alta demanda de construcción lo cual nos deja como país en una situación de desventaja para el momento en que entremos a la lista de espera. Este es un tema delicado que se debe abonar con prontitud y que el nuevo gobierno no podrá guardar en el cajón.
    Christian Fuenzalida Pino

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