Enero es el mes en que se entregan los resultados de las pruebas de selección para la educación superior. Ya sea la PAA, la PSU, la PTU y ahora la PAES, sus datos siempre han generado un intenso intercambio de opiniones entre expertos y público en general. Este año, el interés se ha centrado en la prohibición inicial de que las universidades puedan utilizar los datos, más allá de su uso como herramienta de selección de estudiantes a la educación superior. Dos han sido los argumentos entregados por la autoridad educacional: la necesidad de proteger datos privados y también el que esta prueba no ha sido elaborada para fines distintos a los requeridos para seleccionar a los mejores postulantes a la educación superior.
¿Tiene razón la autoridad? A primera vista uno diría que sí. Por un lado, los datos privados -en este caso, el rendimiento académico- están protegidos por ley. A su vez, este instrumento fue diseñado para seleccionar a aquellos estudiantes con más mérito y mejores probabilidades de rendir bien en sus años universitarios, y no con otros fines, como el de evaluar la calidad de la educación escolar.
Al examinar esto con detención, vemos que ambos argumentos son errados. En primer lugar, los datos anonimizados dejan de ser datos sensibles protegidos por ley por lo que la autoridad puede permitir su uso para realizar diversos análisis. En segundo lugar, si bien es efectivo que este instrumento cumple con una finalidad bien específica, el análisis de los datos puede entregar herramientas valiosas, no sólo a estudiantes y sus familias, sino que también a académicos motivados por hacer -y responder- diversas preguntas.
A modo de ejemplo, ¿existe correlación entre el rendimiento de los colegios en las pruebas PISA y SIMCE con la PAES? El término de la selección, ¿tuvo impacto positivo en los establecimientos que retuvieron a los talentos que, en el pasado, habrían migrado a los liceos emblemáticos? O ¿qué estrategias docentes implementaron establecimientos que en un breve período dieron un salto importante en el ranking que se publica año a año? Ninguna de estas preguntas (y muchas más que se podrían hacer) se relacionan con los objetivos de la PAES, pero el prohibir estos análisis sólo contribuye a generar suspicacias respecto de qué es en realidad lo que el Mineduc pareciera querer esconder.
Por ahora, expondré algunos análisis que pueden ser obtenidos a partir de los datos disponibles en la página del Demre. En primer lugar, llama la atención que la asistencia a rendir esta prueba es de un 96% para egresados de colegios particulares pagados, 90% en particulares subvencionados y de sólo 84% en establecimientos públicos; esto ya marca una diferencia relevante que requiere un análisis en profundidad.
En segundo lugar, a diferencia de los instrumentos anteriores (PAA, PSU) que tenían puntajes estandarizados (es decir, independiente del rendimiento de la cohorte, la media es siempre de 500 puntos), los puntajes de la PAES dependen del número de respuestas correctas de cada prueba. Así, quien acierta las 60 preguntas de la PAES de Comprensión Lectora (CLEC), obtiene 1000 puntos; si tiene 36 correctas (lo que equivaldría a una nota 4.0 de nuestro sistema escolar si la exigencia es de un 60%), el estudiante tendría 597 puntos; en Matemática 1 (M1), obtendría 642 puntos. La mediana (es decir el valor justo en el medio cuando los datos se ordenan de mayor a menor) es de 591 puntos para CLEC (cerca de 36 respuestas correctas) y de 576 para M1 (29 respuestas correctas). Dicho de otro modo, en M1, más de la mitad de los estudiantes no habría obtenido nota 4.0. Estas diferencias son sustanciales cuando se compara a egresados de colegios particulares pagados con los provenientes de la educación pública.
En los procesos anteriores, cuando el puntaje máximo era de 850, se exigían 450 puntos para postular. Ahora que el puntaje subió a 1000, se piden 458 puntos promedio. Cabe preguntarse cuál será el rendimiento académico de aquellos que ingresan con estos puntajes. El aumento desmedido de la matrícula universitaria (de 480.000 en 2001 a 1.340.000 el 2023), favorecido en gran medida por la gratuidad, ha permitido el acceso masivo a la educación superior, sin que sea evidente que haya aumentado su calidad. Tanto es así que se ha señalado que, en universidades menos selectivas, el primer año termina siendo un 5o Medio. Sería interesante que se estudiara cuáles carreras han tenido un aumento desmedido en la matrícula y ver si aquello corresponde a la necesidad de más y mejores profesionales para el país.
