La discusión acerca del proyecto de Reconstrucción Nacional presentado por el gobierno del Presidente Kast para hacer frente a la delicada situación económica del país y la postergada reconstrucción de viviendas destruidas por incendios el año 2024, ha hecho florecer un estilo de hacer política desconocido hasta ahora.
El nivel de virulencia, la pobreza de la argumentación, el afán de obstruir y la falta de respeto con las autoridades que han exhibido algunos parlamentarios y dirigentes políticos de oposición no se había visto en Chile en la etapa inicial de un gobierno; si bien en octubre de 2019 durante el gobierno de Sebastián Piñera la situación fue más grave porque indisimuladamente algunos políticos apoyaron la violencia al declarar el objetivo de terminar anticipadamente con el mandato de Piñera, proclamar a ¨la calle” como fuente de la institucionalidad, hablar de parlamentarismo de facto y pedir la renuncia del mandatario.
La novedad de la situación actual, además de su precocidad en el período presidencial, viene a ser el matonaje, acoso y hostigamiento que se ejerce sobre parlamentarios de la propia coalición política cuando ellos no se someten a la voluntad de los líderes de la ofensiva contra el gobierno.
El episodio en que la senadora Daniella Cicardini enfrentó en el hemiciclo a Paulina Vodanovic, presidenta de su partido, quedará grabado como la imagen símbolo de esta nueva oposición. Hasta ahora y pese a que la senadora Vodanovic ha insistido en que se puede hacer una oposición distinta, que admite diálogo con el gobierno, lo cierto es que ella misma debió someterse a Cicardini, claudicando pese a su calidad de máxima autoridad del casi centenario Partido Socialista de Chile. Así, sus arrestos de liderazgo quedaron en manotazos de ciego, reflejando a una colectividad cuyos dirigentes pensantes han sido sobrepasados por los vociferantes.
Mientras algunos otrora destacados militantes socialistas hacen sesudos análisis sobre los peligros de la ultraderecha, tildando de esa manera al gobierno de José Antonio Kast, no se percatan que les respira en la oreja una activa ultraizquierda que los ha sometido sin resistencia. La misma pasividad que se vio en la centroizquierda durante el llamado estallido social revive ahora en otro contexto. Pero hay una similitud: gobierna la centroderecha. La temprana advertencia del filósofo Max Colodro durante el estallido, en el sentido que la izquierda no tolera la alternancia en el poder, se escucha ahora con más fuerza.
Características distintivas de esta nueva izquierda son su falta de pudor y su desapego con la verdad. Cicardini justifica su comportamiento en que se trataría de “un gobierno de ultraderecha muy distinto al de Sebastián Piñera”, en circunstancias que a Piñera trataron de derrocarlo y dos veces votaron por su destitución.
El planteamiento “oficial” y único de la oposición, no solo de los vociferantes, los iletrados y aquellos con sesgos cognitivos de distinta índole sino de todos aquellos políticos de oposición que se refirieron al proyecto de reconstrucción fue que era para favorecer al 1% más rico de la población. Eso es absurdo y no tiene credibilidad alguna. Se habló de bajas al impuesto a los más ricos, en circunstancias que el proyecto no modifica la tasa de impuestos a las personas ni tasas o tramos del global complementario. Se decía que no favorecía a las pymes cuando hay cerca de 180.000 empresas beneficiadas por la baja de tasas.
Los pocos en la oposición que no cayeron en esta política circense callaron, con la sola excepción de los tres senadores del PPD que estuvieron de acuerdo con la invariabilidad tributaria, logrando modificar significativamente el proyecto original en ese punto. Esto fue recibido con furia por los controladores de la oposición porque demostraba que sí era posible negociar con el ministro Quiroz obteniendo concesiones importantes. La desprolijidad del gobierno en la indicación que extendía la rebaja de la tasa de impuesto corporativo hasta el 22% fue el pretexto para desatar el bullying contra los senadores PPD, tratados con los más aviesos calificativos, al punto que al cierre de esta columna dudaban si votarían por su propia propuesta que mejoraba la iniciativa presidencial dado que el gobierno accedió a retirar su indicación.
En definitiva, el proyecto igual sería aprobado en el Senado incluyendo disposiciones sobre invariabilidad y deberá pasar a comisión mixta para conocer su fisonomía definitiva y enfrentar presentaciones al Tribunal Constitucional.
Un triunfo importante para el gobierno del Presidente Kast, que contra viento y marea continúa su camino para cambiar la tendencia de la economía chilena, dejando atrás el estancamiento y la mediocridad. La centroizquierda, una vez más, ha quedado a la vera del camino, restándose de la oportunidad que tuvo para ser parte de la solución y no del problema.
Quizás tiene razón el exsenador José Miguel Insulza, que con su sapiencia política ha dicho que la izquierda seguirá perdida mientras no acepte el capitalismo. El problema para ellos es que en pocos meses han bajado varios escalones en sus planteamientos económicos, acercándose a posturas cerriles no vistas de 1990 en adelante, que en este ambiente de matonaje serán difíciles de revertir.

👍👍
Muy acertado análisis