El número 59

Kast decidió apostarlo todo a la defensa de una posición insostenible y con ello estableció el desgaste continuo de su administración. Durante lo que va de su mandato mostró su inclinación por resolver poco y tarde. Ahora que hace una excepción y toma una decisión rotunda, el error es de grandes proporciones.

El resultado es un desacierto transversalmente reconocido. La salida del exsubsecretario Silva es una más, la número 59, si no me equivoco, pero es una de las más significativas porque muestra la imposibilidad de mantener su defensa.

Una ignorancia benigna nos evita saber cómo se toma una resolución como esta. Un conocimiento de los entretelones nos podría hacer palidecer ante la evidencia de la fragilidad del entorno presidencial que nos está gobernando. Quedémonos, pues, con la evidencia de un mal paso de consecuencias prolongadas.

Tradicionalmente, respecto de cualquier decisión del Ejecutivo, había dos reacciones alternativas posibles de adoptar: “de acuerdo” y “en contra”. En este gobierno se ha tenido que agregar una tercera opción: “no lo entiendo”.

No es que a la mayor parte de la ciudadanía le esté fallando su capacidad de comprender lo que un grupo de gente particularmente brillante está proponiendo. Es que las decisiones se están tomando con criterios que le resultan muy alejados al ciudadano común y tampoco se está haciendo un esfuerzo especial por llegar a ser comprendidos.

La derrota del gobierno es estratégica. En un inicio, el oficialismo buscó centrar la atención pública en su agenda programática, con énfasis en seguridad, crecimiento y empleo. De estos dos últimos sabemos que las cifras son peores que las dejadas por el gobierno de Boric y que tenemos que conformarnos con una extensión de las promesas realizadas para el 2027.

Pero es en seguridad donde se ha pagado un costo gratuito, generado por sus propias decisiones. De este foco ciudadano se llegó a la rebaja de penas, se pasó al cuestionamiento de la actuación de las autoridades a cargo y, de allí, a las primeras bajas, habiendo perdido por completo la sintonía con los ciudadanos.

El oficialismo se enfiló hacia el final de año profundamente dividido y sin conducción unitaria. Kast está inmerso en el conflicto y sin posibilidad de remontarlo, en un respaldo cerrado inicial a los dos involucrados, algo que ya se ha mostrado como insostenible en el caso de Silva.

El suicidio como primeros auxilios

Las actuaciones de Rabat y Silva corresponden a atrocidades cometidas dentro de la Constitución. Su falta es muy grave y eso los inhabilita para continuar en sus puestos. Silva salió por un video inconsulto que lo catapultó al exterior. Pero como su falta es política y no constitucional, no es una acusación de este rango la herramienta adecuada para resolver el asunto.

Para mostrarse como alternativa a un mal gobierno como este se tienen que cometer menos errores, en vez de salir a su rescate sin quererlo.

Kast se ha convertido en un factor de desunión de la derecha. Al sostener a Rabat, impide el respaldo de los partidos oficialistas, quienes no estaban de acuerdo con la decisión y tampoco alcanzaban a comprender por qué se estaba tomando.

El resultado de asumir una posición inexplicable es que no queda ninguna posibilidad abierta a sus partidarios que pueda resultar completamente congruente. Todo lo que viene tendrá un aspecto irregular.

Como la decisión tomada tiene un efecto continuo, los partidos oficialistas no sólo están difiriendo de la línea de conducta de La Moneda; antes bien, se están distanciando cada vez más.

La opinión de Ximena Ossandón, vicepresidenta RN, “me imagino que el Presidente Kast no sólo será un buzón de Irarrázaval, también tendrá alguna opinión”, puede ser considerada el colmo de la exasperación por los errores que afectan a todo un sector, aunque las decisiones sean tomadas por unos pocos.

Las declaraciones de Evelyn Matthei que comparan a Rabat con la gangrena y apoyan la acusación constitucional dejan a la oposición sin nada que agregar.

Distinguir funciones y cambiar de equipo

En lo que se refiere al desempeño de Kast en esta crisis, se puede afirmar que no ha quedado error importante sin cometer y eso se verifica en los resultados: ha unido a la oposición, dividido su frente interno, encerrado a la derecha en un callejón sin salida, dando la espalda a su electorado e imposibilitado la disciplina de coalición (una coalición que tampoco se tiene por decisión propia).

De esta crisis nadie saldrá indemne, pero se puede procesar para bien o para mal. Lo más fácil siempre es sacar provecho de la polarización. Oponerse a Kast está saliendo gratis y siempre hay quien quiere estar a la cabeza del descontento.

En estas condiciones hay dos actitudes posibles de adoptar: o beneficiarse del conflicto o focalizarse en encontrar una salida institucional que evite un daño generalizado al sistema político.

La salida requiere adaptarse a las características del liderazgo de Kast, que son mucho más las de jefe de Estado que las de jefe de gobierno. Ahora se encuentra desarrollando labores propias de la primera función señalada y se lo ve cómodo.

Lo que se necesita más urgentemente es empoderar a un jefe político del gobierno que se haga cargo de las relaciones políticas y del seguimiento de la gestión pública. El mejor escenario que se tiene por delante es realizar un cambio de gabinete con una cabeza empoderada a la que no se le pongan cortapisas internas y a la que se le quiten los obstáculos para dar un reinicio al gobierno, es decir, sin Rabat.

Esta jefatura de gobierno no va a funcionar porque exista mucho que agregar a lo que ya está haciendo el ministro Alvarado. Puede cumplir con la conducción por lo mucho que hay que dejar de hacer para no boicotear su trabajo con líneas paralelas de mando, que lo debilitan en todo momento.

Este gobierno ha hecho gran hincapié en evitar el derroche de recursos públicos en programas ineficientes, pero es el gobierno que ha derrochado su mejor tiempo en intentar cumplir objetivos a la buena de Dios con gente improvisada para cargos hechos para gente con experiencia previa.

Los chilenos le hemos pagado el curso más caro para que viejos inexpertos reemplacen a jóvenes inexpertos en los puestos de mayor responsabilidad. El resultado es bastante lamentable. La derecha debe poner a su personal más probado en el puesto principal acompañado de los que quieren aprender. No al revés. Puede que esto no sea del gusto de muchos republicanos, pero pasar a la historia por una gestión con más desaciertos que aciertos tampoco será agradable.

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1 Comment

  1. Una descripción exacta de la situación coyuntural. Sin embargo, lo que piensa en su fuero interno el presidente Kast lo ignoro. Por ello pienso en el capitán de un barco al que no le tiembla la mano guiando el timón en el curso que determinó. Contra vientos y tempestades, a pesar de los gritos plañideros de los pasajeros que claman por ir a la costa, ignorando los arrecifes traicioneros ocultos en las aguas cercanas. Y desde el año 2014, definidamente, los gobiernos han ido acercando al país a esa costa catastrófica. Cuestión de esperanzas o no, en el corto o mediano plazo lo sabremos.

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