Estamos a comienzos de enero, y muchos chilenos ha comenzado a gozar de unas – cortas o largas, lejos o cerca -, pero merecidas vacaciones. No en vano, los años 2020 y 2021 no se han caracterizado por ser fáciles de llevar, y nuevas cepas de Covid-19, tales como Ómicron e IHU, amenazan con aguarnos también el 2022.

Ante tal escenario una gran mayoría de los chilenos han optado por gozar los días de sol y la tranquilidad o luna de miel post elecciones, antes que se nos venga marzo, haciendo caso omiso a las alertas y señales que se observan en la economía.

El Banco Central publicó recientemente sus indicadores de crecimiento por sectores, y ya al tercer trimestre del 2021 se empezó a observar una desaceleración en la tasa de crecimiento del consumo, mientras que el INE publicó la inflación de diciembre, que alcanzó 0,8% en el mes, completando un crecimiento de 7,2% en 2021, lo que lleva la inflación a su mayor nivel desde el año 2007.

El IFE universal (Ingreso Familiar de Emergencia), que junto con los bonos Covid, permitió que los chilenos vieran incrementado su ingreso disponible en 4,6% durante los años 2020 y 2021, respecto de 2019, tuvo su mes final en noviembre, manteniéndose a la fecha sólo el IFE Laboral, cuyos aportes a los ingresos de los chilenos son mucho menores. Ello debería implicar un ajuste a la baja en el ingreso disponible de los chilenos durante el 2022, en tanto no se recupere el empleo; mientras que sin nuevos impulsos de gasto de los retiros de los fondos de pensiones, el consumo debería ajustarse a la baja, en especial en el sector comercio, afectando con ello las ventas de las empresas, con especial efecto en las Pymes, que llevan dos años golpeadas por todo tipo de eventos económicos, sanitarios y políticos.

Por otro lado, la inflación ha empujado al alza las tasas de interés de todos los créditos, incluyendo los comerciales, lo que unido a la incertidumbre que generan las decisiones que tomarán la Convención Constitucional y el nuevo gobierno, en especial este nuevo gobierno donde aún no sabemos quien será el nuevo presidente, si el Diputado Boric, o el candidato Boric de la segunda vuelta, incrementa la percepción de riesgos del sistema financiero, lo que se está reflejando en mayores dificultades para lo obtención de financiamiento para la empresas, que en 2022, con una economía debilitada, deberán enfrentar menores ventas, y por tanto, menores ingresos, en condiciones de financiamiento más caras y escasas.

Mientras tanto, la incertidumbre en las reglas del juego futuras ha hecho estragos en la inversión en nuestra economía, lo que debería reflejarse en una menor tasa de crecimiento del empleo, lo que presionará a la baja el crecimiento de los salarios (que ya enfrentan una disminución cuando se miden en términos reales), generando presiones sociales, en especial, en los sectores económicos de menores ingresos, que seducidos por las promesas de un programa económico que les entregaba solución a todos su problemas, volcaron a él todas sus esperanzas y su voto.

En estas condiciones, el Presidente electo, quien ya estará en funciones, deberá decidir si cumple con sus promesas electorales, implementando el programa prometido, que incluye el alza del salario mínimo a $500 mil, la baja de 45 a 40 las horas laborales semanales, sin disminuir los salarios y la implementación de la negociación colectiva por rama económica y no por empresa, lo que obligará a las Pymes a entregar a sus trabajadores las mismas condiciones económicas y beneficios laborales que dan las grandes empresas y multinacionales a sus trabajadores, llevando a las mayores creadoras de empleo a la quiebra, o retrasará indefinidamente la implementación de su programa económico, priorizando la recuperación de la economía, y el empleo, pero generando la furia de la extrema izquierda y el PC, con todas las consecuencias que políticamente esto le puede acarrear.

Ya empezó el 2022 y se nos viene marzo, pero como todos los veranos, parece que seguiremos haciéndonos los tontos ante el futuro. El problema es que aún cuando nos estemos tapando los oídos y cerrando los ojos cómo niños pequeños que no quieren ver ni oír, la realidad se acerca inexorable.

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