Mientras escribía esta columna el jueves pasado, nos sorprendió el titular del diario La Segunda anunciando una posible primaria en la derecha entre Evelyn Matthei, Luciano Cruz-Coke, Francisco Chahuán y Rodolfo Carter que se anunciaría la próxima semana y que la propia Evelyn Matthei habría aceptado.
El resultado de dicha posible primaria hoy es impredecible y puede pasar cualquier cosa, tal como ocurrió en la primaria de la elección presidencial pasada, en que se daba por seguro a Joaquín Lavín, pero terminó ganándola Sebastián Sichel, quien terminó tercero en la primera vuelta a solo 0,01% de Franco Parisi.
Si se da esa primaria, a mi juicio, los escenarios posibles son sólo dos. El primero es que gane Matthei y se enfrente en primera vuelta a Kast y Kaiser para pasar a segunda vuelta representando a la derecha. El segundo escenario es que no logre ganar Matthei y sí lo haga Rodolfo Carter, porque no es realista pensar en un triunfo de Cruz-Coke o de Chahuán quienes ni siquiera habían manifestado gran interés en una candidatura presidencial hasta ahora.
Si gana Matthei, no cabe duda que tanto Kast como Kaiser intentarán diferenciarse de ella para ganar, pero los tres competirían contra el candidato que gane la primaria del oficialismo. Pero si ganare Carter, que advirtió que si no se le consideraba para una primaria de la derecha competiría por el Partido Republicano a Senador en la V Región, la situación sería muy diferente, porque en segunda vuelta, ya sea Carter, Kast o Kaiser -con ideas semejantes- enfrentando a quien sea el candidato oficialista, podría repetirse la elección de 2021.
Lo que hoy ocurre en la derecha me lleva a recordar lo ocurrido en 1970, cuando Allende ganó la elección presidencial, y lo que le dijo a Regis Debray -socialista francés amigo de Fidel y del Che, a quien siguió a Bolivia- en esa famosa entrevista de marzo de 1971. Debray le pregunta a Allende, “siendo el programa de la Unidad Popular conocido desde antes de las elecciones, su personalidad siendo conocida también, su trayectoria política en los últimos tiempos muy conocida, ¿cómo explica usted que la burguesía, bueno, que la derecha, o que el adversario, digamos así, se haya dividido en dos candidaturas”? Se refería a Alessandri y Tomic.
Allende se extiende en la respuesta, pero lo que viene al caso actual es esta parte de su argumentación: “Es increíble que la derecha haya dejado que el factor coyuntural juegue, porque ellos tenían la experiencia del año 64. Ellos sabían que, si hubieran ido tres candidatos, yo habría sido el Presidente el año 64 y la prueba está que retiraron su apoyo al entonces candidato de derecha y apoyaron a Frei”. Debray: “¿Cómo llama eso: ceguera? Allende: Soberbia. En el caso de la derecha, insolencia”.
Solo para recordar, Allende sacó 1.075.616 votos (36,63%), Alessandri 1.036.278 votos (35,29%) y Tomic 824.849 votos (28,08%). El total de votos obtenidos por ambos candidatos derrotados fue curiosamente 62,82%, porcentaje que me hace recordar el 62/38 del rechazo al mamarracho con que la izquierda quería refundar Chile. Pero hoy la unión no se ve posible y la dividida derecha se enfrentará a todo el oficialismo detrás de un solo candidato elegido en la primaria que llevarán a cabo.
La gran diferencia entre ambos sectores es que para la izquierda lo más relevante en una elección es derrotar a la derecha. Y lo segundo más importante es acceder al poder. Ante ese desafío, son capaces de dejar de lado todas sus diferencias y disciplinadamente unirse y presentar un frente común a sus adversarios.
En la derecha, eso no ocurre, y a pesar de que en las elecciones de noviembre existe una oportunidad histórica de infringirle una rotunda derrota a la izquierda, lo que predomina entre algunos actores es un intento de lograr la hegemonía del sector, propósito que podría terminar siendo un suicidio político, al brindarle a la izquierda la posibilidad de retener el poder, lo cual sería funesto para Chile.
Pero en la derecha pareciera que no les importara repetir la historia del 70 en lugar de lograr unir a todos quienes hicieron posible el 62/38 del 4 de septiembre, fecha elegida por Boric para intentar emular el triunfo de Allende, que la oposición unida no le permitió celebrar.
Es importante repasar la historia y aprender de ella. Ahora que está de moda lo del legado de Allende, sería bueno que en la derecha tomaran en cuenta las observaciones que éste hizo respecto de su elección y no repitan el error que nos tuvo al borde de la guerra civil.

La DC en los años setenta, no representaba a la derecha ni nada parecido, el programa de R. Tomic era tan socialista como el de Allende. Lo que era esperable de Tomic es que no intentara tomarse el poder por las armas como lo hizo la Unidad Popular
En 1970 no existía la segunda vuelta, no es comparable. En 2021 no existía voto obligatorio, tampoco el escenario es comparable…..
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Gracias Jaime, excelente reflexión. La izquierda es más disciplinada en la búsqueda del poder, los cargos y las granjerías. Por eso debemos evitar la elección de una marxista o un o una cuasimarxista (que quieren demoler la democracia): con la oposición dividida, es bien posible que se repita la historia (a pesar de las dos vueltas).
Muy buena columna Jaime, para nada de acuerdo con los dos primeros comentarios, si bien no son iguales las situaciones eleccionarias comentadas, pucha que se parecen y es oportuno compararlas y recordarlas, ojalá nuestro sector no cometa estos errores del pasado y al parecer del presente.
Excelente columna!! Muy cierto lo que dice Jaime, si la derecha va dividida es exactamente lo que va a suceder. No han aprendido nada.