A los vociferantes defensores de las diversidades, no les gusta quienes son distintos. No soportan a quienes no piensan como ellos o, más bien, ya no aguantan a quienes simplemente “piensan”. Su compromiso es con la irracionalidad. Han negado la realidad existente para inventar desde un relato una “ensoñación”, que venden como real y no es más que una ficción creada en sus mentes. Se dicen los “tolerantes” pero son altamente intolerantes. Tolerar implica “tolerar lo intolerable”. Para tolerar implica aguantar a quien nos disgusta y dejar ser a quien piensa distinto. Ellos anulan, desacreditan y “funan” a todo quien no piense como ellos. Desde ya, a quien se atreva a afirmar que la “realidad es real”. Que el deseo no puede crear realidad y por más que yo no quiera que la fuerza de gravedad no exista, ésta seguirá atrayendo a los objetos hacia la tierra. Las cosas que se sueltan desde altura siempre van a caer, me guste o no. No basta el deseo para evitarlo. La ciencia es racional y objetiva.
Esta semana hemos visto a “las izquierdas” vociferar contra la ministra de la mujer y de equidad de género nominada por el Presidente electo José Antonio Kast, Judith Marín. Claramente no les gustó que la plaza sea ocupada por una “mujer biológica” sin agenda de “feminismo radical”. Atacaron el hecho que Judith fuese cristiana y activista provida. La acusaron de radical y fanática. Aludiendo al Estado laico, algunos hicieron gárgaras con la incompatibilidad de su creencia con el cargo. Hasta el cardenal de Santiago tuvo que salir al ruedo calificando de inaceptable vetar a alguien por sus creencias. Tras esto, las explicaciones fueron que no importaba su fe, sino su fanatismo. La acusaron de practicar “exorcismo” tras el rumor de un supuesto “ritual de sanación” de una mujer por sus “pecados sexuales”. Las organizaciones feministas consideraron el nombramiento de la profesora de castellano y filosofía de 30 años como “una burla” y “una provocación”. Dicen temer que su gestión busque fusionar, debilitar o redireccionar el rol de la cartera. Es evidente que eso debiese ser así, ya que las elecciones las ganó un sector que cree que la mujer es una realidad clara y distinta y no un simple sentimiento. En ese contexto, la cartera no es un instrumento para manejar una agenda política de izquierda que busca confrontar a las mujeres contra los hombres, sino una repartición que debe buscar mejorar la situación de mujeres reales y existentes. Eso les molesta. La despolitización y la vuelta a la objetividad les hace temer perder el poder de lucha.
Lo curioso es que estos ataques y dichos vienen de los más fanáticos, esos que creen que tienen un derecho exclusivo de ésta y otras carteras. Esos excluyentes que piensan que sólo ellos pueden hablar de mujer y desperfilar su real significado. Son fundamentalistas, solo ellos tienen la verdad y son extremadamente religiosos, los más devotos de una fe irracional. Es una izquierda que abandonó a Dios y que lo reemplazó con un culto por lo material y un anticristianismo recalcitrante. Para levantar una nueva religión hay que destruir la anterior. Odian la fe cristiana, mientras toleran otros credos. Odian a Occidente y todo lo que huela a realismo filosófico. Es una izquierda que eleva las viejas religiones, incluido el ocultismo, pero que cual “perro rabioso” considera que un crucifijo es ofensivo y que el hecho que arda una iglesia es algo digno de celebrar. Esos fanáticos, que como en el antiguo testamento, adoraban al “becerro de oro” encarnado en el “perro mata pacos”. Esos que están dispuestos a cancelar a todo quien no piense como ellos instalando una verdadera “neo inquisición”. Los que odian la libertad, ya que el fundamento esencial de ésta es precisamente la visión cristiana. Niegan la individualidad y obligan a ser parte de los colectivos, sumiendo a la persona en un engranaje más de una gran estructura. Ese ministerio es de ellos, desde ahí penetran a la juventud con falsas ideas que imponen como verdades, cual verdaderos ayatollah. El reproche a Marín hace ver que el Presidente electo dio en el clavo, “mostró a los vampiros un crucifijo”. El debate se abrió y se puso sobre la mesa la “canutofobia” y el debate sobre algo esencial en democracia, la libertad religiosa. Pero la polémica irá más allá, ya que evidenciará la instrumentalización de la causa de la mujer para réditos políticos y para penetración de ideas de izquierda. Este caso devela, sin duda, “la tolerancia de los intolerantes”.
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Excelente, muchas gracias por vuestro claro comentario. Me sube el ánimo, pensé que me había equivocado de diario, ahora confirmo que es El Libero
Excelente, gracias Magdalena!