Ante la imperiosa necesidad de sumar apoyos para su proyecto de ley miscelánea, que cubre diversos asuntos asociados con su plan de reactivación económica, el gobierno ha emprendido un esfuerzo de negociación que arriesga convertir el simbólico proyecto en un arbolito de pascua con regalos de distintos tipo y alcance para múltiples legisladores. En vez de seguir la saludable tradición de presentar un proyecto por cada asunto particular, el gobierno ha insistido en poner todos los huevos en la misma canasta. Precisamente porque La Moneda inevitablemente ha amarrado el éxito de su agenda de reformas a la aprobación de este proyecto que está por entrar a la Cámara de Diputados, los legisladores están sumando peticiones a su lista de deseos. Ahora todos saben que el gobierno del Presidente Kast está dispuesto a pagar cualquier precio para sacar adelante el proyecto.
En toda negociación, aquellos que tienen el tiempo de su lado o parecen menos interesados en sacar adelante un negocio tienen una posición de ventaja. Los que están más apurados en cerrar el negocio siempre están más dispuestos a hacer concesiones. El gobierno del Presidente José Antonio Kast ha convertido este proyecto de ley miscelánea en la piedra angular de su agenda de reformas. Aunque por la cantidad de asuntos que cubre este proyecto hubiera resultado más razonable presentar distintos proyectos, la administración Kast optó por un camino poco común en la legislación chilena. Precisamente porque la tradición en Chile sugiere que cada proyecto de ley aborda temas específicos y en nuestro país no existe la costumbre de presentar proyectos de ley misceláneos que cubren múltiples temas, la decisión de La Moneda de presentar un proyecto misceláneo resulta especialmente difícil de entender.
Si bien parece razonable que el gobierno crea que, al subir el costo político del proyecto, va a resultar más difícil para los legisladores de derecha oponerse al proyecto a partir de su rechazo a partes específicas de este paquete de reformas, el hecho que el proyecto sea misceláneo abre la puerta a que muchos legisladores empiecen a sumar peticiones específicas asociadas a sus intereses particulares y los de sus distritos para que el gobierno las haga parte de su ley miscelánea. Si el gobierno metió cosas que no tienen mucha relación entre sí en el proyecto, los legisladores podrán sumar con más facilidad peticiones específicas sobre sus propias agendas y prioridades para que el gobierno las sume al megaproyecto.
Por eso mismo, la Constitución chilena explícitamente prohíbe las leyes tipo ómnibus que existen en otros países. La tentación para sumar enmiendas a la ley sobre temas que no tienen mucho que ver con la idea central del proyecto es difícil de resistir. Por eso, si el gobierno presenta un proyecto de ley que parece una lista de supermercado, los legisladores rápidamente actualizarán su estrategia y prepararán sus propias listas de cuestiones que van a querer ver incluidas en el proyecto.
Es comprensible que el gobierno quiera anotarse una gran victoria al iniciar su mandato. Pero el peligroso precedente que se establece implicará costos para el gobierno por lo que resta del periodo. Peor aún, incluso en la propia tramitación de la ley, el gobierno se encontrará con una serie de peticiones, no siempre razonables, de legisladores que condicionarán su apoyo al proyecto a que La Moneda se allane a sumar más ítems a la larga lista de cuestiones misceláneas que incluye el cada vez más extenso proyecto.
A diferencia de lo que ocurre en muchos otros países, los proyectos de ley en Chile en general toman bastante tiempo para tramitarse. El hecho que el proyecto tenga que pasar por tres trámites constitucionales -primero en la Cámara de Diputados, después en el Senado y después, probablemente, de regreso a la Cámara- genera inmejorables oportunidades para que los legisladores vayan añadiéndole sus propios regalos al arbolito de navidad. Como el gobierno ya habrá invertido mucho tiempo y capital político al proyecto, el riesgo de que el proyecto se demore más en pasar es tal que La Moneda quedará en una posición muy difícil si quiere evitar que siga aumentando la lista de cuestiones misceláneas que cubre el proyecto.
Aunque parece que el gobierno ya está decidido a poner todos los huevos de su programa de reforma en una misma canasta, valdría la pena que los políticos con más experiencia en negociar con el Congreso, que son parte del gabinete, alcen la voz y le expliquen al Presidente Kast por qué los gobiernos exitosos en Chile en general han presentado varios proyectos distintos para diferentes prioridades en vez de apostar todo a un proyecto misceláneo que inevitablemente arriesga convertirse en un arbolito de navidad con regalos para todos.
