El gobierno del Presidente José Antonio Kast actúa de forma insensata al condicionar el éxito de su amplia agenda de reformas económicas a la aprobación de un solo megaproyecto de ley de reconstrucción nacional. Si el proyecto tropieza o la oposición logra demorar significativamente su tramitación, el impulso transformador de la administración perderá fuerza y la opinión pública comenzará a dudar de la capacidad de Kast para poner al país de regreso en el sendero del desarrollo sostenido y el fortalecimiento institucional.
Un dicho popular muy sabio y razonable es que nunca hay que poner todos los huevos en la misma canasta. Los asesores financieros han convertido el concepto de la diversificación en una piedra angular de cualquier estrategia de ahorro y enriquecimiento de largo plazo. La diversificación siempre permite evitar riesgos y minimizar el costo de que algo falle en el camino. Aunque a veces funciona apostar todo a una sola jugada, la alternativa más segura y confiable es diversificar el riesgo.
Aunque muchos de sus críticos y adversarios lo clasifican como un político típico de la derecha radical que ha llegado al poder en muchas partes de América Latina, el Presidente Kast es mucho más un político conservador tradicional y respetuoso que un estridente y conflictivo líder de masas. Kast no es peleador ni dado a los insultos como Javier Milei. Kast no es personalista y agresivo como Bukele. Kast no es autoritario, agresivo y frontal como Bolsonaro. En su vida personal y en su trato profesional en sus largos años como político, Kast ha cultivado una personalidad de un hombre conservador, firme, claro, pero respetuoso y bastante sensato. Kast no tiene la intensidad ni el exceso de verborrea de Piñera ni la obsesión por romper tradiciones y hacer declaraciones intempestivas como Boric. Cuando ganó en segunda vuelta, el discurso de Kast pareció mucho más un intento por hacer a Chile aburrido de nuevo (Make Chile Boring Again) que un llamado a refundar el país. Kast sí llamó a volver al sendero de acuerdos razonables y con amplia base que permitieron a Chile ser un éxito en la región en los primeros 20 años de democracia post Pinochet.
Por eso, resulta difícil de entender que ahora haya decidido poner todos los huevos de su paquete de reforma económica en la misma canasta y presentar todo como un solo proyecto de ley. Esa insensata decisión inevitablemente recuerda el torpe error que cometió hace cuatro años Gabriel Boric, que decidió apostar todo el éxito de su programa de reformas a la aprobación del proyecto de nueva Constitución que tramitaba la Convención Constitucional. Aunque Boric no tenía mayoría en la convención, el Presidente radical de izquierda optó por una apuesta muy arriesgada. Cuando los chilenos votaron, sabiamente, por rechazar el proyecto de nueva Constitución, el proyecto fundacional del gobierno de Boric, lisa y llanamente, se quedó sin gasolina y debió ser abandonado.
Hoy, el Presidente Kast tampoco controla una mayoría en el Congreso que debe aprobar el proyecto. Aunque es plausible poder construir una mayoría en el Senado, va a resultar más difícil construir una mayoría en la Cámara de Diputados, la instancia en que debe ingresar el proyecto de ley que anunciará Kast en su discurso a la nación el miércoles 15 de abril. Para poder construir una mayoría, Kast tendrá que hacer múltiples concesiones a grupos ideológicamente diversos que harán peticiones a menudo contradictorias. Como una amplia mayoría del país se opone a bajar los impuestos a las empresas, la pieza central de la iniciativa legal del Presidente tendrá, comprensiblemente, mucha oposición.
Aunque puede haber buenas razones para bajar los impuestos a las empresas, el gobierno ha sido incapaz de sociabilizar esa iniciativa ante una opinión pública que entiende que hay un déficit fiscal que cubrir. Como el gobierno hizo con mucha fuerza el punto de que no había recursos para amortiguar el aumento en el precio de los combustibles, ahora resulta algo contradictorio sugerir que el gobierno puede seguir operando con menos dinero. Aunque ese dinero sirva para generar más crecimiento y empleo, mucha gente creerá que el gobierno le carga la mano a los chilenos que llegan con duras penas a fin de mes para favorecer a empresas que tienen grandes utilidades.
El gobierno se ha puesto metas muy ambiciosas. La Moneda parece muy apurada para avanzar su agenda. Pero resulta preocupante que el gobierno haga una jugada tan arriesgada al asociar el éxito de su agenda de reformas a un gran proyecto de ley que, dada la composición del Congreso y dadas las prioridades de la opinión pública, no tiene un camino muy despejado hacia el éxito. Porque no hay que poner todos los huevos en la misma canasta, sería más razonable que el gobierno diversifique el riesgo y en vez de presentar un solo proyecto de ley, haga lo que todos los gobiernos exitosos han hecho y planifique una estrategia que diversifique más el riesgo.
