Aunque es común que la polarización en la política lleve a que adversarios ideológicos se descalifiquen y a veces se insulten, la violencia y agresividad en las disputas fratricidas en la derecha chilena nunca dejan de sorprender. La disputa que se ha venido dando entre partidarios de la candidata de Chile Vamos, la exsenadora Evelyn Matthei, y el abanderado de Republicanos, José Antonio Kast, ha llegado a niveles insospechados, incluso para la propia derecha chilena, tan acostumbrada a los conflictos internos.
Desde el retorno de la democracia, la derecha chilena ha dado ejemplos, repetidas veces, de su inmadurez, irresponsabilidad e incapacidad para trabajar en equipo. Durante las décadas de 1990-2000, la pelea por liderar a la derecha que se dio entre Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente fue intensa y autodestructiva. En 1993, tanto RN como la UDI prefirieron no tener candidato presidencial de unidad competitivo que nominar a alguien que no militara en su propio partido. La nominación del UDI Joaquín Lavín en 1999 fue resultado de un conflicto entre los dos partidos que terminó con el autoexilio de Andrés Allamand, el entonces candidato mejor posicionado de RN. En 2005, el RN Sebastián Piñera saltó al ruedo presidencial para desafiar el liderazgo de la UDI y Lavín. En 2009, la UDI aceptó a regañadientes la inevitable candidatura de Piñera, pero apenas el primer presidente de derecha tropezó en La Moneda, la UDI lideró las críticas contra el gobierno, acusándolo de falta de relato y forzando un cambio de gabinete que sumara a líderes políticos de la UDI.
La tensión entre los dos partidos de derecha alcanzó niveles todavía más autodestructivos en las primarias presidenciales de 2013, cuando la UDI debió bajar a Laurence Golborne y nominar a Pablo Longueira por una polémica que entonces se le atribuyó a una operación de RN. Longueira superó a Allamand en esas primarias en una competencia en la que el juego limpio brilló por su ausencia. Después de la crisis de salud mental que tuvo Longueira, la derecha nominó a Evelyn Matthei a última hora sabiendo que esa elección ya la tenía perdida.
En 2017, Piñera logró dominar el conflicto entre RN y la UDI, pero el único debate presidencial en las primarias de la derecha dejó en claro que las enemistades al interior del sector van mucho más allá de diferencias políticas o estratégicas. En 2021, mientras la derecha tradicional se consumía en sus propios conflictos, el ex UDI José Antonio Kast sorprendió con su nuevo Partido Republicano y pasó a segunda vuelta. Muchos en la derecha lo apoyaron más por cumplir que entusiasmados con la idea de que un hijo pródigo de los partidos tradicionales pudiera ser el nuevo líder del sector.
Para las elecciones presidenciales de noviembre, la derecha va dividida en tres bandos. Mientras RN, UDI y Evópoli apoyan a Matthei, la derecha más radical del Partido Republicano apoya a Kast y la derecha todavía más extrema está con Johannes Kaiser. Si bien hay algunas diferencias en los matices de las plataformas de los tres candidatos, las principales diferencias que existen entre Matthei, Kast y Kaiser tienen que ver con discrepancias sobre lo que debió hacer la derecha en el pasado y sobre quién es realmente de derecha. En vez de subrayar sus discrepancias sobre lo que cada uno quiere hacer si llega al poder, la campaña ha estado marcada por ataques personales, por críticas a lo que hizo cada sector en el pasado y por discusiones sobre quién representa mejor los valores de derecha. Las acusaciones que van desde la derecha cobarde a la salud mental de los candidatos sugieren que estamos frente a una pelea pasional más que a un debate sobre cuáles ideas o propuestas son más apropiadas o efectivas.
Resulta inútil buscar identificar quién es más responsable de esta autodestructiva pelea fratricida. También parece iluso hacer llamados a la cordura o advertir que la división de la derecha en dos o más listas de candidatos al parlamento será un regalo caído del cielo para la izquierda. La animosidad al interior de la derecha es tal que los distintos grupos se niegan a aceptar que pertenecen a una misma familia o que creen en valores y principios similares.
Ahora que Matthei y Kast han entrado directamente al ring y se han sumado a las acusaciones y críticas, el daño que este enfrentamiento pudiera producir electoralmente al sector es enorme. Precisamente porque la tarea de los políticos es ponerse de acuerdo con otros políticos que piensan distinto, la incapacidad de los dos principales candidatos de derecha de desarrollar una competencia limpia y cordial alimenta dudas sobre la capacidad que tiene la derecha de dar gobernabilidad al país. Si los principales líderes de la derecha son incapaces de ponerse de acuerdo entre ellos mismos, que comparten el origen social, la ideología y la hoja de ruta para poner al país de regreso en el sendero del desarrollo y del crecimiento, resulta difícil imaginar cómo podrán liderar a la sociedad chilena, en su enorme y rica diversidad, en los próximos cuatro años. La peor noticia de esta nueva pelea en la derecha chilena es que se diluye la posibilidad de que, en los próximos cuatro años, Chile avance por el sendero del diálogo y la construcción de grandes consensos.

Ummmm, tranquilidad, me gustaría leer análisis de la realidad, no del subconsciente del que escribe y sus gustos