Esta semana la Asociación de Municipios Rurales realizó encuentros regionales por la seguridad. Las comunas rurales de O’Higgins, Valparaíso y la Región Metropolitana se reunieron para compartir experiencias e intercambiar lecciones aprendidas.

Las conclusiones fueron variadas pero, los patrones comunes eran evidentes. El incremento de la percepción de inseguridad en esos territorios no necesita de grandes hechos de violencia ni espectacularidad en la comisión del delito, basta con el hallazgo de un cuerpo o un asalto violento en un lugar habitado. Tampoco requiere de números muy altos pues, el solo hecho de que ocurra algo inusual altera el sistema de convivencia.

Desde la pandemia, el entorno rural ha cambiado bastante, aumentaron las parcelación y, en algunos lugares, la cantidad de población. Desde la ciudad se fueron a habitar terrenos más grandes, las lógicas urbanas llegaron al mundo rural, los vecinos eran desconocidos y las relaciones de la comunidad se modificaron.

Se produjo un cambio cualitativo en lo que coloquialmente se le conoce como el “campo”. Y, a esa nueva ruralidad, se le sumó la llegada de criminalidad organizada y violenta.

La comuna de Padre Hurtado hizo noticia hace tres años por un ajuste de cuentas que terminó con la muerte de Ina, narco de Peñaflor asesinada en plena calle; San Vicente por una casa de tortura; Lolol por un laboratorio de metanfetaminas; las comunas costeras de la Quinta Región por bandas de narco locales; en Mostazal existen edificios tomados por el micro tráfico y los rucos han llegado a Nancagua.

La lista es larga, pero hay que conocerla. Los números van a mostrar una realidad mucho más alentadora que en el mundo urbano. Pero, esto no puede distraer la elaboración de políticas públicas.

Las sensibilidades son distintas por una razón particular: nunca antes había pasado. Las grandes urbes están acostumbradas a recibir a población proveniente de distintas partes, se van construyendo desde una mixtura que incluyó de todo. No así el “campo”.

Por eso cuando las tomas y rucos llegan a localidades como Nancagua todo el ecosistema se altera. Además de que esto sucede  en un contexto donde faltan los recursos y el personal y donde la infraestructura es insuficiente o inexistente.

Hay comunas que sólo cuentan con una persona en el área de seguridad, en otras tienen 20 Carabineros, pero por extensión necesitan 40. En presupuesto, comunas como Calera de Tango cuenta con menos de la mitad del presupuesto de seguridad de Las Condes para el municipio completo.

La realidad del mundo rural necesita indicadores ad hoc. La realidad del mundo rural es cualitativa, de sensibilidades y aunque los números no lo evidencien, puede transformarse en un gran problema. Basta un asesinato para retroceder todo lo avanzado. ¿Por qué es importante? Porque el crimen no desaparece, se traslada y, se va justamente a esos lugares con menos recursos y capacidades.

Experta en seguridad, narcotráfico y defensa.

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