migraciones visas

La reciente propuesta de la fundación de Michelle Bachelet a los candidatos municipales de izquierda, que sugiere que los problemas migratorios son inevitables ya que son signos del desarrollo, pone de manifiesto una desconexión alarmante con la realidad migratoria que enfrenta Chile. Al centrarse en discursos predominantes en la izquierda de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, Bachelet ignora deliberadamente la necesidad de un mayor control fronterizo y la importancia de preservar la cohesión social en nuestro país.

Según Bachelet, el mensaje entregado a través de su fundación es que los municipios deben promover la convivencia sin cuestionar el tipo de ingreso de los extranjeros al país, lo que en realidad se traduce en una carga adicional para los servicios públicos y en crecientes tensiones sociales. La política de «buenismo» que promueve Bachelet, basada en la idea de que la migración es inevitable y un sinónimo de desarrollo, omite una verdad fundamental: este desarrollo sólo es posible si se gestiona de manera responsable, algo que se puede hacer con buena capacidad e incentivos bien alineados.

En los últimos ocho años, Chile ha experimentado un aumento exponencial en el flujo de migrantes, primero como turistas, con el “turismo laboral” y luego, a menor intensidad, con los ingresos clandestinos. Este incremento ha desbordado la capacidad del Estado para mantener la seguridad y proveer servicios esenciales, mientras que el número de extranjeros en cárceles se ha triplicado, en gran parte debido a la creciente presencia del crimen organizado.

Bajo estas circunstancias, la idea de que la migración es sólo una consecuencia del desarrollo se vuelve insostenible, especialmente cuando las políticas públicas priorizan a los migrantes irregulares por sobre los ciudadanos nacionales, generando conflictos y una percepción generalizada de injusticia.

En lugar de aprender de los errores cometidos por otros países que han adoptado políticas migratorias laxas y se han dedicado a acallar críticas a problemas de cohesión, Bachelet parece dispuesta a repetirlos. Su experiencia con la migración haitiana durante su mandato es un claro ejemplo de cómo una política de puertas abiertas, sin los controles necesarios, genera grandes tensiones.

En lugar de ofrecer una solución real a los desafíos migratorios que enfrenta Chile, Bachelet opta por un enfoque idealista que ignora las complejidades y los riesgos asociados a una migración sin control.

Lo que Chile necesita no es más inclusión sin restricciones, sino una política migratoria que priorice la seguridad, la legalidad y la cohesión social. Los desafíos actuales requieren una respuesta firme y coordinada. Ignorar estas lecciones no sólo es irresponsable, sino que pone en riesgo el futuro de Chile como nación.

Ingeniero Civil Industrial en Tecnologías de la Información y Director Escuela de Gobierno Universidad Nacional Andrés Bello

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1 Comment

  1. Excelente análisis que demuestra cuán irresponsable fue la política migratoria del gobierno de Bachelet, que contó con el apoyo de los mismos que hoy gobiernan y que nunca les importó la inmigración ilegal que tanto mal nos ha causado.
    Un gran tema que hay que tener presente al momento de votar.

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