¡Cuántas veces se nos ha repetido la frasecilla de que la derecha y la izquierda unidas…! En los últimos tiempos hemos visto a sus adalides encerrados tras cuatro paredes reabriendo el proceso constitucional, negociando acuerdos en oscuras oficinas y almorzando en reuniones secretas que jamás vieron la luz de la Ley de lobby. Todo a espaldas de la ciudadanía. Grave, puesto que, como afirma Immanuel Kant, “son injustas todas las acciones que se refieren al derecho de otros hombres cuyos principios no soportan ser publicados”.
Kant explica que esta noción no rige sólo en el ámbito ético, sino, además, en el jurídico, es decir, es una norma que debe orientar la interpretación y aplicación de la ley. Ello debido a que, planteado en simple, quien no puede declarar abiertamente sus intenciones “sin provocar indefectiblemente la oposición de todos” es debido a que los amenaza con la injusticia (La paz perpetua).
El proceso de debilitamiento de derechos políticos como el derecho soberano -dañado con el segundo plebiscito- y el principio de representación, además del derecho de propiedad afectado por impuestos excesivos y malas políticas públicas, se ha impuesto top down desde la casta política a un ciudadano exhausto, empobrecido, preso del miedo ante el avance del crimen organizado y de la angustia por pagar las cuentas de fin de mes. En este contexto ¿qué diantres le importa a la gente la introducción de la ideología woke en las empresas y en el aparato estatal? ¿En qué mejora su situación la permisología ecocéntrica impulsada por los organismos internacionales y su Agenda 2030? ¿Cómo ayuda a las nuevas generaciones la inclusión de la ideología de género en los currículos escolares?
Salvo sectores afines a nadie le interesa ser parte del cambio cultural que se impone desde el mundo político. Y si ya en el plebiscito de entrada la segunda papeleta mostró la desafección de la ciudadanía con la casta al votar en un 79% en contra de su participación en el proceso, ahora, con el nacimiento del Partido Nacional Libertario (PNL) y sus más de 46 militantes inscritos en menos de seis meses, otro sector ha demostrado que el problema no es la política, sino quienes llevan décadas ejerciéndola a espaladas de la gente. Es en este contexto que debe analizarse la meteórica carrera de Johannes Kaiser, el único candidato extra casta con probabilidades de salir electo.
Lamentablemente, en lugar de hacer un esfuerzo por comprender el fenómeno, renombrados analistas de los sectores políticos tradicionales han preferido echar mano a lo que parece ser una estrategia comunicacional de consenso… nuevamente, izquierda y derecha. ¿Cuál es la tesis que se intenta imponer?
Que Boric y Kaiser por ser hombres, lograr un rápido ascenso en su popularidad, no tener título universitario, adherir a ideologías de extremos y ser outsiders, son lo mismo. Mientras en una columna en BioBío Alberto Mayol usó la metáfora del espejo invertido, en este medio Patricio Navia habló de “el Boric de la derecha”.
Vamos por partes. Después de recordarnos la promesa del Presidente de transformar a Chile en la tumba del neoliberalismo, Navia afirma que Boric coincide con Kaiser en su anhelo de lograr un crecimiento económico sostenido. Ante tamaña contradicción desde el sentido común hay que preguntar cuánto hubiese crecido el país de haberse aprobado el mamarracho, proyecto estrella de la vanguardia neomarxista… Digámoslo de una vez: más allá de declaraciones ocasionales, nadie puede creer que este gobierno haya tenido el crecimiento económico entre sus prioridades. Por tanto, la comparación se desploma.
A renglón seguido el columnista nos habla de otra hipotética similitud: ambos serían rupturistas; el de izquierda con el neoliberalismo y el de derecha con el estatismo. Me parece que el problema de esta tesis es el desconocimiento de la posición de Kaiser. Él plantea recuperar el Estado -hoy fallido- para los ciudadanos, permitiendo que vuelva a la senda indicada en El Ladrillo al poner énfasis en la drástica reducción de su tamaño y en el carácter tecnocrático de las políticas públicas. Hablamos de eficiencia y eficacia en el gasto de los recursos. Eso no tiene nada de rupturista. Se podría hablar incluso de reaccionario. Las diferencias son siderales.
Vamos a la columna de Alberto Mayol. En este caso, más que contradicciones, nos encontramos con “errores” de marca mayor que una breve investigación podría haber evitado. El columnista afirma que ni Boric ni Kaiser contaban a la hora de postularse con un poder organizado, a lo que agrega que se aprovecharon de estructuras formadas por otros. Es francamente insólito que, existiendo los datos, no haya chequeado su intuición.
Y es que el 75,3% de los inscritos en el PNL nunca había militado en un partido. Del 22% restante solo un 46,4% viene del Partido Republicano. En suma, aproximadamente un 10% de la militancia total fue base de apoyo de José Antonio Kast. Podríamos pensar que la comparación con Boric es una broma involuntaria, que no tenía los datos o que ese día estaba especialmente distraído. Sin embargo, no es posible que Mayol no sepa que el PNL se convirtió en menos de cuatro meses en el partido de derecha más grande del país. En suma, comparar el fenómeno político del PNL con la experiencia del presidente en la Izquierda Autónoma, el Movimiento Autonomista y Convergencia Social carece de básica razonabilidad.
No podemos extendernos en cada una de las falacias y errores que encontramos en ambas columnas. Lo que queda claro es la estrategia: ponerle a Kaiser la mochila de la desconfianza, la desafección, el repudio y el rechazo con la que el Presidente Boric se ha cargado la espalda producto de sus anteojeras ideológicas, errores, malas prácticas y hábitos juveniles. Lo que logran con esta estrategia es sembrar la idea de que un gobierno de Kaiser sería la continuación del gobierno de Boric, nieto ideológico de Allende.
¿Queda alguna duda de que estamos ante una estrategia de descrédito o, más claramente dicho, de demonización? Quizás usted piense que exagero; hablo de demonización porque para la gran mayoría de los chilenos una continuación del gobierno actual no significa otra cosa que seguir viviendo en el infierno.

No se ve bien, que se use un medio como el libero para defender a un pariente y tampoco se ve bien que el medio lo permita.
Hola ,yo no lo veo así,es un análisis de lo que está sucediendo en este momento con Káiser.Tantos ataques gratuitos si se supone que va a ganar otra persona según las encuestas a mi me parece «raro »
¿Será que las verdadera razón es que el tiene reales posibilidades?