Cuando el Presidente le responde a Christiane Amampour en CNN que la lección que le dejó el 62% es que “no puedes ir más rápido que tu pueblo”, el mensaje que les envió a los 7,8 millones de chilenos que votaron Rechazo, es que, por no tener ellos su capacidad de prever el futuro, él debe resignarse a andar más lento, pero sabiendo que el tiempo le dará la razón. ¿Acaso eso no es una muestra de arrogancia?
Y cómo no recordar cuando señaló a la revista Time que quería condicionar nuestras exportaciones a países desarrollados de materias primas y energía limpia para que reduzcan las emisiones, incluyendo cobre, litio e hidrógeno verde. Y también los episodios con el Rey de España, John Kerry y el embajador de Israel, entre otros.
Lo mismo pasa con el TPP11. Aunque desde los más amplios sectores se le ha solicitado al Gobierno ratificar el tratado por los beneficios que le aportaría a Chile, no escuchan y mantienen su posición contraria a su aprobación. Peor aún, si en el Senado se termina ratificando, desde el Gobierno señalan que atrasarán su publicación, hasta que las famosas side letters sean suscritas. Y si algún país no está dispuesto a aceptarla, ¿vetarían su ratificación? De ser así, se generaría un grave conflicto entre el ejecutivo y el legislativo de consecuencias impensadas.
Similar problema existe con la reforma tributaria. Con sólidos argumentos, desde la oposición y también destacados expertos le han hecho ver al ministro Marcel y al Gobierno lo inapropiado que resulta implementar su reforma tributaria, la que así como está, es más mala que la del ministro Arenas en Bachelet 2, pues entre otras cosas, generaría un fuerte castigo a la inversión, al crecimiento, al empleo, al ahorro, y afectaría fuertemente a la minería, en momentos en que la economía está estancada, la inflación a niveles de 1994, el dólar disparado, el empleo detenido, un 2023 con recesión, el mercado de capitales resentido por los retiros de las AFP y Codelco estimando reducir su producción entre 6,0% y 7,4%.
Aún más, insisten en aplicar un impuesto patrimonial que solo logra fuga de capitales y cambios de domicilios tributarios de los afectados, como ocurrió en Francia, lo que obligó a derogarlo en 2017. Además, de 12 países de la OECD que tenían este impuesto, ya 9 lo han eliminado por el impacto negativo que genera. Sin embargo, el ministro Marcel no cede y el ministro de Economía, en gira por Europa, declaró que el Gobierno “no tiene susto de una huida” de capitales. ¿Les resulta indiferente al ministro y al Gobierno que ya en marzo de este año el Banco Central confirmara que a fines de 2021 habían salido del país $50.000MM de dólares de personas y empresas?
Y el caso del embajador en España no puede ser más indicativo de una arrogancia testaruda, pues ese personaje debió ya haber renunciado. Si no lo hizo, entonces el Presidente debió haberle solicitado que lo hiciera. Pero son amigos, y eso parece que importa más que los intereses de Chile.
Arrogancia no es lo que se requiere en estos difíciles momentos que vive el país y el mundo entero, por lo que sería conveniente que desde el Gobierno y también el Presidente ejerzan sus funciones con una mayor dosis de humildad, reconociendo sus limitaciones y escuchando a los expertos, pues todos los aportes son necesarios para que a Chile le pueda ir bien.
*Jaime Jankelevich es bioquímico y consultor.
