panamericanos
Credit: @santiago2023

En la columna de ayer nos referimos a alguna de las muchas cosas buenas que nos dejaron los juegos. Ahora toca referirnos a las malas y a las feas, no con la simple idea de criticar sino que para reflexionar y sacar experiencias y plantearse desafíos que contribuyan a engrandecer a nuestro deporte. Modestamente a eso aspiramos con este par de columnas.

Entre lo malo de los juegos hay que detenerse en el desempeño de algunas disciplinas que no lograron resultados de nivel panamericano. Entre estas están aquellas en las que nunca o raramente Chile ha destacado y aquellas que en algún momento tuvieron nivel y hoy parecen haberse quedado estancadas en su desarrollo, o al menos es lo que indican los resultados obtenidos.

Entre aquellas disciplinas cuyos resultados siempre han sido esquivos para Chile se encuentran los deportes acuáticos, vale decir, la natación, los clavados, el polo acuático y el nado sincronizado. Aquí hay que hacer la excepción, destacada en la columna de ayer, de la incombustible Kristel Kobrich, que a sus 38 años sigue siendo la única figura competitiva a este nivel. Y no hay más, y tampoco lo ha habido en el último tiempo. Lo positivo es que los juegos le entregan a los deportes acuáticos un nuevo centro deportivo del más alto nivel. Veremos si en futuras competiciones, estas disciplinas, que además entregan un alto número de medallas, empiezan a darnos satisfacciones.

Parecida es la situación de la gimnasia, que también reparte una cantidad importante de medallas, sin que encontremos actuaciones destacadas de nuestros representantes. La figura excluyente de Tomás González que alcanzara nivel olímpico, hoy retirado, aparece como un espejismo en una disciplina que también deberá trabajar mucho para figurar en futuros juegos.  

Asimismo, fueron malos los resultados en algunos deportes que en otros tiempos nos han dado grandes satisfacciones y hoy parecen haberse quedado muy atrás a nivel panamericano. Y nos referimos fundamentalmente a los deportes ecuestres, a la halterofilia y al boxeo pese a la medalla de bronce en damas en esta última disciplina. Acá habrá una dura tarea en revisar los planes y ver en que se ha fallado para enmendar el rumbo de cara al nuevo ciclo panamericano.

Entre las cosas feas que nos dejaron los juegos está la lamentable situación del ciclismo en pista y el doping positivo de su principal exponente y medalla de oro en los juegos anteriores, Felipe Peñaloza, que fuera informado a días de su inicio. Esta situación trastocó muchos planes en una disciplina que cuenta con mucha raigambre, sobre todo en algunas regiones, y que arrastra una  larga tradición de buenos resultados. Es inexplicable que a estas alturas, considerando lo desarrollado de los controles antidopaje y, por supuesto, el daño que se hacen los propios deportistas con estas prácticas, algunos persistan en ellas. Lamentablemente el ciclismo es quizás el deporte más golpeado en esta materia por lo que aparece como urgente un cambio.

No es justo para los jóvenes que se inician en este deporte y que se sacan la mugre entrenando se vean afectados por la irresponsabilidad de otros. También entre las cosas feas que nos dejaron los juegos debemos referirnos al inexcusable error en la demarcación de la prueba de la marcha femenina que impidió que las deportistas pudieran validar sus marcas. Afortunadamente se ubicaron a los responsables y se habrán sacado las lecciones para que algo así no vuelva a ocurrir en ningún tipo de competencia.

Finalmente debo hacer mención a aquello que, a mi juicio, fue lo más feo y bochornoso de los juegos para los chilenos. Me refiero a la presentación del equipo de fútbol femenino a disputar nada menos que la medalla de oro, sin arquera, debiendo enviar al sacrificio para cubrir ese puesto a una jugadora de campo. Como en las pichangas de barrio. Ya se ha repetido que fue un triste espectáculo del que sólo se pudo salir gracias al compromiso del resto de las jugadoras del plantel. Por su gravedad pienso que no se pueden soslayar las responsabilidades y, en tal sentido, no hay que buscar muy lejos. Siempre, en cualquier selección de fútbol, es el jefe del cuerpo técnico el responsable de nominar a las seleccionadas. Una pena por el entrenador pero todos, acá y también en el extranjero, pudimos apreciar este episodio que empaña la gran actuación de las futbolistas.

Como se puede apreciar de la columna de ayer y de esta, fueron mucho más las cosas buenas que las malas y feas que nos dejaron estos juegos, por eso creo que sus ecos se debieran sentir por un largo tiempo y servir de cimiento para un despegue definitivo del deporte chileno. Nos haría muy bien como país.

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